Edición universitaria en América Latina: lo que dicen los datos

 

Por Marianne Ponsford

No hay duda de que el sector de la edición universitaria en América Latina se ha fortalecido durante los últimos diez años. Es grato reconocer que de aquel sector que necesitaba urgentemente contar con políticas que aseguraran su autonomía y continuidad, que fomentaran la profesionalización de sus equipos y que identificaba en la piratería y la fotocopia ilegal su principal obstáculo, tan bien caracterizado en la investigación Las editoriales universitarias en América latina[i], hoy exista una versión adulta que tiene clara su misión como vehículo para difundir conocimientos útiles para el desarrollo de las sociedades.

Es incluso más satisfactorio saber que la edición universitaria no solo se ha fortalecido, sino que se ha posicionado como uno de los segmentos con mejor proyección dentro de la industria editorial en Latinoamérica. Porque mientras otros agentes del ecosistema del libro tienen dificultades para adaptar su tradicional modelo de negocio a los cambios que generan el uso de las nuevas tecnologías y los nuevos enfoques de las políticas internacionales que fomentan el acceso libre al conocimiento, los modelos alternativos e independientes de las editoriales universitarias han logrado implementar estrategias novedosas para fomentar la publicación digital, al acceso abierto a los contenidos y la promoción de la bibliodiversidad.

Estas afirmaciones halagadoras y optimistas tienen un sustento real en los datos recolectados por las agencias de ISBN de la región y que han sido analizados ampliamente en la investigación El espacio iberoamericano del libro 2016[ii], publicada por el Cerlalc este año. Según los análisis del Cerlalc, en el 2015, los avances de la edición universitaria de la región son importantes: su participación en el total de libros editados en América Latina se ha incrementado y es significativa, la cantidad de títulos también ha crecido y no dejan de hacerlo año tras año y hoy imprimen más ejemplares y publican más en formatos digitales que cualquier otro agente editorial. Además, los libros son de tantas y tan variadas áreas del conocimiento como son diversos los programas curriculares que existen en la gran red de universidades del sistema educativo latinoamericano. Pero veamos lo que dicen los datos sobre la edición universitaria de Latinoamérica.

Las editoriales universitarias latinoamericanas hoy tienen más títulos y logran una participación mayor en la producción editorial total de sus países, lo que favorece la bibliodiversidad en la región. En nueve países de América Latina, los títulos registrados por las editoriales universitarias superan el 10 %. Los casos más significativos son los de Costa Rica, en donde la participación de las publicaciones universitarias es del 26%. En Ecuador y en Colombia, alcanzan el 20,5 %. En El Salvador es del 20%, en México es del 16%, en Perú del 14%, en Chile del 12%, en Nicaragua del 11% y en Venezuela del 10%. En Colombia, por ejemplo, los 3634 libros registrados por editoriales universitarias representan el 20,5% de los libros registrados en el 2015, que son 17 723. En todo caso, entre los países de la región hay asimetrías. Eso lo confirma que, por ejemplo, en República Dominicana la participación solo alcanza el 6%, en Bolivia el 3% y en Paraguay el 2%.

Las editoriales universitarias latinoamericanas hoy producen más ejemplares de sus títulos, lo que favorece el acceso y la difusión del conocimiento. Según los datos de las agencias ISBN de la región, las editoriales universitarias imprimieron 10,4 millones de ejemplares de sus títulos en el 2015, lo que representa un aumento del 27% respecto al 2014. Los países que tienen el promedio de ejemplares por título más alto son Brasil con 1080 ejemplares, México con 831 y Perú con 757. El caso de Colombia es especial porque aunque las editoriales universitarias publicaron más títulos en el 2015, la cantidad de ejemplares impresos disminuyó en un 25% en comparación con el 2008. Esto puede tener que ver con que las políticas de las editoriales universitarias colombianas han determinado racionalizar los tirajes de las ediciones demasiado especializadas y técnicas y han optado por fortalecer la publicación en formatos digitales.

