Desafíos y oportunidades para las Agencias Nacionales ISBN en Iberoamérica

 

Por: Diana Cifuentes Gómez  y Yenny Chaverra

El Cerlalc, como parte de las investigaciones adelantadas en su Programa Técnico 2016-2017 y con el objetivo de contar con un diagnóstico del estado actual de las agencias ISBN en Iberoamérica, nos propuso desarrollar el estudio Panorama de las Agencias Nacionales de Iberoamérica en el que ofrecemos información sobre la evolución del sistema ISBN y su situación en la región. Se trata de un análisis detallado de las agencias de los países miembros del Cerlalc, de acuerdo a sus condiciones institucionales, técnicas y administrativas, a la vez que revisa las oportunidades de mejora y los retos que enfrentan dichas organizaciones en el trámite del ISBN y en la implementación de servicios complementarios para el sector editorial de la región.

La finalidad del estudio es formular una serie de recomendaciones —conforme al perfil y capacidad instalada de estas organizaciones, así como al tamaño y participación en el mercado regional del libro— que permitan distinguir y priorizar las necesidades que deben ser atendidas para alcanzar, por un lado, la nivelación y optimización en la prestación del servicio a los usuarios del ISBN y, por otro, el desarrollo de estrategias que dinamicen la relación de la agencias con el universo del libro y que exploren una diversificación en la oferta de sus servicios, como parte de su sostenibilidad.

Presentamos a continuación algunos de los hallazgos de la investigación, así como las recomendaciones formuladas, que pueden consultarse más ampliamente en la publicación Panorama de las Agencias Nacionales del ISBN de Iberoamérica. Diagnóstico y recomendaciones para su fortalecimiento.

En el mundo existen más de 150 agencias a cargo del sistema ISBN con cobertura en más de 200 territorios (Agencia Internacional ISBN 2017). De estas 150 agencias, 21 están en Iberoamérica y se dividen en dos grandes grupos: las que son operadas por instituciones de carácter público a cargo de la cultura (62%) y aquellas que pertenecen a agremiaciones privadas sin ánimo de lucro del sector editorial (38%). La mayoría de las agencias de carácter público se encuentran ubicadas en las bibliotecas nacionales del país. Al ser sin ánimo de lucro, estas instituciones se enfocan en asegurar la buena prestación del servicio en cada una de sus fases (solicitud, asignación, pago), en acciones encaminadas a que el sistema ISBN sea conocido y apropiado por el sector (capacitaciones, tutoriales, manuales, asesorías personalizadas) y, en casos particulares, en generar recursos complementarios de utilidad para el mercado editorial (informes estadísticos y del mercado del libro y catálogos nacionales).

Este perfil de las Agencias Nacionales ISBN en Iberoamérica es extensivo a la mayor parte de las agencias en el mundo. No obstante, si revisamos mercados editoriales representativos a nivel internacional, como en el caso de los Estados Unidos (que ocupa el primer lugar, con una participación del 30% en la venta de libros a nivel mundial), Alemania (en el tercer lugar, con un 9% de la participación) y Reino Unido (con un 4%, compartiendo posición con Francia), [1] nos encontramos con un perfil de Agencias Nacionales operadas por empresas con propósitos comerciales, donde la gestión del sistema ISBN va ligada a una oferta heterogénea de soluciones para diversos agentes del universo del libro (bibliotecas, autores-editores, autores, editoriales grandes e independientes, minoristas, libreros, tiendas en línea). Además, estas agencias encuentran en los metadatos, las bases de datos y los sistemas de información, análisis y medición sofisticados tanto de las publicaciones como del sector su mayor activo para diseñar, desarrollar y ofrecer una variada gama de productos a la medida de los agentes del mercado editorial.

Las 21 agencias ISBN de los países iberoamericanos miembros del Cerlalc realizaron un total de 325.485 registros en el 2016; de los cuales el 59,8% se expidieron en agencias ubicadas en agremiaciones y el 40,2% restante en entidades del Estado. Este mayor número de registros en las instituciones privadas se debe al gran peso que tienen España y Portugal, cuyas agencias se encuentran dentro de la Federación de Gremios de Editores de España y la Asociación Portuguesa de Editores y Libreros, respectivamente. Estas dos agencias agrupan alrededor del 70% de los registros provenientes de las agencias ISBN ubicadas en el sector privado. En el caso de América Latina, el 68% de los registros son realizados por agencias del sector público, versus el 32% de registros elaborados en agencias ubicadas en las agremiaciones.

 

Con relación a la productividad de las agencias en la región, esta depende de varios factores. En primer lugar, está limitada por la demanda, esto es, depende de la cantidad total de registros solicitada en el país anualmente y, por lo tanto, hay agencias en donde la capacidad de atención del personal es superior a la de la demanda de registros. El segundo factor corresponde a las diferencias en el grado de sistematización de las agencias. Existen agencias con un mayor grado de automatización del trámite del ISBN en toda su cadena (como es el caso de la agencia española con 86.000 registros en el 2016), que están en capacidad de atender con un menor número de empleados la demanda del ISBN, en comparación con aquellas que tienen un número de solicitudes similares (caso Brasil, con alrededor de 80.000 registros al año) que, al no tener el flujo del trámite totalmente automatizado, requieren de más empleados para cubrir la demanda anual.

Con el fin de presentar un análisis del estado de las agencias en la región y de formular oportunidades de mejora frente a la operación de las mismas tanto en el trámite de asignación del ISBN como en los servicios complementarios —que se derivan básicamente del aprovechamiento de los metadatos— se aplicó una encuesta diseñada especialmente para las Agencias Nacionales ISBN (la cual contestaron 18 agencias) y otra desarrollada para editoriales y usuarios del servicio. También se consultaron algunas fuentes secundarias y se analizó el contenido de las páginas web de las agencias objeto de la investigación. A partir de la sistematización de la información obtenida realizamos un análisis DOFA de aquellos aspectos internos de la operación de las agencias que consideraban sus fortalezas y debilidades, así como las oportunidades y amenazas percibidas desde el exterior.

La mayoría de las agencias identificó entre sus principales fortalezas el contar con personal competente con conocimientos técnicos sobre el funcionamiento del sistema, la rapidez en la atribución de solicitudes y la atención al público. Algunas agencias perciben como fortalezas actividades que corresponden a los que deben ser estándares básicos de funcionamiento de la agencia: contar con un sistema en línea, brindar códigos de barras para las publicaciones, contar con equipo informático suficiente o poder participar en las reuniones internacionales convocadas por el Cerlalc. En cuanto a las debilidades, estas se relacionan con la falta de presupuesto, personal y necesidad de actualización del software RISBN. Este último punto se debe a que la versión 5.2 del software ISBN no cuenta con los estándares internacionales de manejo de metadatos o de categorización de materias. Sin embargo, este problema quedará superado a lo largo de este 2018, una vez las agencias instalen la versión 5.3 que el Cerlalc ha desarrollado.

Las principales oportunidades encontradas por las agencias tienen que ver sobre todo con el crecimiento del sector. En la medida en que los sectores editoriales de los países sean más grandes y maduros tendrán una demanda creciente de identificadores y habrá un aumento en diferentes formatos digitales. Otras oportunidades están relacionadas con identificar nuevos usuarios del ISBN, desarrollar nuevas actividades o implementar productos que permitan brindar al editor mayor visibilidad de sus publicaciones y buscar una mayor cohesión con los diferentes agentes del sector editorial. Finalmente, las amenazas percibidas están relacionadas con factores macroeconómicos y reducciones presupuestales en el sector gubernamental.

El hecho de que las agencias operen dentro del sector público o en agremiaciones del sector privado genera una perspectiva de desarrollo particular con respecto a los alcances de las actividades realizadas por las agencias y la posible ampliación de sus servicios ya que, en general, las empresas que no persiguen un objetivo económico tienen gestiones menos desarrolladas en lo que se refiere a las actividades de visibilización y mercadeo, así como en las relacionadas con la gestión comercial (Crespo Ferrer, 2011); aunque esto no quiere decir que no puedan tener una excelente oferta de servicios y un diálogo permanente con sus usuarios que les permita implementar nuevas funcionalidades en respuesta a sus necesidades.

Varias agencias prevén ofrecer en el futuro una mayor cantidad de servicios y un conjunto de procesos tecnológicos para sus usuarios, sin que medie necesariamente un interés por incrementar los ingresos o generar márgenes de utilidad. Lo que se busca a través de la ampliación de sus actividades es brindar un mejor servicio y optimizar las herramientas tecnológicas para que los usuarios puedan mejorar sus labores comerciales y la gestión de sus procesos de información. Las agencias que hacen parte de los organismos públicos de cultura cuentan por lo general con presupuestos, recursos tecnológicos y logísticos mucho más reducidos que los de sus pares ubicados en instituciones privadas. Como consecuencia, pocas de ellas prevén ampliar sus funciones en un futuro cercano y, en general, orientan sus actividades de manera más exclusiva al tema de la asignación.

