¿Cuál es el futuro de las distribuidoras de libros en el Brasil?

 

José Henrique Guimarães

El negocio mayorista y la distribución de libros en el Brasil están pasando por una crisis histórica que supera la actual crisis económica brasileña. Son múltiples los factores endógenos y, a mi modo de ver, entre los principales se encuentran: el estancamiento del mercado de libros en el Brasil y en el mundo en las últimas décadas y la transferencia de las ventas minoristas a grandes redes de librerías y al comercio electrónico.

Sin embargo, la buena noticia es que en los Estados Unidos y en Europa el sector está pasando por un buen momento, gracias a la diversificación de servicios y categorías de productos en un mismo ámbito operacional, tales como: prestación de servicios logísticos, impresión bajo demanda, venta de libros electrónicos y audiolibros, música, regalos y papelería, entre otros.

Adicionalmente, allí el sector pasa por un importante movimiento de consolidación de mercado. Basta observar los ejemplos de los dos principales mayoristas americanos (Ingram y Baker&Taylor), que en los últimos años expandieron sus negocios de forma inorgánica, adquiriendo empresas que no solo generaron ganancias de escala, sino que agregaron nuevos canales, servicios y competencias. Las dos empresas juntas facturan hoy aproximadamente $5 mil millones de dólares, el equivalente a $16,5 mil millones de reales. Esto es una buena franja del mercado americano, cuyas ventas minoristas alcanzaron la cifra de $14,3 mil millones de dólares en el 2016. Solo a modo de comparación, el valor facturado por las dos empresas equivale a aproximadamente tres veces la facturación de las editoriales brasileñas juntas.

En 2016, Ingram adquirió la división de distribución del grupo Perseus, y su gran rival Baker &Taylor compró Bookmaster, una importante distribuidora con fuerte presencia en el negocio de la impresión bajo demanda (POD) e impresión de bajos tirajes. España pasa por movimientos parecidos. Por ahora, la principal sinergia entre las empresas allí es la cobertura geográfica, de la cual surge la figura de grandes mayoristas nacionales, en un país en donde la tradición de distribuidores regionales es grande. Es el caso de la reciente fusión entre los grupos Azeta y Unyban.

Pero, ¿por qué razón las distribuidoras en todo el mundo no están sufriendo tanto como las grandes redes de librerías? Arriba se expuso parcialmente la respuesta, esto es, la diversificación de servicios y la consolidación.

Pero eso no es todo. Hay otra razón que afecta la microeconomía del negocio: el distribuidor, comparado con el minorista, para crecer o fundirse con otras empresas no replica costos fijos en la misma proporción. En una visión simplificada de esta matemática, para que una red de librerías físicas duplique sus ventas necesita duplicar el número de almacenes y los costos fijos adicionales, tales como alquiler, funcionarios e infraestructura.

Para el distribuidor es posible hacer un movimiento de expansión sin el mismo impacto en costos fijos. Aún más considerando el mayor acceso que hay hoy a tecnologías aplicadas, tales como: WMS (Warehouse Management System)[1], intercambio electrónico de documentos (Electronic Data Interchange, EDI), metadatos, comercio electrónico B2B (business to business) y marketing digital. Esto hace que, por ejemplo, sea posible pensar en márgenes netas (EBIT)[2] de dos dígitos, que es el promedio del sector mayorista americano en general.

Sin embargo, antes de avanzar creo que es necesario aclarar la diferencia entre un distribuidor y un mayorista, aún no muy clara aquí en el Brasil.

El distribuidor actúa como una solución completa para las editoriales, normalmente de pequeño y mediano porte, que no pretenden o no se sienten capaces de invertir más allá de la producción de contenidos e impresión. De esta manera, se encarga del almacenamiento, ventas, marketing digital, producción de catálogos temáticos (normalmente mezclando el acervo de varias editoriales), de manera que consolida el trabajo de ventas y logística, garantizando el suministro de los productos editoriales en los almacenes y en el mercado, en su totalidad.

Por otro lado, el mayorista trabaja con mayor enfoque en el punto de venta y en las bibliotecas, garantizando un amplio surtido de productos disponibles en el mercado para sus clientes, entre los que se cuentan librerías, bibliotecas y empresas.

Según la investigación Producción y ventas del sector editorial brasileño (FIPE, CBL y SNEL), los distribuidores representan el 20% de las ventas de las editoriales en el Brasil. Pero, ¿cuál sería entonces el motivo de la crisis por la cual pasan los distribuidores en el Brasil?

 

  1. Las editoriales brasileñas de pequeño y mediano porte, a diferencia de las estadounidenses y europeas, a lo largo del tiempo asumieron la distribución de sus propios libros, constituyendo logística propia o tercerizada (una minoría) y equipos de ventas. De esta manera, la mayoría de los distribuidores se volvió mayorista, conforme la definición presentada arriba.

 

  1. Debido al tamaño del mercado brasileño, el volumen comercializado por los distribuidores y mayoristas no es significativo al punto de generar una economía de escala y la remuneración pagada por las editoriales en forma de descuento es inferior al promedio del mercado mundial que varía entre 60 y el 70% para los distribuidores. Estos por su parte le distribuyen a los mayoristas y demás canales con diferentes descuentos.

 

  1. El gran atraso tecnológico del Brasil en términos de definición de estándares para metadatos y el intercambio electrónico de datos, lo cual haría posible una mayor integración de la cadena, productividad y un mejor suministro, con aumento de la oferta de productos y consecuente reducción de la ruptura.

 

  1. La presencia casi exclusiva de empresas nacionales y familiares.

 

  1. La disminución continua de las utilidades, mencionada en el párrafo inicial.

 

Haciendo un análisis de algunos de los principales distribuidores nacionales como Acaiaca, Boa Viagem, BookPartners, Catavento, Curitiba, Disal, Inovação, Loyola y A Página, se percibe nítidamente entre ellos una complementariedad en términos de segmentación de canal, categorías de productos y servicios y región. Pero eso no es todo: también hay complementariedad en el campo de la tecnología aplicada y formación de capital.

Tal complementariedad puede ser un importante incentivo para un necesario movimiento de consolidación entre estas empresas. Por ejemplo, en términos de segmentación geográfica, se identifica una presencia notable de Boa Viagem, Curitiba y A Página en sus respectivas regiones.

En términos de segmentación por línea de productos, Disal aparece dominando la comercialización de libros didácticos en el área de enseñanza de lenguas como segunda lengua, así como la Distribuidora Loyola, con libros religiosos.

En cuanto a la diversificación de servicios y de tecnología aplicada, destaca Acaiaca que, además de distribuidora, opera en el sector de logística como prestadora de servicios y actúa como una plataforma de distribución de libros electrónicos.

Cuando se trata de canal, Catavento se destaca en los canales de supermercados y puntos alternativos y la Distribuidora Inovação en la atención a bibliotecas.

BookPartners, por otro lado, es pionera en movimientos en el sentido de la consolidación de mercado, verticalización para el minorista y diversificación de servicios como el de impresión bajo demanda.