Las editoriales universitarias latinoamericanas hoy publican más títulos en formato digital, lo que favorece el acceso al conocimiento a través del uso de las tecnologías de la información. En el 2015, la edición de títulos universitarios latinoamericanos en formatos digitales alcanzó el 34% de las obras que publicaron estos agentes editoriales el mismo año. Esto representa un aumento de casi el doble en relación con los títulos aparecidos en formatos digitales en el 2010 y un avance importante en la inclusión del uso de las tecnologías de la información en las políticas editoriales. Pero este indicador contiene una alerta: la publicación digital continúa siendo mayoritariamente en PDF. Esto supone la necesidad de crear capacidades técnicas en lo que respecta al libro digital en las editoriales universitarias. En el caso colombiano, por ejemplo, de los 1422 libros digitales registrados por las universidades, 910 aparecieron en .pdf y solo 404 en .epub. Los pocos títulos restantes se publicaron en .html, .exe, .asci y en aplicaciones para IOS y Android.

Las editoriales universitarias en América Latina hoy publican en todas las áreas del conocimiento. Esto prueba que están cumpliendo con su misión de favorecer el desarrollo social de los países a través de la producción y difusión de conocimientos relevantes y útiles para la sociedad. En América Latina, la materia predominante son las ciencias sociales, con un 38% de participación; después está la tecnología con un 13% y la literatura con un 8%. Pero este resultado que se presenta de forma simple es tan complejo de calcular como es compleja la clasificación temática en los registros de las agencias ISBN. Un ejemplo claro es el de Colombia, donde los 3634 libros registrados por editoriales universitarias en el 2015 fueron clasificados en 508 áreas de conocimiento. Esto resulta en una temática por cada 6 libros. Además de indicar una gigantesca variedad de campos temáticos, esto también indica un cierto grado de desorganización que afecta la catalogación y el acceso a los libros.

Los datos de las agencias de ISBN de la región no mienten: los contundentes avances que la edición ha alcanzado en las universidades en América Latina son reales. La explicación de estos afortunados adelantos debe ser compleja y extensa, pero me atrevo a identificar dos causas principales que se originan en el interior mismo del sistema educativo universitario. La primera es que las políticas de fomento a la investigación se convirtieron en una condición obligatoria en las instituciones, lo que propicia que las universidades y sus profesores investigadores produzcan cada año más conocimientos en todas las áreas. La segunda es que dentro de los sistemas académicos fueron finalmente identificadas las oficinas de publicaciones como medios efectivos para la difusión de esa gran cantidad de conocimientos recientemente producidos. Esto permitió la tecnificación de las editoriales y la profesionalización de sus equipos.

Esta evidente relación de interdependencia de las editoriales y sus universidades hace que las 846 editoriales identificadas por las agencias ISBN reflejen las particularidades de la academia de cada uno de los países y las características generales del sistema educativo de Latinoamérica. Los datos dan de nuevo varias pistas que confirman esta afirmación. Por ejemplo, es significativo que la concentración de editoriales universitarias de la región se encuentre en solo tres países: Brasil, con un 23%, México, con el 18% y Colombia, con el 15%, suman el 56%. También dice mucho que, por ejemplo, en Colombia, el registro de libros universitarios se concentra en Bogotá, con un 51% de títulos registrados, y que en este país las universidades privadas publiquen más títulos que las universidades públicas (esta tendencia incluye la producción de libros digitales).

Tampoco podemos perder de vista que el fortalecimiento del sector editorial universitario en Latinoamérica es asimétrico y que no todas las editoriales cuentan con catálogos consolidados o con canales efectivos de distribución y comercialización, que las necesidades de profesionalización persisten y que todavía muchos gobiernos académicos desconocen los procesos propios de la publicación de libros. También subsisten algunos problemas: los catálogos mantienen libros con incidencia más política de los órganos de gobierno que de las agendas académicas; los diseños de las colecciones carecen de criterios estéticos definidos y podrían inspirarse más en la edición comercial; las librerías académicas escasean y las existentes no trabajan en red con las universidades; y, por último, las plantillas de editores tienen salarios menores que las de la edición nacional comercial, lo que los hace menos competitivos. Estos cuellos de botella no son irremediables, pero deben ser enfrentados con rapidez.