Latinoamérica, gracias a la asistencia técnica del CERLALC y de la implementación del software RISBN 5.3 para la gestión del registro, lleva una ventaja importante en comparación con lo que ocurre en otros lugares del mundo, sobre todo para las agencias pequeñas. Otra ventaja derivada de la asistencia del Cerlalc es contar con una centralización de los datos de la región y el establecimiento de normas para el tipo y calidad de los datos y su almacenamiento en formatos estándares, lo cual permitirá generar proyectos regionales en donde todos los países se vean beneficiados de la gestión conjunta de esta información.

El diagnóstico que hemos realizado del estado de las Agencias Nacionales ISBN en Iberoamérica ha permitido identificar un conjunto de recomendaciones para mejorar su funcionamiento. Para ello es fundamental realizar un trabajo articulado con el fin de lograr una mayor integración de las agencias, que tenga como resultado una nivelación de las condiciones básicas de prestación del servicio, la transferencia permanente de capacidades tecnológicas y organizacionales y la creación de proyectos conjuntos que generen beneficios para las agencias, den respuesta a los nuevos retos de la industria editorial en la era digital y contribuyan a la circulación del libro en la región.

Entre las recomendaciones que formulamos están:

  • Generar acuerdos básicos a los cuales se adhieran todos los países y según los cuales las instituciones donde operan las agencias de registro, sean públicas o privadas, garanticen las condiciones óptimas tanto a nivel tecnológico como a nivel operativo para su funcionamiento.
  • En los países cuyas agencias presenten eventuales problemas de sostenibilidad se recomienda generar alianzas público-privadas que permitan tener una mejor prestación de servicios o evaluar las posibilidades de transferencia entre organizaciones.
  • Es prioritario que todos los países que utilizan el software RISBN para el trámite del ISBN logren tener instalada la versión 5.3 del programa, ya que esta versión incorpora los estándares internacionales vigentes de manejo de metadatos (ONIX) y la categorización de materias (Thema), lo cual garantiza que no haya problemas a la hora de circular los títulos dentro y fuera de los circuitos comerciales en la región. También facilitará la realización de un catálogo regional de libros en venta.
  • Tanto en los países con mayores capacidades operativas y financieras como en aquellos donde se encuentran agencias más pequeñas es recomendable desarrollar servicios adicionales para los agentes editores con miras a prestar un mejor servicio y generar mayores ingresos.
  • Desarrollar estrategias de promoción de las agencias y sus servicios en el sector editorial, así como mejorar sus mecanismos de comunicación y socialización sobre la importancia y significación del ISBN en el mundo editorial.
  • Crear un proyecto de alcance regional para el fomento de la circulación del libro, mediante un catálogo regional de libros en venta.
  • Evaluar cuáles agencias podrían implementar labores asociadas a data management a partir de la gestión de sus metadatos.

 

 

[1] Información tomada de The Statistics Portal, https://www.statista.com/statistics/288746/global-book-market-by-region/ (consultada el 27 de noviembre de 2017).

Sostener y enriquecer toda la cadena del libro es una estrategia crucial

 

Por: Oche Califa

En la Argentina, la educación masiva y la movilidad de las clases populares permitieron la construcción de una industria librera y gráfica que siempre despertó curiosidad y admiración. En buena parte del siglo XX le posibilitó, además, ser líder del libro en todo el continente.

De este pasado resulta que hoy posea 1.200 librerías en toda su geografía, más allá de que los libros también se venden en puestos de diarios y en supermercados; unas 1.500 bibliotecas populares, que son entidades comunitarias con asociados y apoyo estatal mediante subsidios, y más de 2.000 bibliotecas públicas –generales o especializadas–, además de las escolares. El 70% de las librerías son independientes, es decir, no pertenecen a cadenas.

La producción se construye con una constelación de 400 editoriales –entre comerciales, de auto publicación y universitarias–, lo que da una llamativa diversidad, tal vez el capital más importante que el libro argentino tiene.

Todo esto quiere decir que de los libros que se producen anualmente –cifra oscilante pero que se puede promediar en 60 millones y en 27.000 novedades– la mayoría se vuelca al mercado interno (el porcentaje exportado es entre el 10 y 15%) y de manera abrumadora a través de librerías. Hay, en estas, una cuota menor de libros de importación. Las compras estatales, que no están incluidas en la cifra mencionada, pueden ser abundantes o escasas según los años y gobiernos, y esa imprevisibilidad hace que no existan editoriales cuya existencia solo la explique este cliente. (Todas estas cifras, se insiste, son promedios para ofrecer una idea general).

Frente a la retracción de los años 2016 y 2017 –que según estimaciones promedió una caída del 20% de las ventas– y el aumento de los costos fijos para la producción y el comercio, la Fundación El Libro (FEL) decidió una serie de acciones de promoción, la mayoría de ellas dirigidas al sostén de las librerías, ya que su afectación sería la de toda la industria. Sin dónde vender, ¿qué hacer?

Desde hace varios años, la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, que la FEL organiza, otorga a los visitantes un “chequelibro” por una suma que es, aproximadamente, el 15 o 20% del PVP de un libro. Este solo puede usarse como parte de pago en librerías una vez finalizada la Feria, en los tres meses siguientes; su monto es soportado en un mayor porcentaje por la FEL y en uno menor, por el librero, a quien le ingresa un comprador, a veces nuevo, por tal vez más de un libro.

Esta experiencia hizo que en 2017 la FEL lanzara, poco antes de las fiestas navideñas, el programa “Chequelibro Regalo”: un voucher que un particular, una empresa, un sindicato, etc. podía comprar en una librería y regalarlo, para que el obsequiado luego se presentara con él a elegir el libro que le gustara. La FEL los imprimió para unas 300 librerías que adhirieron, con buenos resultados.

Desde hace tres años la FEL también lanza campañas de impulso del consumo para el Día de la Madre, del Padre, del Niño, etc., con avisos gráficos, radiales y de vía pública. En 2017 unió el de “Chequelibro Regalo” con la campaña “Regale Libros” de la siguiente manera: pidió a las editoriales que donaran libros para ser sorteados como promoción en radios de todo el país y convocó a las librerías a sugerir los programas radiales en los que podían entregarse. Unas 90 radios que recibieron libros quedaron, de esta manera, vinculadas al librero que les hizo de “padrino”. Y la audiencia advirtió en el libro una opción de regalo navideño y para vacaciones, que como dice su publicidad “tiene más valor que precio”.

Por otra parte, durante las Jornadas Profesionales, anteriores a la apertura al público de la Feria, los libreros argentinos y del exterior inscriptos reciben otra buena cantidad de incentivos y charlas de actualización y capacitación. Desde hace tres años hay dos programas especialmente destacables: Librero Amigo (que también pueden usufructuar los bibliotecarios), en el que las editoriales hacen un descuento especial para las compras de esos tres días, y Envío Gratuito, que consiste en el despacho, a cargo de la FEL, de hasta 200 kilogramos al interior argentino y hasta 50 al exterior. Por encima de esos pesajes existe una tarifa preferencial y lo cierto es que muchos libreros compran más de la cuota sin costo. En 2017 se enviaron 13 toneladas al interior argentino y casi 7 toneladas al exterior (lo que constituye, en solo tres días, un hecho sinigual de exportación).

Pero en este último caso, existe un beneficio para otro actor del libro. Como la Feria está, en esos tres días, totalmente instalada y atendida, resulta un verdadero showroom para que el librero conozca otros catálogos –que son generalmente de pymes editoriales– y haga una compra tentativa “para probar”, con lo que puede generarse un contacto o nuevo cliente que difícilmente se produce en otro momento del año. Así, el editor pequeño o mediano encuentra un nuevo vínculo comercial y la librería aumenta su oferta diversa, que satisface a los lectores con otros gustos e intereses.

La FEL también convoca y es anfitriona de una Reunión Anual de Ferias del País, a la que concurren unos 40 responsables e interesados en iniciarla. Uno de los temas de debate es la participación de las librerías en dichas ferias. Es cierto que en la Feria Internacional son pocas las que tienen su estand, porque esta es expresión de la industria y, por lo tanto, la mayoría de los expositores son editores. Pero en cada localidad donde se planea una feria y existen uno o más libreros, es impensable que la misma se organice ignorándolos, cuando son quienes están todo el año. Vista en la necesidad de poner en los hechos su prédica, la FEL, al organizar una nueva sede de la Feria del Libro Infantil y Juvenil en la ciudad de La Plata (capital de la provincia de Buenos Aires), convocó con prioridad a los libreros locales para elegir lugar y con tarifa preferencial, seis de los cuales montaron estand.