Pero, ¿cómo promover alianzas entre empresas tan complementarias entre sí, considerando que es un movimiento aparentemente tan lógico, pero que en la práctica no resulta tan simple, por tratarse de pequeñas y medianas empresas familiares con poca experiencia en alianzas estratégicas y baja gobernanza corporativa, en general?

Un posible camino, en mi opinión, sería empezar por pequeñas alianzas estratégicas en torno a nuevos servicios, como impresiones bajo demanda o prestación de servicios logísticos, exponiendo una pequeña parte del negocio y progresivamente incluyendo otros frentes de negocio.

Una vez perfeccionado el modelo, esta nueva fuerza empresarial establecida podría observar el mercado en búsqueda de oportunidades de adquisición para su expansión y con el tiempo certificarse para buscar apoyo en el mercado de capitales y alianzas internacionales.

En otras palabras, empezar la asociación con un pequeño negocio, con una nueva persona jurídica de forma cooperada, ayudaría a fomentar internamente entre los socios una cultura de alianza estratégica y se obtendría confianza para avanzar en ella.

La experiencia internacional indica que, a diferencia de lo que dice el “sentido común”, existen oportunidades que permiten que el papel de las distribuidoras en la cadena del libro aumente en términos de relevancia (y en facturación y rentabilidad también). En este contexto, la principal pregunta que debemos hacernos no es “si”, sino ¿hasta cuándo (nosotros los distribuidores) permaneceremos cada cual en su lugar?

Artículo publicado originalmente en portugués en PublishNews.

 

[1] Es un sistema de información que da soporte a la gestión logística dentro de los almacenes. Permite controlar el movimiento de los materiales almacenados y las transacciones asociadas, incluyendo envío, recepción, existencias, etc.

[2] Acrónimo en inglés de Earnings Before Interest and Taxes, en español BAII: beneficio antes de intereses e impuestos. Se trata de indicador anual que muestra la eficiencia operativa de las empresas y la capacidad de sus activos para generar rentas.

Asistencia técnica del sistema de Bibliotecas de Chile a encargados del Sistema en Perú, una muestra de cooperación internacional entre bibliotecas

 

Entre el lunes 12 y el miércoles 14 de marzo se realizaron las jornadas de cooperación internacional entre los sistemas de bibliotecas públicas del Perú y Chile, actividad realizada  por el Programa Iberoamericano de Bibliotecas Públicas, Iberbibliotecas.

El objetivo de la  jornada fue brindar una visión global del funcionamiento del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas (SNBP) de Chile que permita al Sistema de Bibliotecas del Perú construir su propio modelo, adecuado a la realidad territorial nacional y las metas del Gobierno de ese país en este ámbito. Para ello se elaboró un calendario de presentaciones y ponencias por parte de los responsables de las diversas áreas, programas e iniciativas del SNBP con el fin de poner al corriente a los miembros de la delegación peruana sobre el quehacer institucional de las bibliotecas públicas chilenas.

Entre las iniciativas chilenas presentadas están el Programa Biblioredes, el Plan de Bibliotecas en Recintos Penitenciarios y temas como automatización, fomento lector, extensión cultural y capacitación en bibliotecas.

Las jornadas de asistencia técnica del Perú en Chile son una actividad que se enmarca en la línea de cooperación diseñada por el Consejo Intergubernamental de Iberbibliotecas. De esta forma se cumple con uno de los objetivos primordiales del organismo cultural: crear una red de cooperación en materia de bibliotecas públicas que permita generar sinergias y potenciar recursos en una plataforma de beneficio común para todos los países adscritos.

Actualmente hacen parte de Iberbibliotecas Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, España, México, Paraguay, Perú y las ciudades de Buenos Aires (Argentina) y Medellín (Colombia).

Cerlalc participó en encuentro de bibliotecarios innovadores a nivel global

 

El Cerlalc fue una de las entidades participantes en la reunión realizada en Seattle, entre el 28 de febrero al 3 de marzo, en la que se dieron cita las organizaciones encargadas de la implementación en distintas regiones del mundo del programa para bibliotecarios públicos innovadores, Ineli, de la Fundación Bill y Melinda Gates. Marianne Ponsford, directora del Cerlalc, Lorena Panche, coordinadora del programa Ineli Iberoamérica, y Óscar Rodríguez, bibliotecario innovador costarricense, asistieron en representación de la región.

En el marco de su programa Global Libraries, la Fundación Bill y Melinda Gates apoyó la realización de un programa de formación dirigido a bibliotecarios públicos destacados de todo el mundo, conocido como International Network of Emerging Library Innovators, Ineli. La implementación de esta iniciativa en las diferentes regiones escogidas (Sudeste asiático, Balcanes, India y Asia del Sur, Oriente Medio y Norte de África, Oceanía, África Subsahariana e Iberoamérica) ha estado a cargo de organizaciones con trayectoria en el ámbito bibliotecario.

Durante la jornada, los representantes de las diferentes organizaciones mostraron los logros, dificultades y desafíos de la implementación del programa en sus respectivas regiones e intercambiaron información sobre su desarrollo, las particularidades de su ejecución y la forma en la que adaptaron el modelo de formación creado por la Fundación a sus contextos específicos. Se propiciaron, además, espacios de discusión en torno a las posibles estrategias para la sostenibilidad del programa tras la terminación de Global Libraries, anunciada hace ya varios meses. En la reunión participaron, además, representantes de organizaciones como la Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecas,IFLA; la Asociación de Bibliotecas Americanas, ALA, y el Grupo de Tecnologçia y Cambio Social de la Universidad de Washington, entre otros.

¡Mirar el pasado, pensar e intervenir el presente, planificar el futuro! Parte 1

 

Por: José Castilho Marques Neto

La virtud de la prudencia es necesaria para los buenos gobernantes, según enseñaban los filósofos de la Grecia antigua, principalmente Aristóteles. Y sabemos que para ejercer esa extraordinaria virtud se requiere memoria, inteligencia y visión. Conjugado, este ejercicio se apoya en la visión crítica del pasado, actúa sobre el presente y vislumbra con inteligencia el futuro. ¿Cómo se da esa conjugación en los hombres y mujeres que se dedican al libro y a la lectura?

El mundo del libro, de la lectura y de las bibliotecas pasó los últimos veinte años en continua transformación, o mejor, en incontables tentativas de ser transformado. Algunos cambios importantes se llevaron a cabo y se consolidaron como tendencia efectiva y la mayor parte de ellos pasaron como cometas en el infinito espacio sideral que circunda nuestro pequeño planeta. Lo que varios de nosotros, profesionales del libro y de la lectura, muchas veces no notamos fue hasta qué punto esas tentativas de cambiar el hacer y el distribuir de la centenaria profesión de editor, librero, bibliotecario y, por supuesto, autor/escritor, se basaron en avances tecnológicos pertinentes y otras tantas se nos presentaron por pirotecnias y técnicas de ventas propias de nuestra era de la “sociedad del espectáculo”.

Le pido al posible lector de estas líneas, profesional del sector o investigador del tema, que reflexione rápidamente sobre cuántas propuestas, proyecciones y vaticinios sobre las acciones estructurantes del sector, partiendo de las soluciones para la aparente divergencia insoluble entre el libro impreso y el libro electrónico, se emitieron por centenas de “especialistas” y no duraron siquiera un año. ¿Cuántos artículos, conferencias y mesas redondas fueron realizados en los últimos veinte años, en donde leímos o escuchamos de los más exóticos y proféticos anunciantes que debíamos adoptar sus métodos de producción y ventas, de lo contrario estaríamos destinados al fracaso profesional y al escombro de la historia de la edición, incluyendo todo el proceso autoral y de distribución, inclusive las bibliotecas?

Y en esta maratón de textos y conferencias, ¿cuántos se preocuparon y abordaron con firmeza y convicción la necesidad de que como autores, editores, publishers, distribuidores, libreros, bibliotecarios, debíamos tener como epicentro de nuestro trabajo formar incesantemente nuevos lectores, nuestro principal capital?

Estas reflexiones permanentes de mi labor profesional, que ya llega a cuatro décadas en este 2018, volvieron a la luz para este primer artículo del año, porque recordé con mucha claridad un gran congreso en el que participé en el año 2000: el 26º Congreso de la Unión Internacional de Editores, UIE/IPA. Fue presidido ejecutivamente por mi amiga y editora, en la época presidenta de la Cámara Argentina del Libro, Ana María Cabanellas, apoyada por varios liderazgos internacionales del sector, incluso editores amigos como Alfredo Weiszflog y Alejandro Katz. El Congreso, realizado entre el 1 y 4 de mayo del 2000 en Buenos Aires, fue un divisor de aguas, por lo menos para mí y muchos otros, en un debate que impactó al auditorio lleno de editores provenientes de todas partes del mundo. Todos allí, profesionales con experiencia en grandes, medianas y pequeñas editoriales, llegaban impactados por el ya iniciado proceso de concentración que marcó fuertemente la industria editorial desde finales de los años noventa, e igualmente por las noticias y proyecciones alarmantes sobre la nueva “textualidad electrónica”, para usar el excelente concepto de Roger Chartier.

Volviendo a la idea inicial de este artículo, y releyendo mis anotaciones y parte de los textos distribuidos en el Congreso, constato que también en aquellos días hubo un enfrentamiento entre la virtud de la prudencia y su ausencia. Y dado que considero que como profesionales del libro y de la lectura todavía no logramos retomar esa virtud colectivamente y la mayor parte de las veces seguimos todavía en el ritmo alucinante de los gadgets que se desboronan a la siguiente semana, comentaré aquí algunas cuestiones puntuales que fueron relevantes en el 26º Congreso y que son alertas válidas hasta hoy. Estas cuestiones serán extraídas de los diálogos de algunos conferencistas y establecen puntos de vista y posiciones que permanecen como dicotomías entre los que analizan estrategias para el desarrollo de la industria y la ampliación de los lectores y aquellos que, o buscan solamente vender sus productos o se equivocan al pensar exclusivamente en el corto plazo. Para mí, los primeros son los prudentes y los que mantendrán al libro y la lectura para las futuras generaciones.

Para empezar, entiendo que la virtud de la prudencia estuvo presente para los organizadores del 26º Congreso que llevaron al debate el enfrentamiento entre posiciones dispares, demostrando la voluntad de avanzar en los contenidos. Las “palabras de apertura” de Ana María Cabanellas, además de recordar los objetivos tradicionales de la UIE/IPA ─“libre circulación de los libros; protección del derecho de autor y del editor; promoción de la lectura y libertad de publicar”─ estableció el tono contemporáneo en el cual el mundo editorial hacía su encuentro: la aceleración de la globalización, las reacciones internacionales populares al modelo económico que se agotaba en aquellos años de 1990 y el lugar único del libro para el sector privado en su ambivalencia: ser una mercancía que es, antes que nada, un producto cultural. Pero fue más allá e instó a los líderes empresariales a ser el “puente” entre los gobiernos y el sector privado, para encontrar soluciones y políticas públicas que permitieran superar los obstáculos. La idea de cooperación entre el sector productivo de la industria editorial y los gobiernos interesados en el fomento a la lectura estaba en la agenda y en las bases del encuentro, de acuerdo con las directrices de una de las instituciones internacionales promotoras del Congreso, la UNESCO.

Consideré esa posibilidad de participación de la sociedad en estos programas algo fundamental, contraria al aislamiento que habíamos vivido en toda América Latina hasta mediados de los años ochenta con las dictaduras militares, centralizadoras y evidentemente excluyentes de la participación ciudadana. Los programas y planes nacionales de lectura, elaborados a partir del Año Iberoamericano de la Lectura, fomentado por el CERLALC y la OEI, a partir del 2005, comprobaron la iniciativa de los organizadores del 26º Congreso.

A pesar de las indicaciones prudentes de la UIE/IPA y de los coordinadores del congreso los conferencistas de la industria editorial, tal vez impactados por la realidad que parecía apocalíptica, no lograron avanzar y establecer posiciones estratégicas en aquel momento, o al menos yo no recuerdo y mis anotaciones así lo confirman. Esa visión le correspondió a analistas e intelectuales, lo cual comentaré más adelante, pero fue lamentable constatar que los liderazgos sabían identificar los problemas inmediatos, pero ni siquiera se acercaban a las conclusiones necesarias para entender el periodo histórico y proyectar nuevos rumbos estratégicos con serenidad para su negocio. Un buen retrato de esta situación fue la conferencia de Michael Wilens, respetado profesional y presidente en ese entonces del West Group, The Thomson Corporation (EE. UU.)

Metódicamente, Wilens enumeró todos los retos inmediatos que las editoriales enfrentaban con el nuevo escenario digital: la transformación a corto plazo de nuevos soportes de los textos y la modificación de la forma de trabajar de la industria editorial. En consecuencia, la imposición a largo plazo de modificar fundamentalmente la forma de realizar los productos editoriales. A partir de estos retos, e impactado por la memorable venta de cinco millones de ejemplares virtuales en 48 horas de un libro electrónico de Stephen King, el conferencista enumeró los hechos que marcaron y siguen afectando el hasta entonces modelo tradicional del negocio editorial: hay audiencia para el nuevo formato, pero falta infraestructura para hacerlo global; un producto virtual puede ir dirigido directamente a las redes y eso es potencialmente peligroso, pues prescinde del editor; el recálculo del precio final al consumidor es complejo y genera nuevas perspectivas para la determinación de los precios, incluso la idea de que necesita ser más barato que el libro de tapa dura; la cuestión de la piratería virtual y la facilidad de la reproducción es mucho más activa que la reprografía. Los sistemas de red también crearon las librerías virtuales, ¿tendrá el editor la tentación de vender directamente su producto eliminando las librerías? Wilens argumenta que todo esto, a mediano plazo, “debe modificar la cadena de valores de nuestro proceso (productivo y de negocios)”. Concluye haciendo una declaración de fe: “No creo que los libros, como los conocemos, desaparezcan en un futuro próximo, y podemos extenderlos a través de la tecnología del libro electrónico”. Alertando que no tiene las respuestas, agrega su temor por el futuro, porque las fuerzas destruirán y forzarán la construcción de una nueva cadena de valores y pondrán al acomodado sector en un “lugar diferente”.