Mencionadas las bibliotecas populares –fenómeno singular de la Argentina–, hay que decir que desde hace doce años se repite un hecho destacado en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. El Ministerio de Cultura de la Nación, a través de la comisión que las apoya (Conabip), les paga traslado, hotel y les da un monto para que durante tres días vengan de compras a la Feria; arregla con las editoriales la venta a mitad del PVP, y con el Correo Argentino el envío gratuito de lo que compren. La Feria abre por la mañana solo para ellas, que en número de personas son casi 2.000, y les facilita carritos y cajas. Desde hace varios años las editoriales envían a estas bibliotecas información anticipada de sus novedades y su ubicación en la Feria. Nadie quiere perder su oportunidad, que en apenas tres días constituye una compra millonaria, ya que más allá del subsidio estatal, la mayoría de las bibliotecas trae un dinero propio adicional. Hay que agregar que la decisión es muy buena ya que implica que cada biblioteca decide qué comprar.

Este breve detalle de algunas de las acciones que desarrolla la FEL y sus ferias son parte de su orgullo. Sin embargo, no se dan a conocer aquí para exhibirlo sino porque seguramente a muchos de quienes las lean, si son actores de la promoción del libro, les sirvan como replique o fuente de inspiración.

Lectura, alfabetización y desarrollo: los atajos no existen

 

Por: Gonzalo Oyarzún

Las estadísticas de los últimos 100 años en Chile muestran que nunca antes nuestro país fue tan lector como ahora. Los niveles de escolaridad, el número de editoriales, el número y cobertura de bibliotecas públicas y escolares, los niveles de conectividad en todo el país, así lo demuestran. Sin embargo, pese a estos auspiciosos datos, arrastramos una enorme población con escolaridad incompleta y con niveles de analfabetismo alarmantes, que no guardan relación con el país desarrollado que aspiramos ser.

La Unesco define a una persona analfabeta como alguien que no es capaz de leer y escribir un texto breve y sencillo sobre su vida cotidiana. Una persona que solo puede leer, pero no escribir, o puede escribir, pero no leer, se considera analfabeta. Una persona que solo puede escribir figuras, su nombre o una frase memorizada, tampoco se considera alfabetizada.

Según índices internacionales, Chile tendría un nivel de alfabetismo superior al 97%, es decir, existe un 3% (500 mil personas aproximadamente) que, bajo la definición de la Unesco, son analfabetas. Esta cifra puede no ser tan inquietante porque, según una medición hecha por la Central Connecticut State University, que consideró 60 países, Chile sería el más alfabetizado de la región y el número 37 del mundo. Pero hay otras cifras que sí deberían inquietarnos.

De acuerdo con la encuesta Casen 2015, un 7% de la población del país mayor de 15 años (casi un millón de personas) no ha completado 4° básico. Se puede inferir que esa enorme población no maneja las competencias de lenguaje necesarias para desenvolverse en un mundo de conocimientos complejos como el actual.

La misma Casen, registra que más de 2,7 millones de chilenos, mayores de 15 años, no estudian ni tienen 8° básico completo; lo que representa casi un 20% de la población en ese tramo etario. Mayor es el número de quienes tienen escolaridad incompleta, es decir, que no han completado al menos 4° medio: más de cinco millones de personas, casi un tercio de la población.

Las cifras son más dramáticas todavía cuando nos adentramos en las realidades regionales y comunales. Siete regiones de Chile tienen más de un 40% de población con escolaridad incompleta (O’Higgins, Maule, Biobío, Araucanía, Los Ríos, Los Lagos y Aysén). Seis comunas tienen más del 70% de su población con escolaridad incompleta (Camarones, Camiña, Pumanque, Paredones, Quemchi, San Juan de la Costa). Y en 148 comunas del país, el 50% o más de sus habitantes mayores de 15 años no están estudiando ni tienen educación completa. Algo muy distinto a lo que sucede en comunas ricas de la Región Metropolitana, donde las cifras son significativamente menores. En Vitacura solo el 8% no ha completado sus estudios ni está estudiando; en Las Condes, el 7%; y en Providencia apenas el 4%.

Eso no es todo. Según el “Segundo Estudio de Competencias Básicas de la Población Adulta 2013 y Comparación Chile 1998-2013” del Centro de Microdatos de la Universidad de Chile, un 44% de la población adulta es analfabeta funcional en textos, un 42% en documentos y un 51% en el área cuantitativa.

Cuando surgieron los planes de alfabetización en Chile, a mediados del siglo XX, tenían el objetivo de consolidar un derecho social. La educación debía permitir al país desarrollarse más y, al mismo tiempo, al trabajador defender mejor sus derechos. En el Mensaje al Congreso del año 1939, Pedro Aguirre Cerda señaló: “Todo plan productor debe ir acompañado de una educación que sirva al hombre y a la mujer en una preparación que infrinja en todas las clases sociales un sentido de capacidad y de comprensión de que el país tiene fuerzas sobresalientes que bien conocidas y aprovechadas darán margen sobrado para una economía nacional sana, y que dé beneficio para todas las actividades”.

En Chile, desde el año 2003, es obligatorio (y por lo tanto un derecho garantizado), terminar la educación secundaria completa hasta 4° año de Educación Media. No obstante, pasados 15 años desde esa fecha, más de cinco millones de personas aún no han podido completar ese nivel de escolaridad. Más dramático todavía resulta el hecho de que, desde el año 1965, es también obligatorio terminar la educación primaria, 8° año de Educación Básica y, pese a ello, 52 años después de implementada esa política, existen 2,7 millones de personas que no terminaron su educación básica.

¿Qué implicancias tienen estos datos para la lectura hoy en Chile? ¿Cuál es la transformación que requerimos para ser un país desarrollado? ¿Cuál es el nivel de productividad al que aspiramos? ¿Cuál es el nivel de participación que queremos de la ciudadanía? ¿Cuál es, en verdad, el país que soñamos?

Hoy el Ministerio de Educación cuenta con el programa de “Educación de Personas Jóvenes y Adultas”, que lleva a cabo el Plan Nacional de Alfabetización “Contigo Aprendo”, con el objetivo de que “las personas aprendan a leer y escribir, desarrollen su pensamiento matemático y alcancen aprendizajes que les permitan certificar 4° año básico”. Adicionalmente se han desarrollado Planes de Lectura que han merecido el reconocimiento de otros países latinoamericanos; y se ha impulsado una Política Nacional de la Lectura y el Libro con una importante participación de diferentes agentes del Estado y la sociedad civil.

Sin embargo, muchos de los esfuerzos que hacemos, como país, para dar acceso a la lectura se enfrentan a una realidad que los sobrepasa: la pobreza, la desigualdad, el analfabetismo y el abismante número de personas con escolaridad incompleta.

La alfabetización y la lectura no se ejercen en el vacío, tenemos que generar las condiciones para una sociedad lectora. El fomento lector debe tener una fuerte orientación hacia la formación de capacidades, que permitan a las personas dominar la comprensión y producción de textos, con el objetivo de apoyarlas para que puedan terminar su escolaridad.

Parece que no dimensionamos la importancia y las implicancias del problema. Salir del analfabetismo, en cualquiera de sus sentidos o categorías, es un problema de Estado. Cuando rangos tan altos de la población no cuentan con su escolaridad completa, es más difícil pensar el desarrollo de un país, desde cualquier perspectiva que quiera verse. Y pienso que la lectura, en un sentido amplio, es una de las vías para enfrentarlo.

Hablamos de un fomento lector que trabaje en conjunto con los proyectos de escolaridad, en conjunto con quienes por distintos motivos han abandonado el sistema formal de educación, para que puedan comprender textos de diversa índole, textos que tengan sentido en su entorno y en su realidad cotidiana.

Debe ser un rol que no solo radique en el ámbito de la educación o cultura, debe ser transversal a todos los programas de desarrollo social, del trabajo, de la economía y también del ámbito de la salud; debe involucrar activamente a las empresas y al mayor número de organizaciones sociales y territoriales. Esta debe ser una Política de Estado, así con mayúsculas.

Cuando lees eres más dueño de tu vida, puedes mejorar la calidad de tu trabajo y, estadísticamente, te permite acceder a un mejor salario. Leer y entender lo que lees te permite a ti y a tu familia tener una mejor salud. Tener una escolaridad completa te da más herramientas para comprender tu entorno, defender mejor tus derechos y pensar en un mejor país para tu comunidad.

Pensar en un país distinto requiere personas capaces de entender y reflexionar sobre su entorno, que puedan decodificar símbolos, comprender contextos, estructurar propuestas. Superar las actuales falencias en la alfabetización es también mejorar la salud, la educación, el trabajo, la democracia.

Probablemente no exista una solución rápida para lograr las capacidades de lectura y escritura que nuestra sociedad necesita, pero para las políticas públicas perdurables no existen atajos. Debiésemos, como meta, tener un plan estratégico de alfabetización de carácter transversal con la mayor cantidad de agentes del Estado involucrados y con la plena participación de la sociedad civil, con metas a mediano y largo plazo. Este desafío será de largo aliento y para alcanzarlo debemos redoblar nuestros esfuerzos desde hoy.

Nota: Este artículo fue publicado originalmente en la Revista Santiago, el 26 de enero del 2018.

Proyecto Bibliotecas Públicas Móviles galardonado con el Premio Nacional de Alta Gerencia 2017

 

El proyecto Bibliotecas Públicas Móviles ‘Leer es mi cuento’ del Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional de Colombia obtuvo el Premio Nacional de Alta Gerencia 2017. El premio, creado en 1998, reconoce y exalta las experiencias exitosas de gestión en la administración pública. Para este edición, el lema del galardón fue “Buen Gobierno para la consolidación de la paz”.

Bibliotecas Públicas Móviles, que previamente ganó en España el premio Aclebim de bibliotecas móviles, cuenta con 20 bibliotecas en zonas veredales afectadas por el conflicto. Cada una de las bibliotecas tiene 460 títulos físicos y más de 200 en formato digital con temáticas de literatura infantil, juvenil, informativa, emprendimiento, artes, paz, desarrollo rural, entre otros.

Este año el premio recibió 289 postulaciones con experiencias exitosas de gestión del país a nivel nacional, departamental y municipal. Cada uno de los postulados fue evaluado por un comité conformado por embajadores de distintos países. A nivel nacional, el galardón fue compartido entre Bibliotecas Públicas Móviles, de la Biblioteca Nacional y el Ministerio de Cultura, e Iniciativas comunitarias con enfoque diferencial étnico, de la Agencia Nacional de Tierras.

Para Henry García Gaviria, coordinador de Bibliotecas Públicas Móviles, “este es un premio para la paz, es un premio para las comunidades donde hoy en día se implementan los acuerdos de paz y es un premio para el trabajo bibliotecario en las zonas de más difícil acceso en el país que fueron históricamente afectadas por el conflicto y que hoy estamos recostruyendo a partir de los procesos culturales que se lideran desde las bibliotecas públicas”.

Más información acá.

El creciente fenómeno de la autopublicación

 

Por Daniel Benchimol

Zhang-Wei es un autor de origen chino de 34 años que escribe literatura fantástica bajo el seudónimo de Tangjiasanshao. Publica sus obras en forma directa (sin mediar un editor) y solo en formato digital a través de un sitio de literatura que se denomina www.qidian.com. Su última novela, Douloudau, es un relato de ficción sumamente extenso que cuenta ya con más de 20 millones de palabras escritas. ¿Por qué debería llamarnos la atención este autor y su obra? Porque actualmente es uno de los autores más exitosos y reconocidos en China, reportando ingresos anuales por más de 16 millones de euros en ventas de sus escritos, y ya tiene un acuerdo para que Douloudau sea adaptada por Hollywood en cuatro películas a partir del año próximo. En el otro extremo del planeta, Cristian Perfumo es un autor argentino que ganó hace muy pocas semanas el IV Premio Literario Anual de Amazon para autores independientes por su obra El coleccionista de flechas. Perfumo es un autor que desde sus comienzos optó por la autopublicación. En 2014 por ejemplo publicó su segundo libro, Dónde enterré a Fabiana Orquera, que en 2015 se convirtió en la séptima novela más vendida en Amazon España y la décima en México. Para ganar este premio, su obra compitió frente a otras 1800, y por haberlo ganado, Amazon le otorgó USD 5.000, la traducción de la obra al inglés y el acompañamiento de la empresa con acciones de marketing y difusión.

Estos dos ejemplos, entre muchos otros que podríamos señalar, de alguna forma son indicadores de lo que está ocurriendo en el ecosistema editorial actual con la autopublicación. Es cierto que la autopublicación existe hace muchísimos años, incluso antes del surgimiento de Internet; hasta podemos encontrarla en los orígenes mismos de la industria editorial. Pero ¿qué la hace tan especial hoy en día? En sus inicios, la autopublicación estaba restringida a los autores que podían asumir el costo económico total de imprimir y publicar una obra. Es el ejemplo de Marcel Proust, prestigioso novelista y ensayista francés, que se arriesgó en 1913 a publicar su primera obra, Por el camino de Swann, pagando de su propio bolsillo la edición, luego de que fuera rechazado por varias editoriales. Pero no solo había que tener una enorme capacidad económica, sino que las posibilidades de que una obra autopublicada se convirtiera en un best seller eran a su vez excepcionales. La diferencia es entonces que hoy cualquier persona tiene la posibilidad de publicar un libro en formato digital, e incluso impreso bajo el sistema de impresión digital por demanda, y distribuirlo a todo el mundo, sin (aparentemente) otro costo que el de la escritura misma del contenido. Y no solo eso, sino también soñar con obtener un rédito económico de esta labor, en ocasiones más significativo que el que podría percibir publicando su obra con un editor. Muestra de esto es que, en promedio, 40 de los 100 libros más vendidos cada semana en Amazon (la principal empresa que apuesta por la autopublicación en el mundo) corresponden a obras autopublicadas.

Estamos entonces ante la que podemos definir como la era de oro de los autores. Una era en la que al menos ya no son imprescindibles todos los eslabones de la cadena editorial para que una obra pueda ser publicada. Es decir, las nuevas tecnologías lo que han hecho es simplificar y amplificar enormemente las posibilidades que tiene un autor de publicar sus textos bajo el supuesto de varias promesas: obtener mayores márgenes de ingresos que los que un editor le puede ofrecer (en ocasiones, puede recibir hasta el 100% del precio de venta de un contenido), una mayor autonomía sobre cuándo, cómo y dónde se publica su obra (y no depender de ningún plan o decisión editorial), y un mayor control sobre lo que le sucede a su obra (dónde y cuándo se lee, por ejemplo). En el otro extremo, la industria editorial en general ve a estas promesas como espejos de colores que no suelen tener un real impacto, y generalmente los editores desestiman a la autopublicación, llegando a considerarla en ocasiones un fenómeno ajeno al sector, y desprestigiándola por publicar obras de una supuesta menor “calidad” de contenido.

Una de las primeras consecuencias que emergen de estas nuevas posibilidades es la sobreabundancia de contenidos que genera la elevada cantidad de títulos que se publican día a día. Para muestra, un dato contundente: entre el 2011 y el 2016 se publicaron más de 800.000 libros bajo la modalidad de autopublicación en los Estados Unidos (según lo releva Bowker, la agencia que registra el ISBN en los Estados Unidos, en su último reporte http://media.bowker.com/documents/bowker-selfpublishing-report2016.pdf), lo que señala un crecimiento exponencial del 218% durante ese periodo . Y tengamos en cuenta que en 2006, cuando se presentó por primera vez el Kindle, solo había registradas unas 80.000 obras bajo esta modalidad. En América Latina ocurre un fenómeno similar. Entre los años 2006 y 2016, se registraron 88.819 libros bajo el signo de autopublicación, marcando un 351% de incremento durante ese periodo (con base en la información generada por las propias agencias de cada país).

A estos números, que ya reflejan un importante crecimiento de por sí, debemos sumarle que una gran parte de los libros autopublicados que se distribuyen en la actualidad no poseen ISBN, ya que las propias plataformas han flexibilizado este requisito para publicar un contenido. En Amazon, por ejemplo, el 43% de los libros digitales que se vendieron durante el 2016 no tenían ISBN.

Esta sobreabundancia de contenidos que ha generado la autopublicación en los últimos diez años (aunque no es consecuencia única de este fenómeno) tiene al menos dos efectos concretos en la industria editorial. Uno es la invisibilidad de los contenidos. Cien libros autopublicados no hacen efecto. Mil tampoco. Pero decenas de miles en todo el mundo sí generan como resultado que la visibilidad de los contenidos se convierta en una problemática y un desafío mayúsculo para la estrategia de comercialización de pequeñas y grandes editoriales. El segundo efecto que genera es una enorme deflación en los precios. A mayor cantidad de contenidos que se ofrecen, los precios necesariamente descienden. Y quienes están más dispuestos a bajar estos precios son los autores en forma directa (en promedio, un libro autopublicado tiene un precio de entre USD 0,99 y USD 3,99, al menos un 50% inferior al de los títulos de editoriales tradicionales), lo que presiona de algún modo a toda la industria a reducir sus precios para poder competir con esta oferta de contenidos, lo que no siempre es posible (ni deseable).

Muchos analistas consideran que la autopublicación representa una seria amenaza para la industria, tal y como lo conocemos, e implicará cambios y modificaciones mucho más fuertes de las que estamos viendo. Pero hasta el momento, al menos, lo que ha ocasionado en primer término es que emerjan nuevas empresas y profesionales de la industria que hoy están destinados a este creciente fenómeno. Nuevos emprendimientos disruptivos como Wattpad, nuevas empresas con servicios editoriales para el autor, y empresas tradicionales del propio sector (como el Grupo Planeta o Casa del Libro) que también ofrecen servicios, invirtiendo los roles y convirtiendo al autor en un nuevo cliente del sector editorial. Por lo tanto, en primer término la autopublicación no debe ser vista tanto como una amenaza al sector, sino como un fenómeno que supone nuevos desafíos en un mercado que se presenta como más competitivo en la oferta de contenidos.