Como él, todos los que hablaron por la industria editorial no presentaron respuestas o propuestas que buscaran entender lo nuevo que surgía con las novedades tecnológicas de la textualidad electrónica. En mi opinión, en la época y al día de hoy, más de una vez se veía al lector apenas como un consumidor y no como un ser humano que busca en la lectura muchos significados y necesidades. La advertencia de Ana María Cabanellas de que el libro es una mercancía, pero antes es un producto cultural, pasaba lejos de las preocupaciones de los presidentes ejecutivos de las grandes empresas editoriales. La ausencia de la virtud de la prudencia y de su ejercicio, que podría producir una estrategia innovadora, era aún más contundente porque estaba alimentada por emisarios bien entrenados de la nueva industria proveedora, los fabricantes de software y hardware, para la nueva tendencia que se afirmaba a comienzos del siglo.

En algunos momentos esa palabra de los nuevos proveedores de la industria editorial resultó grotesca. Tal vez la más explícita haya venido de la importante figura del entonces vicepresidente de eMerging Technologies de Microsoft, Dick Bras, quien sin entrar en rodeos centró su discurso en vaticinios devastadores para la industria editorial arraigada en el libro impreso. Logró impresionar a muchos y algunos ya se veían en la quiebra, vendiendo sus libros de papel para reciclaje y otros usos menos dignos, pero también inspiró buenos chistes de los más escépticos o prudentes. Entre algunas profecías, él anunciaba al año 2008 como el de la superación de la venta de los libros electrónicos y que en 2017 las bibliotecas, como las conocíamos, serían “objetos de encanto antiguo”. La realidad se mostró diferente, como lo sabemos: en el 2016, ocho años después de la profecía anunciada, la venta de libros electrónicos llegó al 25% del total de ventas de libros en los Estados Unidos y se mantiene en ese tope; en el 2017 la Biblioteca del Congreso americano, a pesar de un importante trabajo de digitalización de su colección, no descartó su fondo bibliográfico impreso y no parece tener intención de hacerlo; en el 2018, un año después de decretada la superación de las bibliotecas old fashion, se presencia la renovación del concepto de biblioteca en centenas de países, según indica la IFLA, y de políticas públicas como los Planes Nacionales de Lectura, además del éxito de bibliotecas innovadoras, como las “bibliotecas parques” colombianas, que se volvieron modelos de incontables programas internacionales. Además, existen muchos programas y acciones importantes e incluyentes de bibliotecas en centros comerciales, estaciones de tren y metro y otros lugares no convencionales como espacios de lectura que atraen a miles de personas. El mundo, a diferencia de la previsión exterminadora, está renovando sus bibliotecas. Por tratarse de un hombre inteligente, a nuestro conferencista le faltaron los atributos de la memoria y de la previsión para que pudiera estar en el lugar de los que usaron la virtud de la prudencia. O, quien sabe, la determinación de vender sus productos superó cualquier dimensión crítica al hablar a un selecto auditorio de profesionales.

Al analizar el pasado, sin correr el riesgo de no ejercer la prudencia que trabaja en el presente y vislumbra el futuro, quiero reflexionar con el lector sobre lo que persiste de esas visiones expuestas en el 2000 y lo que necesitamos cambiar aún en la gran cadena del libro y de la lectura después de estos dieciocho años, pasados desde el 26º Congreso. Y será sobre otras voces, que sí fueron prudentes en aquel Congreso, que ahora recuerdo, que buscaré construir estas reflexiones.

No tendré espacio para comentar en los límites de este primer artículo del año las posiciones que considero virtuosas y exponer mis posiciones. Completaré este artículo en dos etapas. El próximo mes comentaré los diálogos de los prudentes: Roger Chartier, Milagros del Corral y Emilia Ferreiro.

Desafíos y oportunidades para las Agencias Nacionales ISBN en Iberoamérica

 

Por: Diana Cifuentes Gómez  y Yenny Chaverra

El Cerlalc, como parte de las investigaciones adelantadas en su Programa Técnico 2016-2017 y con el objetivo de contar con un diagnóstico del estado actual de las agencias ISBN en Iberoamérica, nos propuso desarrollar el estudio Panorama de las Agencias Nacionales de Iberoamérica en el que ofrecemos información sobre la evolución del sistema ISBN y su situación en la región. Se trata de un análisis detallado de las agencias de los países miembros del Cerlalc, de acuerdo a sus condiciones institucionales, técnicas y administrativas, a la vez que revisa las oportunidades de mejora y los retos que enfrentan dichas organizaciones en el trámite del ISBN y en la implementación de servicios complementarios para el sector editorial de la región.

La finalidad del estudio es formular una serie de recomendaciones —conforme al perfil y capacidad instalada de estas organizaciones, así como al tamaño y participación en el mercado regional del libro— que permitan distinguir y priorizar las necesidades que deben ser atendidas para alcanzar, por un lado, la nivelación y optimización en la prestación del servicio a los usuarios del ISBN y, por otro, el desarrollo de estrategias que dinamicen la relación de la agencias con el universo del libro y que exploren una diversificación en la oferta de sus servicios, como parte de su sostenibilidad.

Presentamos a continuación algunos de los hallazgos de la investigación, así como las recomendaciones formuladas, que pueden consultarse más ampliamente en la publicación Panorama de las Agencias Nacionales del ISBN de Iberoamérica. Diagnóstico y recomendaciones para su fortalecimiento.

En el mundo existen más de 150 agencias a cargo del sistema ISBN con cobertura en más de 200 territorios (Agencia Internacional ISBN 2017). De estas 150 agencias, 21 están en Iberoamérica y se dividen en dos grandes grupos: las que son operadas por instituciones de carácter público a cargo de la cultura (62%) y aquellas que pertenecen a agremiaciones privadas sin ánimo de lucro del sector editorial (38%). La mayoría de las agencias de carácter público se encuentran ubicadas en las bibliotecas nacionales del país. Al ser sin ánimo de lucro, estas instituciones se enfocan en asegurar la buena prestación del servicio en cada una de sus fases (solicitud, asignación, pago), en acciones encaminadas a que el sistema ISBN sea conocido y apropiado por el sector (capacitaciones, tutoriales, manuales, asesorías personalizadas) y, en casos particulares, en generar recursos complementarios de utilidad para el mercado editorial (informes estadísticos y del mercado del libro y catálogos nacionales).