Es en este contexto que resulta imprescindible estudiar y comprender al fenómeno creciente de la autopublicación y su efecto en la economía de  las conocidas como industrias creativas. ¿Cuáles son las características que posee y cómo ha sido su evolución en los últimos años? ¿En qué se modifica o se ve afectada realmente la industria? ¿Cuáles son las nuevas empresas que surgen en este contexto y qué servicios ofrecen a los autores? ¿Qué alternativas finalmente tiene un autor al momento de publicar una obra? ¿Cuáles son los desafíos que enfrentan los editores y el resto de los actores de la cadena? ¿Cuál es la calidad de una obra autopublicada? ¿Cómo es la nueva industria de servicios que se desarrolla en torno a los autores? Y finalmente, ¿cuáles son las amenazas y preocupaciones que debe despertar a la industria este fenómeno? Estas son algunas de las preguntas sobre las que el Cerlalc quiere ofrecer luces mediante el desarrollo de una investigación dedicada al panorama de la autopublicación en Latinoamérica.

 

 

Edición universitaria en América Latina: lo que dicen los datos

 

Por Marianne Ponsford

No hay duda de que el sector de la edición universitaria en América Latina se ha fortalecido durante los últimos diez años. Es grato reconocer que de aquel sector que necesitaba urgentemente contar con políticas que aseguraran su autonomía y continuidad, que fomentaran la profesionalización de sus equipos y que identificaba en la piratería y la fotocopia ilegal su principal obstáculo, tan bien caracterizado en la investigación Las editoriales universitarias en América latina[i], hoy exista una versión adulta que tiene clara su misión como vehículo para difundir conocimientos útiles para el desarrollo de las sociedades.

Es incluso más satisfactorio saber que la edición universitaria no solo se ha fortalecido, sino que se ha posicionado como uno de los segmentos con mejor proyección dentro de la industria editorial en Latinoamérica. Porque mientras otros agentes del ecosistema del libro tienen dificultades para adaptar su tradicional modelo de negocio a los cambios que generan el uso de las nuevas tecnologías y los nuevos enfoques de las políticas internacionales que fomentan el acceso libre al conocimiento, los modelos alternativos e independientes de las editoriales universitarias han logrado implementar estrategias novedosas para fomentar la publicación digital, al acceso abierto a los contenidos y la promoción de la bibliodiversidad.

Estas afirmaciones halagadoras y optimistas tienen un sustento real en los datos recolectados por las agencias de ISBN de la región y que han sido analizados ampliamente en la investigación El espacio iberoamericano del libro 2016[ii], publicada por el Cerlalc este año. Según los análisis del Cerlalc, en el 2015, los avances de la edición universitaria de la región son importantes: su participación en el total de libros editados en América Latina se ha incrementado y es significativa, la cantidad de títulos también ha crecido y no dejan de hacerlo año tras año y hoy imprimen más ejemplares y publican más en formatos digitales que cualquier otro agente editorial. Además, los libros son de tantas y tan variadas áreas del conocimiento como son diversos los programas curriculares que existen en la gran red de universidades del sistema educativo latinoamericano. Pero veamos lo que dicen los datos sobre la edición universitaria de Latinoamérica.

Las editoriales universitarias latinoamericanas hoy tienen más títulos y logran una participación mayor en la producción editorial total de sus países, lo que favorece la bibliodiversidad en la región. En nueve países de América Latina, los títulos registrados por las editoriales universitarias superan el 10 %. Los casos más significativos son los de Costa Rica, en donde la participación de las publicaciones universitarias es del 26%. En Ecuador y en Colombia, alcanzan el 20,5 %. En El Salvador es del 20%, en México es del 16%, en Perú del 14%, en Chile del 12%, en Nicaragua del 11% y en Venezuela del 10%. En Colombia, por ejemplo, los 3634 libros registrados por editoriales universitarias representan el 20,5% de los libros registrados en el 2015, que son 17 723. En todo caso, entre los países de la región hay asimetrías. Eso lo confirma que, por ejemplo, en República Dominicana la participación solo alcanza el 6%, en Bolivia el 3% y en Paraguay el 2%.

Las editoriales universitarias latinoamericanas hoy producen más ejemplares de sus títulos, lo que favorece el acceso y la difusión del conocimiento. Según los datos de las agencias ISBN de la región, las editoriales universitarias imprimieron 10,4 millones de ejemplares de sus títulos en el 2015, lo que representa un aumento del 27% respecto al 2014. Los países que tienen el promedio de ejemplares por título más alto son Brasil con 1080 ejemplares, México con 831 y Perú con 757. El caso de Colombia es especial porque aunque las editoriales universitarias publicaron más títulos en el 2015, la cantidad de ejemplares impresos disminuyó en un 25% en comparación con el 2008. Esto puede tener que ver con que las políticas de las editoriales universitarias colombianas han determinado racionalizar los tirajes de las ediciones demasiado especializadas y técnicas y han optado por fortalecer la publicación en formatos digitales.

Las editoriales universitarias latinoamericanas hoy publican más títulos en formato digital, lo que favorece el acceso al conocimiento a través del uso de las tecnologías de la información. En el 2015, la edición de títulos universitarios latinoamericanos en formatos digitales alcanzó el 34% de las obras que publicaron estos agentes editoriales el mismo año. Esto representa un aumento de casi el doble en relación con los títulos aparecidos en formatos digitales en el 2010 y un avance importante en la inclusión del uso de las tecnologías de la información en las políticas editoriales. Pero este indicador contiene una alerta: la publicación digital continúa siendo mayoritariamente en PDF. Esto supone la necesidad de crear capacidades técnicas en lo que respecta al libro digital en las editoriales universitarias. En el caso colombiano, por ejemplo, de los 1422 libros digitales registrados por las universidades, 910 aparecieron en .pdf y solo 404 en .epub. Los pocos títulos restantes se publicaron en .html, .exe, .asci y en aplicaciones para IOS y Android.

Las editoriales universitarias en América Latina hoy publican en todas las áreas del conocimiento. Esto prueba que están cumpliendo con su misión de favorecer el desarrollo social de los países a través de la producción y difusión de conocimientos relevantes y útiles para la sociedad. En América Latina, la materia predominante son las ciencias sociales, con un 38% de participación; después está la tecnología con un 13% y la literatura con un 8%. Pero este resultado que se presenta de forma simple es tan complejo de calcular como es compleja la clasificación temática en los registros de las agencias ISBN. Un ejemplo claro es el de Colombia, donde los 3634 libros registrados por editoriales universitarias en el 2015 fueron clasificados en 508 áreas de conocimiento. Esto resulta en una temática por cada 6 libros. Además de indicar una gigantesca variedad de campos temáticos, esto también indica un cierto grado de desorganización que afecta la catalogación y el acceso a los libros.

Los datos de las agencias de ISBN de la región no mienten: los contundentes avances que la edición ha alcanzado en las universidades en América Latina son reales. La explicación de estos afortunados adelantos debe ser compleja y extensa, pero me atrevo a identificar dos causas principales que se originan en el interior mismo del sistema educativo universitario. La primera es que las políticas de fomento a la investigación se convirtieron en una condición obligatoria en las instituciones, lo que propicia que las universidades y sus profesores investigadores produzcan cada año más conocimientos en todas las áreas. La segunda es que dentro de los sistemas académicos fueron finalmente identificadas las oficinas de publicaciones como medios efectivos para la difusión de esa gran cantidad de conocimientos recientemente producidos. Esto permitió la tecnificación de las editoriales y la profesionalización de sus equipos.

Esta evidente relación de interdependencia de las editoriales y sus universidades hace que las 846 editoriales identificadas por las agencias ISBN reflejen las particularidades de la academia de cada uno de los países y las características generales del sistema educativo de Latinoamérica. Los datos dan de nuevo varias pistas que confirman esta afirmación. Por ejemplo, es significativo que la concentración de editoriales universitarias de la región se encuentre en solo tres países: Brasil, con un 23%, México, con el 18% y Colombia, con el 15%, suman el 56%. También dice mucho que, por ejemplo, en Colombia, el registro de libros universitarios se concentra en Bogotá, con un 51% de títulos registrados, y que en este país las universidades privadas publiquen más títulos que las universidades públicas (esta tendencia incluye la producción de libros digitales).

Tampoco podemos perder de vista que el fortalecimiento del sector editorial universitario en Latinoamérica es asimétrico y que no todas las editoriales cuentan con catálogos consolidados o con canales efectivos de distribución y comercialización, que las necesidades de profesionalización persisten y que todavía muchos gobiernos académicos desconocen los procesos propios de la publicación de libros. También subsisten algunos problemas: los catálogos mantienen libros con incidencia más política de los órganos de gobierno que de las agendas académicas; los diseños de las colecciones carecen de criterios estéticos definidos y podrían inspirarse más en la edición comercial; las librerías académicas escasean y las existentes no trabajan en red con las universidades; y, por último, las plantillas de editores tienen salarios menores que las de la edición nacional comercial, lo que los hace menos competitivos. Estos cuellos de botella no son irremediables, pero deben ser enfrentados con rapidez.

Para finalizar, hay que entender que el fortalecimiento generalizado de la industria editorial universitaria implica la aparición de nuevas problemáticas y de nuevos retos que requieren de acciones inmediatas por parte de todos los actores que hacen parte del sector. También es fundamental identificar que el más importante de estos retos es que los contenidos académicos y científicos sean percibidos como diversos, interesantes y útiles, para de esta manera crear y consolidar su público lector objetivo. Sería injusto no reconocer que este trabajo se viene haciendo. Prueba de esto es la presencia del debate sobre edición universitaria en las agendas culturales de las ferias del libro de Madrid, Lima, Bogotá, Panamá, Buenos Aires y Guadalajara, por mencionar algunas. Pero los esfuerzos necesarios sobrepasan el debate e incluyen temas como la función de los medios de comunicación, que desde la especialidad del periodismo científico pueden acercar el conocimiento académico a los públicos, y fomentar la participación de los títulos universitarios en los procesos de compras de libros que dotan a las bibliotecas públicas, lo que mejoraría el acceso abierto y público al conocimiento para todos. Una especial mención merece la reciente realización de la primera edición de la Feria Internacional del Libro Universitario de la UNAM, en la Ciudad de México, que es una prueba inequívoca del compromiso de la sociedad (gobiernos, empresa privada, academia y sociedad civil) con la creación de sociedades lectoras del conocimiento producido en las universidades.

 

[i] Rama, Claudio; Uribe, Richard. Las editoriales universitarias en América latina, de Sagastiazábal, Leandro; Cerlalc. Iesalc. 2006

[ii] Salinas, Lenin Monak. El espacio iberoamericano del libro 2016; Cerlalc. 2017

 

Publicado originalmente por la revista Unelibros edición No. 35 otoño 2017. Sección Firma Invitada.

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¿Para qué sirven las leyes de promoción de la lectura?

 

Por: José Castilho Marques Neto 

Vivo en un país, Brasil, en donde se puede aplicar con frecuencia un viejo dicho popular que afirma que hay leyes que se ejecutan y otras que jamás lo serán. En el lenguaje común, son las “¡leyes que pegan y las que no pegan!”. Considerado “natural” por buena parte de la población, ese lado perverso del “jeitinho brasileiro”[1] demuestra con claridad nuestro profundo atraso en cuestiones fuertemente relacionadas a las cuestiones democráticas, en una sociedad tan autoritaria y desigual como la brasileña.

No puedo afirmar que una visión tan limitada como esta, que no comprende el concepto y la utilidad de las leyes en una sociedad compleja, sea común a los países de nuestra región. No tengo conocimiento suficiente del conjunto de los países para cuestionar una visión de mundo que se asemeje a la brasileña, pero gracias a los muchos años que tengo como “viajero” por América Latina, y habiendo debatido en muchos y diversos foros nacionales e internacionales en los últimos 35 años, me atrevo a afirmar que las cuestiones que implican la lucha por legislaciones a favor del libro, la lectura, la literatura y las bibliotecas son algo aún distante para la mayoría de los militantes del sector.

En las diversas ocasiones en que debatí estas cuestiones, quienes las traían a la luz siempre eran profesionales con experiencia en organizaciones de cooperación internacional, como el Cerlalc, o agentes públicos interesados en conseguir alguna durabilidad temporal de los programas de promoción del libro y de la lectura en curso, en la coyuntura en la que actuaban. O incluso, por representantes de la economía del libro, empresarios del sector interesados en una legislación protectora, de preferencia que rebajara sus impuestos y tasas. De hecho, y haciendo ahora una retrospectiva, no recuerdo que el asunto “legislación” haya sido pauta de los muchos y muchos encuentros que tuve con la militancia, que conforma la formación lectora en toda Latinoamérica.

Los fomentadores y mediadores de la lectura piensan en todo, pero creo que no consideran con la debida importancia el hecho de que exista o no una ley que reglamente las cuestiones vinculadas a la lectura. Preocupados con sus acciones y programas, con el espíritu emprendedor nato y las enormes dificultades que acompañan las iniciativas que llevan a cabo en la base de la pirámide social, en las escuelas, en las asociaciones de barrio, en las periferias, en los campos y lugares casi inaccesibles, esos liderazgos consideran, en general, que la legislación no es esencial.

Evidentemente estoy generalizando y siempre será posible encontrar en la militancia por la lectura a aquellos que conocen la importancia y defienden la lucha por la creación y perfeccionamiento de leyes para el sector. Pero me atrevo a afirmar que la mayoría de los liderazgos no considera central ese reto y muchos incluso lo desconocen. Tanto se presenta esto como verdad, que una de las preguntas que más me hacen es: “¿para qué sirven las leyes del libro y la lectura?”. Con cierta frecuencia, esa pregunta se completa con una afirmación: “Necesitamos recursos y reconocimiento del trabajo que hacemos, no leyes”.

Con todo el respeto por los resultados que los trabajos de formación de lectores presentan con mucha constancia en toda América Latina, estoy en firme desacuerdo con el menosprecio que hemos demostrado frente a las leyes para el sector y su defensa como estrategia fundamental para que obtengamos políticas públicas de libro, lectura, literatura y bibliotecas en nuestros países.

La lucha por la conquista de legislaciones que obliguen al poder público a tener políticas públicas de lectura oficialmente instituidas, con directrices democráticas e incluyentes y recursos destinados a su ejecución, es una estrategia cada vez más necesaria en un escenario político e institucional muy variable, a veces incierto, en donde conceptos como el de “posverdad” surgen para contradecir la nítida verdad de los hechos que están frente a nuestros ojos, nuestra razón y nuestra sensibilidad. Al fin y al cabo, mis estimados amigos, los gobiernos realmente hacen las políticas públicas cuando promulgan marcos legales (leyes, decretos, resoluciones) y le aplican recursos a esa política. Sin esos dos requisitos, lo que tendremos es la retórica y discursos vacíos de los gobernantes.

Defender nuestros derechos democráticos como ciudadanos, y defender el derecho a la lectura como un derecho humano para todos, es un asunto demasiado serio y estratégicamente fundamental para la formación integral de las personas y para nuestro desarrollo sostenible. Por eso, no puede quedar a la deriva de las voluntades e idiosincrasias de los gobernantes y liderazgos presentes o futuros. Es necesario imponer esa voluntad de la mayoría, de ejercer sus habilidades y sensibilidades en la lectura, en textos de leyes perennes, orientadoras de las directrices públicas de toda la cadena creativa, productiva, distributiva y mediadora de la lectura, haciendo real o posible en determinado plazo la política de lectura en los países de la región.

Para nuestros países, en los que los niveles de lectura y de formación de lectores son inadmisibles y es necesario avanzar mucho, obtener legislación adecuada y generosa para ampliar el acceso al libro y a la lectura, formar mediadores y apoyar la economía del libro se tornan medidas urgentes provenientes de la buena aceptación que todos los países tuvieron de la aplicación de los primeros Planes Nacionales de Lectura, desde el año 2006.

Exitosos en su corta duración hasta ahora, algunos avanzando, otros naufragando, los Planes Nacionales de Lectura mostraron con claridad que, antes que nada, necesitamos un buen tiempo para alcanzar de hecho un avance significativo en el índice de lectura y de alfabetización en nuestros países. Necesitamos tiempo y trabajos coherentes de formación lectora, que pasarán por generaciones hasta que nos consideremos países lectores, en donde el derecho a la lectura sea ejercido plenamente y fomentado por el poder público.

¿Cómo avanzar ese tiempo en una sociedad movida por intereses profundos si no tenemos un marco legal, una letra marcada en nuestras legislaciones, que nos garantice luchar como ciudadanos por el derecho a la lectura?

No debemos tergiversar lo que es fundamental para nuestra sociedad y para nuestra permanencia como seres humanos que buscan la equidad. No olvidemos que cuando se trata de derechos humanos, aquellos que están contra ellos siempre evitarán los compromisos en relación a su ejercicio efectivo. Y nuestro compromiso debe quedar bien grabado, permanentemente, en una legislación clara y objetiva, que delimite y establezca los caminos de acción de la lectura del Estado.

La respuesta a la pregunta que titula este artículo es simple y directa: necesitamos leyes que instituyan y defiendan el derecho a la lectura y todos los vínculos de ese sector de la cultura, ya que implican un compromiso, un pacto social realizado por la mayoría de la sociedad que entiende la importancia estratégica de la lectura para el desarrollo sostenible de nuestras naciones.