Este perfil de las Agencias Nacionales ISBN en Iberoamérica es extensivo a la mayor parte de las agencias en el mundo. No obstante, si revisamos mercados editoriales representativos a nivel internacional, como en el caso de los Estados Unidos (que ocupa el primer lugar, con una participación del 30% en la venta de libros a nivel mundial), Alemania (en el tercer lugar, con un 9% de la participación) y Reino Unido (con un 4%, compartiendo posición con Francia), [1] nos encontramos con un perfil de Agencias Nacionales operadas por empresas con propósitos comerciales, donde la gestión del sistema ISBN va ligada a una oferta heterogénea de soluciones para diversos agentes del universo del libro (bibliotecas, autores-editores, autores, editoriales grandes e independientes, minoristas, libreros, tiendas en línea). Además, estas agencias encuentran en los metadatos, las bases de datos y los sistemas de información, análisis y medición sofisticados tanto de las publicaciones como del sector su mayor activo para diseñar, desarrollar y ofrecer una variada gama de productos a la medida de los agentes del mercado editorial.

Las 21 agencias ISBN de los países iberoamericanos miembros del Cerlalc realizaron un total de 325.485 registros en el 2016; de los cuales el 59,8% se expidieron en agencias ubicadas en agremiaciones y el 40,2% restante en entidades del Estado. Este mayor número de registros en las instituciones privadas se debe al gran peso que tienen España y Portugal, cuyas agencias se encuentran dentro de la Federación de Gremios de Editores de España y la Asociación Portuguesa de Editores y Libreros, respectivamente. Estas dos agencias agrupan alrededor del 70% de los registros provenientes de las agencias ISBN ubicadas en el sector privado. En el caso de América Latina, el 68% de los registros son realizados por agencias del sector público, versus el 32% de registros elaborados en agencias ubicadas en las agremiaciones.

 

Con relación a la productividad de las agencias en la región, esta depende de varios factores. En primer lugar, está limitada por la demanda, esto es, depende de la cantidad total de registros solicitada en el país anualmente y, por lo tanto, hay agencias en donde la capacidad de atención del personal es superior a la de la demanda de registros. El segundo factor corresponde a las diferencias en el grado de sistematización de las agencias. Existen agencias con un mayor grado de automatización del trámite del ISBN en toda su cadena (como es el caso de la agencia española con 86.000 registros en el 2016), que están en capacidad de atender con un menor número de empleados la demanda del ISBN, en comparación con aquellas que tienen un número de solicitudes similares (caso Brasil, con alrededor de 80.000 registros al año) que, al no tener el flujo del trámite totalmente automatizado, requieren de más empleados para cubrir la demanda anual.

Con el fin de presentar un análisis del estado de las agencias en la región y de formular oportunidades de mejora frente a la operación de las mismas tanto en el trámite de asignación del ISBN como en los servicios complementarios —que se derivan básicamente del aprovechamiento de los metadatos— se aplicó una encuesta diseñada especialmente para las Agencias Nacionales ISBN (la cual contestaron 18 agencias) y otra desarrollada para editoriales y usuarios del servicio. También se consultaron algunas fuentes secundarias y se analizó el contenido de las páginas web de las agencias objeto de la investigación. A partir de la sistematización de la información obtenida realizamos un análisis DOFA de aquellos aspectos internos de la operación de las agencias que consideraban sus fortalezas y debilidades, así como las oportunidades y amenazas percibidas desde el exterior.

La mayoría de las agencias identificó entre sus principales fortalezas el contar con personal competente con conocimientos técnicos sobre el funcionamiento del sistema, la rapidez en la atribución de solicitudes y la atención al público. Algunas agencias perciben como fortalezas actividades que corresponden a los que deben ser estándares básicos de funcionamiento de la agencia: contar con un sistema en línea, brindar códigos de barras para las publicaciones, contar con equipo informático suficiente o poder participar en las reuniones internacionales convocadas por el Cerlalc. En cuanto a las debilidades, estas se relacionan con la falta de presupuesto, personal y necesidad de actualización del software RISBN. Este último punto se debe a que la versión 5.2 del software ISBN no cuenta con los estándares internacionales de manejo de metadatos o de categorización de materias. Sin embargo, este problema quedará superado a lo largo de este 2018, una vez las agencias instalen la versión 5.3 que el Cerlalc ha desarrollado.

Las principales oportunidades encontradas por las agencias tienen que ver sobre todo con el crecimiento del sector. En la medida en que los sectores editoriales de los países sean más grandes y maduros tendrán una demanda creciente de identificadores y habrá un aumento en diferentes formatos digitales. Otras oportunidades están relacionadas con identificar nuevos usuarios del ISBN, desarrollar nuevas actividades o implementar productos que permitan brindar al editor mayor visibilidad de sus publicaciones y buscar una mayor cohesión con los diferentes agentes del sector editorial. Finalmente, las amenazas percibidas están relacionadas con factores macroeconómicos y reducciones presupuestales en el sector gubernamental.

El hecho de que las agencias operen dentro del sector público o en agremiaciones del sector privado genera una perspectiva de desarrollo particular con respecto a los alcances de las actividades realizadas por las agencias y la posible ampliación de sus servicios ya que, en general, las empresas que no persiguen un objetivo económico tienen gestiones menos desarrolladas en lo que se refiere a las actividades de visibilización y mercadeo, así como en las relacionadas con la gestión comercial (Crespo Ferrer, 2011); aunque esto no quiere decir que no puedan tener una excelente oferta de servicios y un diálogo permanente con sus usuarios que les permita implementar nuevas funcionalidades en respuesta a sus necesidades.

Varias agencias prevén ofrecer en el futuro una mayor cantidad de servicios y un conjunto de procesos tecnológicos para sus usuarios, sin que medie necesariamente un interés por incrementar los ingresos o generar márgenes de utilidad. Lo que se busca a través de la ampliación de sus actividades es brindar un mejor servicio y optimizar las herramientas tecnológicas para que los usuarios puedan mejorar sus labores comerciales y la gestión de sus procesos de información. Las agencias que hacen parte de los organismos públicos de cultura cuentan por lo general con presupuestos, recursos tecnológicos y logísticos mucho más reducidos que los de sus pares ubicados en instituciones privadas. Como consecuencia, pocas de ellas prevén ampliar sus funciones en un futuro cercano y, en general, orientan sus actividades de manera más exclusiva al tema de la asignación.

Latinoamérica, gracias a la asistencia técnica del CERLALC y de la implementación del software RISBN 5.3 para la gestión del registro, lleva una ventaja importante en comparación con lo que ocurre en otros lugares del mundo, sobre todo para las agencias pequeñas. Otra ventaja derivada de la asistencia del Cerlalc es contar con una centralización de los datos de la región y el establecimiento de normas para el tipo y calidad de los datos y su almacenamiento en formatos estándares, lo cual permitirá generar proyectos regionales en donde todos los países se vean beneficiados de la gestión conjunta de esta información.

El diagnóstico que hemos realizado del estado de las Agencias Nacionales ISBN en Iberoamérica ha permitido identificar un conjunto de recomendaciones para mejorar su funcionamiento. Para ello es fundamental realizar un trabajo articulado con el fin de lograr una mayor integración de las agencias, que tenga como resultado una nivelación de las condiciones básicas de prestación del servicio, la transferencia permanente de capacidades tecnológicas y organizacionales y la creación de proyectos conjuntos que generen beneficios para las agencias, den respuesta a los nuevos retos de la industria editorial en la era digital y contribuyan a la circulación del libro en la región.

Entre las recomendaciones que formulamos están:

  • Generar acuerdos básicos a los cuales se adhieran todos los países y según los cuales las instituciones donde operan las agencias de registro, sean públicas o privadas, garanticen las condiciones óptimas tanto a nivel tecnológico como a nivel operativo para su funcionamiento.
  • En los países cuyas agencias presenten eventuales problemas de sostenibilidad se recomienda generar alianzas público-privadas que permitan tener una mejor prestación de servicios o evaluar las posibilidades de transferencia entre organizaciones.
  • Es prioritario que todos los países que utilizan el software RISBN para el trámite del ISBN logren tener instalada la versión 5.3 del programa, ya que esta versión incorpora los estándares internacionales vigentes de manejo de metadatos (ONIX) y la categorización de materias (Thema), lo cual garantiza que no haya problemas a la hora de circular los títulos dentro y fuera de los circuitos comerciales en la región. También facilitará la realización de un catálogo regional de libros en venta.
  • Tanto en los países con mayores capacidades operativas y financieras como en aquellos donde se encuentran agencias más pequeñas es recomendable desarrollar servicios adicionales para los agentes editores con miras a prestar un mejor servicio y generar mayores ingresos.
  • Desarrollar estrategias de promoción de las agencias y sus servicios en el sector editorial, así como mejorar sus mecanismos de comunicación y socialización sobre la importancia y significación del ISBN en el mundo editorial.
  • Crear un proyecto de alcance regional para el fomento de la circulación del libro, mediante un catálogo regional de libros en venta.
  • Evaluar cuáles agencias podrían implementar labores asociadas a data management a partir de la gestión de sus metadatos.

 

 

[1] Información tomada de The Statistics Portal, https://www.statista.com/statistics/288746/global-book-market-by-region/ (consultada el 27 de noviembre de 2017).

Sostener y enriquecer toda la cadena del libro es una estrategia crucial

 

Por: Oche Califa

En la Argentina, la educación masiva y la movilidad de las clases populares permitieron la construcción de una industria librera y gráfica que siempre despertó curiosidad y admiración. En buena parte del siglo XX le posibilitó, además, ser líder del libro en todo el continente.

De este pasado resulta que hoy posea 1.200 librerías en toda su geografía, más allá de que los libros también se venden en puestos de diarios y en supermercados; unas 1.500 bibliotecas populares, que son entidades comunitarias con asociados y apoyo estatal mediante subsidios, y más de 2.000 bibliotecas públicas –generales o especializadas–, además de las escolares. El 70% de las librerías son independientes, es decir, no pertenecen a cadenas.

La producción se construye con una constelación de 400 editoriales –entre comerciales, de auto publicación y universitarias–, lo que da una llamativa diversidad, tal vez el capital más importante que el libro argentino tiene.

Todo esto quiere decir que de los libros que se producen anualmente –cifra oscilante pero que se puede promediar en 60 millones y en 27.000 novedades– la mayoría se vuelca al mercado interno (el porcentaje exportado es entre el 10 y 15%) y de manera abrumadora a través de librerías. Hay, en estas, una cuota menor de libros de importación. Las compras estatales, que no están incluidas en la cifra mencionada, pueden ser abundantes o escasas según los años y gobiernos, y esa imprevisibilidad hace que no existan editoriales cuya existencia solo la explique este cliente. (Todas estas cifras, se insiste, son promedios para ofrecer una idea general).

Frente a la retracción de los años 2016 y 2017 –que según estimaciones promedió una caída del 20% de las ventas– y el aumento de los costos fijos para la producción y el comercio, la Fundación El Libro (FEL) decidió una serie de acciones de promoción, la mayoría de ellas dirigidas al sostén de las librerías, ya que su afectación sería la de toda la industria. Sin dónde vender, ¿qué hacer?

Desde hace varios años, la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, que la FEL organiza, otorga a los visitantes un “chequelibro” por una suma que es, aproximadamente, el 15 o 20% del PVP de un libro. Este solo puede usarse como parte de pago en librerías una vez finalizada la Feria, en los tres meses siguientes; su monto es soportado en un mayor porcentaje por la FEL y en uno menor, por el librero, a quien le ingresa un comprador, a veces nuevo, por tal vez más de un libro.

Esta experiencia hizo que en 2017 la FEL lanzara, poco antes de las fiestas navideñas, el programa “Chequelibro Regalo”: un voucher que un particular, una empresa, un sindicato, etc. podía comprar en una librería y regalarlo, para que el obsequiado luego se presentara con él a elegir el libro que le gustara. La FEL los imprimió para unas 300 librerías que adhirieron, con buenos resultados.

Desde hace tres años la FEL también lanza campañas de impulso del consumo para el Día de la Madre, del Padre, del Niño, etc., con avisos gráficos, radiales y de vía pública. En 2017 unió el de “Chequelibro Regalo” con la campaña “Regale Libros” de la siguiente manera: pidió a las editoriales que donaran libros para ser sorteados como promoción en radios de todo el país y convocó a las librerías a sugerir los programas radiales en los que podían entregarse. Unas 90 radios que recibieron libros quedaron, de esta manera, vinculadas al librero que les hizo de “padrino”. Y la audiencia advirtió en el libro una opción de regalo navideño y para vacaciones, que como dice su publicidad “tiene más valor que precio”.

Por otra parte, durante las Jornadas Profesionales, anteriores a la apertura al público de la Feria, los libreros argentinos y del exterior inscriptos reciben otra buena cantidad de incentivos y charlas de actualización y capacitación. Desde hace tres años hay dos programas especialmente destacables: Librero Amigo (que también pueden usufructuar los bibliotecarios), en el que las editoriales hacen un descuento especial para las compras de esos tres días, y Envío Gratuito, que consiste en el despacho, a cargo de la FEL, de hasta 200 kilogramos al interior argentino y hasta 50 al exterior. Por encima de esos pesajes existe una tarifa preferencial y lo cierto es que muchos libreros compran más de la cuota sin costo. En 2017 se enviaron 13 toneladas al interior argentino y casi 7 toneladas al exterior (lo que constituye, en solo tres días, un hecho sinigual de exportación).

Pero en este último caso, existe un beneficio para otro actor del libro. Como la Feria está, en esos tres días, totalmente instalada y atendida, resulta un verdadero showroom para que el librero conozca otros catálogos –que son generalmente de pymes editoriales– y haga una compra tentativa “para probar”, con lo que puede generarse un contacto o nuevo cliente que difícilmente se produce en otro momento del año. Así, el editor pequeño o mediano encuentra un nuevo vínculo comercial y la librería aumenta su oferta diversa, que satisface a los lectores con otros gustos e intereses.