La lucha por estas leyes, junto con la lucha por la implantación de las que ya fueron promulgadas, debe ser parte efectiva de nuestras reivindicaciones frente a los poderes ejecutivo, legislativo y judicial en nuestros países. Incorporar las banderas de marcos legales para el libro, la lectura, la literatura y las bibliotecas con la finalidad de fomentar políticas públicas de inclusión es un asunto urgente y forjará una legitimidad aún mayor a nuestros movimientos cotidianos, para formar lectores y ciudadanos.

 

[1] La expresión “jeitinho brasileiro” no tiene una traducción literal en español, aunque “jeito” significa habilidad, destreza o forma de ser. “Jeitinho brasileiro” se usa para expresar una manera “especial” de resolver una situación difícil o adversa a los objetivos de un individuo; puede ser vista como una manera creativa, astuta o propia de alguien con habilidades, pero también es vista como una manera poco ortodoxa o legal de resolver el problema.

Ferias del libro, ¿cómo se organizan y financian?

 

Por: José Diego González M.

El calendario ferial en Iberoamérica es hoy un calendario nutrido, en el que aparecen ferias que completan incluso más de cuatro décadas de existencia. En una sucinta cronología, este es el origen de algunas, solo algunas, de las ferias que conforman dicho calendario. En 1970 se realiza la primera versión de la Bienal del Libro de Sao Paulo. Al año 1975 se remonta la aparición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Las de Santiago y del Palacio de la Minería, en México, surgen en 1980. En 1982 se celebra la primera versión de la Feria Internacional del Libro de La Habana y, ese mismo año, la Feria del Libro de Madrid adquiere su forma actual, cuando su organización la asume el Gremio de Libreros de la ciudad. De 1987 son las ferias de Bogotá y de Guadalajara. Ya en la década de los noventa nacen las ferias de Lima, Costa Rica y Santo Domingo.

Se trata, en todos los casos, de ferias pensadas para el público en general, orientadas a la venta de libros y que cuentan con programación cultural y académica. Sus fines no son, por tanto, comparables a los de las ferias que están pensadas exclusivamente para profesionales, como ocurre con las de Fráncfort o Londres. Sin embargo, varias de las ferias enumeradas sí disponen tanto de actividades destinadas al encuentro y a la formación de los profesionales del sector como de espacios de negocios (ruedas, salones de derechos, etc.). Son, en definitiva, eventos con un perfil mixto que persiguen objetivos muy similares: fortalecer el mercado del libro, fomentar la lectura y propiciar la confluencia de los distintos actores que conforman la cadena de valor del libro. Al respecto, la Unesco indica: “Las ferias son espacios concentradores que reúnen a compradores y vendedores profesionales de forma periódica, durante un lapso acotado de tiempo (por ejemplo, una o dos semanas cada año o cada dos años). La mayoría están abiertas al público en general. La potencialidad de cada espacio suele estar perfectamente identificada por los actores sectoriales, quienes conocen la modalidad comercial particular en la que se desenvuelve cada una”[1].

A lo anterior habría que añadir que las ferias del libro, especialmente en los países latinoamericanos, no sólo han terminado por suplir las dificultades para acceder a los libros causadas por tejidos libreros precarios y caracterizados por una altísima concentración en las capitales, sino que se han convertido en el único punto de contacto con los libros de una proporción considerable de la población que no suele visitar librerías, ni bibliotecas. Todo esto las ha convertido en actividades de interés cultural para el beneficio de la ciudadanía.

Aunque son muchas las coincidencias entre las ferias del libro que se realizan en la región, en cuanto a perfiles y objetivos, no son pocas, en cambio, las diferencias que surgen cuando se observa la forma como se organizan, gestionan y financian. Identificar estas particularidades constituye un ejercicio de interés, en la medida en que puede conducir a reconocer un conjunto de buenas prácticas que redunde en el fortalecimiento de las ferias de la región en general y, en especial, de las de más reciente creación.

De ahí que el Cerlalc considere relevante hacer una investigación sobre los modelos de gestión y financiación de las ferias de libro de mayor trayectoria, que concluirá con la publicación de un documento en abril de 2018, en el que se espera ofrecer, más que fórmulas intercambiables de un país a otro, un conjunto de elementos susceptibles de adaptarse a las características socioeconómicas y al grado de desarrollo del sector editorial en cada país. Con esto se busca aprovechar y poner en valor la experiencia adquirida por ferias cuya relevancia ha trascendido el ámbito estrictamente nacional para brindar un marco de referencia a los interesados en mejorar las ferias que organizan.

Además de los aspectos estrictamente organizativos, en el documento se explorarán las medidas públicas de apoyo para la organización de ferias del libro existentes en algunos países, las distintas formas de patrocinio mediante las cuales el sector privado apoya la realización de estos eventos y los programas de los que disponen las propias ferias para atraer la participación de otros actores de la cadena de valor como librerías o bibliotecas.

Cabe señalar que no es la primera vez que el Cerlalc busca ofrecer elementos sobre las ferias del libro que puedan ser de interés para los actores del sector. En 2011 se publicó el Manual de ferias del libro, dirigido a expositores y visitantes profesionales, un libro en el que se brindaban desde consejos de orden práctico para la participación en una feria (reserva de espacios, diseño y construcción de los estands, inscripción en las ruedas de negocios, etc.) hasta orientaciones para la negociación de derechos. En el Manual se reflexiona, además, sobre el papel de las ferias del libro como motor para el desarrollo del sector editorial y su profesionalización, así como también en torno a su condición de espacios culturales. Su consulta resultará, sin duda, de interés para todo el que quiera introducirse en el tema.

[1] Políticas para la creatividad. Guía para el desarrollo de las industrias culturales. París: Unesco, 2010.

 

 

Bibliotecas para la Paz recibe VI Premio Internacional Aclebim de Bibliotecas Públicas Móviles en España

 

El 21 de octubre, el Proyecto Bibliotecas Públicas Móviles ‘Leer es mi cuento’ del Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional de Colombia será reconocido con el Premio internacional ACLEBIM de Bibliotecas Públicas Móviles. El jurado destacó que el proyecto es de “aquellos ejemplos que ponen especial énfasis en su papel central para la creación y el mantenimiento del concepto de comunidad, sirviendo a la vez de escenario a la misma, de elemento de cohesión, de centro de recursos, de dinamizador y de esperanza para el presente y el futuro de todos”.     

Más información en la página de la Biblioteca Nacional de Colombia.  http://bibliotecanacional.gov.co/es-co/actividades/noticias/en-la-rnbp/bibliotecas-para-la-paz-obtienen-premio-internacional

 

Foto tomada de la página web de la Biblioteca Nacional. 

El Sistema Nacional de Bibliotecas de Costa Rica, una respuesta oportuna para la gestión de la información

 

Por: Lovania Garmendia Bonilla

 

No se progresa mejorando lo que ya está hecho,

sino esforzándose por lograr lo que aún queda por hacer.”

Kahil Gibrán

El desarrollo de las bibliotecas en Costa Rica se puede ubicar en la segunda mitad del siglo XIX, luego de la llegada de la imprenta en 1830 y las reformas educativas que promovieron el establecimiento de la Dirección General de Bibliotecas en 1890, la creación de Bibliotecas Públicas en el distrito de San Ramón (1879) y las cabecera de provincia de Cartago (1882), Alajuela (1887) y Heredia (1890). Además, en el año 1888 se fundó la Biblioteca Nacional. Posteriormente se crearon más bibliotecas públicas por medio de la alianza con municipalidades, fundaciones o asociaciones que han identificado la biblioteca como aliado estratégico para el desarrollo cultural, social y económico del país y con las cuales se firmaron convenios en el año 1982.

En el año 1999 se crea el Sistema Nacional de Bibliotecas (SINABI) mediante decreto número 23382-C, en el que se oficializa como órgano rector de las bibliotecas públicas y de la Biblioteca Nacional, renovando las funciones y organización en concordancia con la funcionalidad institucional del momento. El proceso histórico de la Biblioteca Nacional y las bibliotecas públicas de Costa Rica ha permitido que para el año 2017 el SINABI esté conformado por 61 bibliotecas. (Véase mapa)

 

Fuente: Dirección de Bibliotecas Públicas

La estructura orgánica del SINABI está conformada por la Dirección General, la Dirección de Bibliotecas Públicas (con sus 60 bibliotecas públicas y el servicio de Bibliobús), la Dirección de Biblioteca Nacional (con sus diferentes secciones), y las unidades Administrativo Contable, Automatización, Proyectos de Construcción, Unidad Técnica (con la Agencia Nacional ISBN-ISSN), el Archivo Central y el Taller de Conservación y Restauración. (Véase video).