La FEL también convoca y es anfitriona de una Reunión Anual de Ferias del País, a la que concurren unos 40 responsables e interesados en iniciarla. Uno de los temas de debate es la participación de las librerías en dichas ferias. Es cierto que en la Feria Internacional son pocas las que tienen su estand, porque esta es expresión de la industria y, por lo tanto, la mayoría de los expositores son editores. Pero en cada localidad donde se planea una feria y existen uno o más libreros, es impensable que la misma se organice ignorándolos, cuando son quienes están todo el año. Vista en la necesidad de poner en los hechos su prédica, la FEL, al organizar una nueva sede de la Feria del Libro Infantil y Juvenil en la ciudad de La Plata (capital de la provincia de Buenos Aires), convocó con prioridad a los libreros locales para elegir lugar y con tarifa preferencial, seis de los cuales montaron estand.

Mencionadas las bibliotecas populares –fenómeno singular de la Argentina–, hay que decir que desde hace doce años se repite un hecho destacado en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. El Ministerio de Cultura de la Nación, a través de la comisión que las apoya (Conabip), les paga traslado, hotel y les da un monto para que durante tres días vengan de compras a la Feria; arregla con las editoriales la venta a mitad del PVP, y con el Correo Argentino el envío gratuito de lo que compren. La Feria abre por la mañana solo para ellas, que en número de personas son casi 2.000, y les facilita carritos y cajas. Desde hace varios años las editoriales envían a estas bibliotecas información anticipada de sus novedades y su ubicación en la Feria. Nadie quiere perder su oportunidad, que en apenas tres días constituye una compra millonaria, ya que más allá del subsidio estatal, la mayoría de las bibliotecas trae un dinero propio adicional. Hay que agregar que la decisión es muy buena ya que implica que cada biblioteca decide qué comprar.

Este breve detalle de algunas de las acciones que desarrolla la FEL y sus ferias son parte de su orgullo. Sin embargo, no se dan a conocer aquí para exhibirlo sino porque seguramente a muchos de quienes las lean, si son actores de la promoción del libro, les sirvan como replique o fuente de inspiración.

Cerlalc, una de las paradas de editores y libreros argentinos en su visita a Bogotá

 

En su visita a Bogotá, en el marco de la Ruta Iberoamericana del Libro, editores y libreros argentinos se reunieron con el subdirector técnico del Cerlalc y la coordinadora de temas del libro, así como con editores, libreros y distribuidores colombianos, para intercambiar experiencias.

Cerlalc aprovechó la ocasión para presentar dos de los proyectos a los que dedicará buena parte de sus esfuerzos durante el bienio 2018-2019: el catálogo latinoamericano de la oferta editorial y la propuesta para un pacto por la libre circulación del libro en Iberoamérica, ambos de innegable relevancia para el sector editorial. En una segunda instancia se abrió un espacio de diálogo en el que se abordaron temas como el comercio exterior del libro, las compras públicas, la impresión bajo demanda, las políticas públicas para fortalecer el sector e iniciativas sectoriales.

La reunión en el Cerlalc fue una de las actividades que realizaron los editores y libreros argentinos como parte de su visita a Bogotá, en el marco de la Ruta Iberoamericana del Libro, una iniciativa de intercambio promovida por Idartes y la Cámara Colombiana del Libro.

Lectura, alfabetización y desarrollo: los atajos no existen

 

Por: Gonzalo Oyarzún

Las estadísticas de los últimos 100 años en Chile muestran que nunca antes nuestro país fue tan lector como ahora. Los niveles de escolaridad, el número de editoriales, el número y cobertura de bibliotecas públicas y escolares, los niveles de conectividad en todo el país, así lo demuestran. Sin embargo, pese a estos auspiciosos datos, arrastramos una enorme población con escolaridad incompleta y con niveles de analfabetismo alarmantes, que no guardan relación con el país desarrollado que aspiramos ser.

La Unesco define a una persona analfabeta como alguien que no es capaz de leer y escribir un texto breve y sencillo sobre su vida cotidiana. Una persona que solo puede leer, pero no escribir, o puede escribir, pero no leer, se considera analfabeta. Una persona que solo puede escribir figuras, su nombre o una frase memorizada, tampoco se considera alfabetizada.

Según índices internacionales, Chile tendría un nivel de alfabetismo superior al 97%, es decir, existe un 3% (500 mil personas aproximadamente) que, bajo la definición de la Unesco, son analfabetas. Esta cifra puede no ser tan inquietante porque, según una medición hecha por la Central Connecticut State University, que consideró 60 países, Chile sería el más alfabetizado de la región y el número 37 del mundo. Pero hay otras cifras que sí deberían inquietarnos.

De acuerdo con la encuesta Casen 2015, un 7% de la población del país mayor de 15 años (casi un millón de personas) no ha completado 4° básico. Se puede inferir que esa enorme población no maneja las competencias de lenguaje necesarias para desenvolverse en un mundo de conocimientos complejos como el actual.

La misma Casen, registra que más de 2,7 millones de chilenos, mayores de 15 años, no estudian ni tienen 8° básico completo; lo que representa casi un 20% de la población en ese tramo etario. Mayor es el número de quienes tienen escolaridad incompleta, es decir, que no han completado al menos 4° medio: más de cinco millones de personas, casi un tercio de la población.

Las cifras son más dramáticas todavía cuando nos adentramos en las realidades regionales y comunales. Siete regiones de Chile tienen más de un 40% de población con escolaridad incompleta (O’Higgins, Maule, Biobío, Araucanía, Los Ríos, Los Lagos y Aysén). Seis comunas tienen más del 70% de su población con escolaridad incompleta (Camarones, Camiña, Pumanque, Paredones, Quemchi, San Juan de la Costa). Y en 148 comunas del país, el 50% o más de sus habitantes mayores de 15 años no están estudiando ni tienen educación completa. Algo muy distinto a lo que sucede en comunas ricas de la Región Metropolitana, donde las cifras son significativamente menores. En Vitacura solo el 8% no ha completado sus estudios ni está estudiando; en Las Condes, el 7%; y en Providencia apenas el 4%.

Eso no es todo. Según el “Segundo Estudio de Competencias Básicas de la Población Adulta 2013 y Comparación Chile 1998-2013” del Centro de Microdatos de la Universidad de Chile, un 44% de la población adulta es analfabeta funcional en textos, un 42% en documentos y un 51% en el área cuantitativa.

Cuando surgieron los planes de alfabetización en Chile, a mediados del siglo XX, tenían el objetivo de consolidar un derecho social. La educación debía permitir al país desarrollarse más y, al mismo tiempo, al trabajador defender mejor sus derechos. En el Mensaje al Congreso del año 1939, Pedro Aguirre Cerda señaló: “Todo plan productor debe ir acompañado de una educación que sirva al hombre y a la mujer en una preparación que infrinja en todas las clases sociales un sentido de capacidad y de comprensión de que el país tiene fuerzas sobresalientes que bien conocidas y aprovechadas darán margen sobrado para una economía nacional sana, y que dé beneficio para todas las actividades”.