Cada uno de estos elementos conforma un Sistema Nacional de Bibliotecas con solidez administrativa y legislativa, el cual cuenta con profesionales con mística y compromiso que dirigen y laboran en cada unidad o departamento. Como referente nacional en el campo de la bibliotecología, el SINABI brinda capacitación y orientación para las comunidades que pretenden crear una biblioteca pública, una sala de lectura, una biblioteca comunal o desarrollar actividades de promoción del gusto por la lectura. La conformación y funcionamiento como Sistema ha permitido establecer siete programas en los cuales convergen las actividades de las bibliotecas del SINABI, a saber: Soy bebé y me gusta leer; Arcoíris de lectura; ¡Pura vida! Jóvenes a leer; La biblioteca pública de la mano con la persona adulta; Huellas de oro; Biblioteca de puertas abiertas; Bibliobús: Viajemos con la lectura. (Véase video).

La teoría general de sistemas, concebida por Ludwig von Bertalanffy en la década de 1940, ofrece una forma de mirar el SINABI como la interacción de las partes para conformar la totalidad y viceversa. Las bibliotecas, como unidades culturales, educativas y de información, son en sí mismas sistemas y subsistemas debido a su organización y funcionamiento. Toda acción de la biblioteca y las unidades administrativas debe conceptualizarse como un patrón circular de estímulo y respuesta dinámico entre las diferentes unidades y su relación con su ámbito de acción o el suprasistema correspondiente.

Reunión general anual con todo el personal del SINABI (Biblioteca Nacional y las diferentes unidades de las 60 bibliotecas públicas de todo el país). Foto de la autora.

Cada uno de los programas del SINABI está estrechamente relacionado con las metas del Plan Nacional de Desarrollo del Estado y con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas y enlazados de forma complementaria. Desde cada biblioteca, departamento o unidad se apoyan las acciones del país en cumplimiento con los compromisos internacionales.

La estructura sólida del Sistema ha permitido direccionar el quehacer del personal hacia un rumbo común en beneficio de la totalidad. La promoción de la lectura en diferentes grupos de edad se ha desarrollado desde hace varios años en las bibliotecas del SINABI. En el año 2005 se instauró el “Festival Nacional del Libro y las Bibliotecas Públicas” en el entorno de la celebración del día del libro. En el año 2008, “Año Internacional de las Bibliotecas Públicas”, se inició el proceso de enmarcar las actividades de cada mes con un tema general para todas las bibliotecas. Posteriormente, en el año 2010, luego de sesiones de trabajo en equipo y de consulta a diferentes actores de las bibliotecas públicas, se seleccionaron los nombres de los programas conocidos actualmente para enmarcar las actividades que realizan las bibliotecas en beneficio de los diferentes grupos etarios cuyo tema transversal es la promoción del gusto por la lectura de diferentes formas. Este accionar ha permitido que las comunidades redescubrieran las colecciones de las bibliotecas y a la biblioteca como espacio de encuentro, socialización y aprendizaje permanente.

La conformación del Sistema ha requerido de ajustes y organización del quehacer de forma conjunta e integrada tomando en cuenta a cada individuo y el interés institucional, varios elementos han sido estratégicos para la integración de las partes, entre ellos:

  • La comunicación ha sido uno de los emblemas que ha permitido la definición más clara del norte del SINABI, ya que ha permitido crear de forma conjunta, las líneas y procedimientos con base en la puesta en común de ideas, la capacitación permanente y la actualización constante de procesos y procedimientos de labores y servicios en beneficio de la comunidad.
  • El desarrollo de actividades y programas integrales desde las bibliotecas públicas es una estrategia democrática de inclusión de la comunidad costarricense en la sociedad de la información, y de este modo se responde a las necesidades públicas y privadas de recurso humano con mayores conocimientos en la búsqueda, localización, selección y uso de la información para la toma de decisiones asertivas.
  • La capacitación y actualización tecnológica de forma personalizada que atiende las inquietudes y necesidades individuales ha permitido mayor identificación y comprensión por parte de cada participante con el interés común. Dicha propuesta debe convertir la biblioteca en un espacio de encuentro, socialización y aprendizaje interesante, llamativo y ameno que estimule la creatividad, la imaginación y el pensamiento crítico.
  • Las bibliotecas públicas del SINABI asumieron el reto de ofrecer a la comunidad un abanico de opciones culturales de información y recreación de acuerdo con los nuevos requerimientos de los usuarios. Estanterías abiertas, préstamo a domicilio, cursos de alfabetización informacional, talleres de estimulación del gusto por la lectura desde la temprana edad, entre otras.
  • La identificación clara de metas y objetivos permite que el personal se encamine hacia el fin común de forma natural en beneficio de la comunidad. Las metas planteadas en los planes de trabajo generalmente son superadas ya que, gracias a la gestión local realizada por los bibliotecólogos y bibliotecólogas, siempre surgen nuevas actividades con apoyo de la comunidad, voluntariado, trabajo comunal, entre otros.
  • El relevo generacional del personal ha requerido de organización de los elementos del Sistema de forma que permita dar continuidad al trabajo desarrollado y la incorporación de la innovación y la creatividad. La alianza con gobiernos locales y la empresa privada se ha orientado hacia los fines comunes en beneficio de la comunidad en la cual se identifican resultados comunes de negociación y ganancia mutua. Este papel de la biblioteca como componente proactivo del quehacer de la sociedad redunda en un impacto para el país como apoyo al desarrollo integral de la niñez y la juventud para su posterior incorporación al mundo laboral con mejores estrategias en el uso inteligente de la información para la toma de decisiones personales, profesionales y laborales con responsabilidad social, ambiental y de respeto a la diversidad de miembros de la sociedad.

Para el SINABI funcionar como Sistema ha sido estratégico y ha permitido alcanzar los siguientes logros, además de los antes mencionados:

  • Realizar análisis en tiempo real de labores, servicios y actividades de las bibliotecas en cada uno de los siete programas y el quehacer de las oficinas administrativas.
  • Hacer parte de la política pública de Telecomunicaciones del país.
  • Firmar un convenio con el Ministerio de Ciencia y Tecnología para incorporar a las bibliotecas en el servicio de Centro Comunitario Inteligente.
  • Firmar un convenio con el Ministerio de Justicia para la incorporación de una biblioteca en siete Centros Cívicos para la generación de la cultura de paz y prevención de la violencia.
  • Establecer una alianza con el Ministerio de Educación Pública y el Colegio de Profesionales en Bibliotecología para la promoción e implementación de la agenda 2030.

Conformar la organización de las bibliotecas públicas y la Biblioteca Nacional como un Sistema es la forma más efectiva y eficiente de aprovechar los recursos y el talento humano para brindar mejores servicios a la comunidad y apoyar el desarrollo económico y social de un país. A la Dirección de Bibliotecas Públicas le corresponde el planeamiento organización y supervisión de las actividades profesionales, técnicas y administrativas que se desarrollan en las bibliotecas públicas. La gestión que se realiza en esta dirección ha requerido de la aplicación de conocimientos profesionales y amplia experiencia en el campo de la bibliotecología, gestión de la información, administración, administración pública y en aplicación de programas de gestión bibliotecaria, así como el conocimiento de la legislación nacional e internacional y normativas institucionales.

La función de la Dirección de bibliotecas públicas ha obligado a la actualización y transferencia permanente de conocimientos en concordancia con el contexto de la sociedad de la información y el conocimiento de forma que permita apoyar la labor en cada biblioteca pública del Sistema por medio de la elaboración de propuestas modernas con base en el trabajo en equipo y la gestión documental y bibliotecaria como un esfuerzo interdisciplinario de alfabetización en información.

En este nuevo mundo lleno de tecnologías y necesidades socioculturales la Dirección de Bibliotecas Públicas enfrenta el reto de asumir un papel activo en el desarrollo del personal de las bibliotecas en la sociedad de la información y el conocimiento y debe cumplir con el papel que le corresponde en la concientización de los funcionarios respecto al valor de la información en el proceso de crecimiento de la comunidad a la cual sirve, así como el papel que debe asumir en el contexto de la realidad actual.

 

Referencias

Garmendia Bonilla, Lovania. (2016). Informe Anual. San José, C.R.

Garmendia Bonilla, Lovania. (2017). Informe de seguimiento semestral 2017. San José, C.R.

Reseña histórica Biblioteca Pública de Heredia. Disponible en: http://bibliotecaheredia.com/acerca/. Consultado el 17 agosto 2017.

Biblioteca Pública de Alajuela – Miguel Obregón Lizano. Disponible en: https://si.cultura.cr/infraestructura/biblioteca-publica-de-alajuela-miguel-obregon-lizano.html. Consultado el 17 agosto 2017.

Reseña histórica Biblioteca Pública de San Ramón. Disponible en: https://si.cultura.cr/infraestructura/biblioteca-publica-de-san-ramon-ramon-echavarria-mesen.html.  Consultado el 17 agosto 2017.