En Chile, desde el año 2003, es obligatorio (y por lo tanto un derecho garantizado), terminar la educación secundaria completa hasta 4° año de Educación Media. No obstante, pasados 15 años desde esa fecha, más de cinco millones de personas aún no han podido completar ese nivel de escolaridad. Más dramático todavía resulta el hecho de que, desde el año 1965, es también obligatorio terminar la educación primaria, 8° año de Educación Básica y, pese a ello, 52 años después de implementada esa política, existen 2,7 millones de personas que no terminaron su educación básica.

¿Qué implicancias tienen estos datos para la lectura hoy en Chile? ¿Cuál es la transformación que requerimos para ser un país desarrollado? ¿Cuál es el nivel de productividad al que aspiramos? ¿Cuál es el nivel de participación que queremos de la ciudadanía? ¿Cuál es, en verdad, el país que soñamos?

Hoy el Ministerio de Educación cuenta con el programa de “Educación de Personas Jóvenes y Adultas”, que lleva a cabo el Plan Nacional de Alfabetización “Contigo Aprendo”, con el objetivo de que “las personas aprendan a leer y escribir, desarrollen su pensamiento matemático y alcancen aprendizajes que les permitan certificar 4° año básico”. Adicionalmente se han desarrollado Planes de Lectura que han merecido el reconocimiento de otros países latinoamericanos; y se ha impulsado una Política Nacional de la Lectura y el Libro con una importante participación de diferentes agentes del Estado y la sociedad civil.

Sin embargo, muchos de los esfuerzos que hacemos, como país, para dar acceso a la lectura se enfrentan a una realidad que los sobrepasa: la pobreza, la desigualdad, el analfabetismo y el abismante número de personas con escolaridad incompleta.

La alfabetización y la lectura no se ejercen en el vacío, tenemos que generar las condiciones para una sociedad lectora. El fomento lector debe tener una fuerte orientación hacia la formación de capacidades, que permitan a las personas dominar la comprensión y producción de textos, con el objetivo de apoyarlas para que puedan terminar su escolaridad.

Parece que no dimensionamos la importancia y las implicancias del problema. Salir del analfabetismo, en cualquiera de sus sentidos o categorías, es un problema de Estado. Cuando rangos tan altos de la población no cuentan con su escolaridad completa, es más difícil pensar el desarrollo de un país, desde cualquier perspectiva que quiera verse. Y pienso que la lectura, en un sentido amplio, es una de las vías para enfrentarlo.

Hablamos de un fomento lector que trabaje en conjunto con los proyectos de escolaridad, en conjunto con quienes por distintos motivos han abandonado el sistema formal de educación, para que puedan comprender textos de diversa índole, textos que tengan sentido en su entorno y en su realidad cotidiana.

Debe ser un rol que no solo radique en el ámbito de la educación o cultura, debe ser transversal a todos los programas de desarrollo social, del trabajo, de la economía y también del ámbito de la salud; debe involucrar activamente a las empresas y al mayor número de organizaciones sociales y territoriales. Esta debe ser una Política de Estado, así con mayúsculas.

Cuando lees eres más dueño de tu vida, puedes mejorar la calidad de tu trabajo y, estadísticamente, te permite acceder a un mejor salario. Leer y entender lo que lees te permite a ti y a tu familia tener una mejor salud. Tener una escolaridad completa te da más herramientas para comprender tu entorno, defender mejor tus derechos y pensar en un mejor país para tu comunidad.

Pensar en un país distinto requiere personas capaces de entender y reflexionar sobre su entorno, que puedan decodificar símbolos, comprender contextos, estructurar propuestas. Superar las actuales falencias en la alfabetización es también mejorar la salud, la educación, el trabajo, la democracia.

Probablemente no exista una solución rápida para lograr las capacidades de lectura y escritura que nuestra sociedad necesita, pero para las políticas públicas perdurables no existen atajos. Debiésemos, como meta, tener un plan estratégico de alfabetización de carácter transversal con la mayor cantidad de agentes del Estado involucrados y con la plena participación de la sociedad civil, con metas a mediano y largo plazo. Este desafío será de largo aliento y para alcanzarlo debemos redoblar nuestros esfuerzos desde hoy.

Nota: Este artículo fue publicado originalmente en la Revista Santiago, el 26 de enero del 2018.

Cerlalc adelanta proyecto para el fortalecimiento de las bibliotecas públicas de El Salvador

 

Cerlalc firmó un convenio con la Secretaría de Cultura de El Salvador para realizar un diagnóstico de la red de bibliotecas públicas de ese país.Tras la reunión sostenida en diciembre en San Salvador, entre representantes del Cerlalc y la secretaria de Cultura de El Salvador, Silvia Elena Regalado, el Cerlalc adelanta una investigación sobre el estado de las bibliotecas que conforman la red de bibliotecas públicas de El Salvador.

El diagnóstico que llevará a cabo el Centro permitirá obtener información completa y actualizada sobre el contexto sociocultural de las bibliotecas, su relación con diferentes actores e instituciones, sus programas, usuarios, mecanismos de divulgación, el estado de sus colecciones, entre otros. Este diagnóstico servirá para establecer lineamientos y recomendaciones dirigidos a su fortalecimiento e impulsará la conformación de una red de bibliotecarios públicos de El Salvador.

Al término del diagnóstico, se realizará un seminario en el que participarán los jefes de las bibliotecas públicas del país.

La biblioteca Nacional celebra 240 años de fundación

 

El 14 de diciembre la Biblioteca Nacional, primera biblioteca pública de América Latina, conmemora 240 años de fundación. Para celebrar, la biblioteca invita a dar un mirada al pasado y al futuro con el evento “Memoria en Movimiento” que se llevará a acabo el jueves 14 de diciembre a partir de las 5 de la tarde.

Para Mariana Garcés, Ministra de Cultura, “la Biblioteca Nacional de Colombia es una de las entidades más emblemáticas que tiene el país. Conserva y divulga nuestro patrimonio bibliográfico, y es una referencia en temas de memoria, especialmente literaria. Nuestro deseo es que esta celebración nos lleve a que los colombianos leamos más, lo cual ha sido una de las grandes apuestas de este Gobierno, con el Plan Nacional de Lectura y Escritura Leer es mi Cuento”.

Durante la conmemoración se cerrará una cápsula del tiempo que contiene objetos que dan cuenta del momento histórico que vive el país en estos momentos. Dentro de la cápsula se guardarán objetos hasta el 2077, fecha en que la biblioteca cumplirá 300 años de fundada.

El libro de los Acuerdos de Paz, un ejemplar de María de Jorge Isaacs, libros de los ganadores del Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez, un mochila arhuaca, postales de la campaña de promoción de lectura de la biblioteca y siete libros que representan la producción literario del país en el 2017, son parte de los objetos que guardará la cápsula para el futuro.

En el evento también se inaugurará la exposición “Hasta el fondo: revisiones, recorridos y recontextualizaciones de los fondos y archivos de la Biblioteca Nacional de Colombia” y se realizará un proyección a gran escala sobre la fachada oriental de la biblioteca.