Para finalizar, hay que entender que el fortalecimiento generalizado de la industria editorial universitaria implica la aparición de nuevas problemáticas y de nuevos retos que requieren de acciones inmediatas por parte de todos los actores que hacen parte del sector. También es fundamental identificar que el más importante de estos retos es que los contenidos académicos y científicos sean percibidos como diversos, interesantes y útiles, para de esta manera crear y consolidar su público lector objetivo. Sería injusto no reconocer que este trabajo se viene haciendo. Prueba de esto es la presencia del debate sobre edición universitaria en las agendas culturales de las ferias del libro de Madrid, Lima, Bogotá, Panamá, Buenos Aires y Guadalajara, por mencionar algunas. Pero los esfuerzos necesarios sobrepasan el debate e incluyen temas como la función de los medios de comunicación, que desde la especialidad del periodismo científico pueden acercar el conocimiento académico a los públicos, y fomentar la participación de los títulos universitarios en los procesos de compras de libros que dotan a las bibliotecas públicas, lo que mejoraría el acceso abierto y público al conocimiento para todos. Una especial mención merece la reciente realización de la primera edición de la Feria Internacional del Libro Universitario de la UNAM, en la Ciudad de México, que es una prueba inequívoca del compromiso de la sociedad (gobiernos, empresa privada, academia y sociedad civil) con la creación de sociedades lectoras del conocimiento producido en las universidades.

 

[i] Rama, Claudio; Uribe, Richard. Las editoriales universitarias en América latina, de Sagastiazábal, Leandro; Cerlalc. Iesalc. 2006

[ii] Salinas, Lenin Monak. El espacio iberoamericano del libro 2016; Cerlalc. 2017

 

Publicado originalmente por la revista Unelibros edición No. 35 otoño 2017. Sección Firma Invitada.

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¿Para qué sirven las leyes de promoción de la lectura?

 

Por: José Castilho Marques Neto 

Vivo en un país, Brasil, en donde se puede aplicar con frecuencia un viejo dicho popular que afirma que hay leyes que se ejecutan y otras que jamás lo serán. En el lenguaje común, son las “¡leyes que pegan y las que no pegan!”. Considerado “natural” por buena parte de la población, ese lado perverso del “jeitinho brasileiro”[1] demuestra con claridad nuestro profundo atraso en cuestiones fuertemente relacionadas a las cuestiones democráticas, en una sociedad tan autoritaria y desigual como la brasileña.

No puedo afirmar que una visión tan limitada como esta, que no comprende el concepto y la utilidad de las leyes en una sociedad compleja, sea común a los países de nuestra región. No tengo conocimiento suficiente del conjunto de los países para cuestionar una visión de mundo que se asemeje a la brasileña, pero gracias a los muchos años que tengo como “viajero” por América Latina, y habiendo debatido en muchos y diversos foros nacionales e internacionales en los últimos 35 años, me atrevo a afirmar que las cuestiones que implican la lucha por legislaciones a favor del libro, la lectura, la literatura y las bibliotecas son algo aún distante para la mayoría de los militantes del sector.

En las diversas ocasiones en que debatí estas cuestiones, quienes las traían a la luz siempre eran profesionales con experiencia en organizaciones de cooperación internacional, como el Cerlalc, o agentes públicos interesados en conseguir alguna durabilidad temporal de los programas de promoción del libro y de la lectura en curso, en la coyuntura en la que actuaban. O incluso, por representantes de la economía del libro, empresarios del sector interesados en una legislación protectora, de preferencia que rebajara sus impuestos y tasas. De hecho, y haciendo ahora una retrospectiva, no recuerdo que el asunto “legislación” haya sido pauta de los muchos y muchos encuentros que tuve con la militancia, que conforma la formación lectora en toda Latinoamérica.

Los fomentadores y mediadores de la lectura piensan en todo, pero creo que no consideran con la debida importancia el hecho de que exista o no una ley que reglamente las cuestiones vinculadas a la lectura. Preocupados con sus acciones y programas, con el espíritu emprendedor nato y las enormes dificultades que acompañan las iniciativas que llevan a cabo en la base de la pirámide social, en las escuelas, en las asociaciones de barrio, en las periferias, en los campos y lugares casi inaccesibles, esos liderazgos consideran, en general, que la legislación no es esencial.

Evidentemente estoy generalizando y siempre será posible encontrar en la militancia por la lectura a aquellos que conocen la importancia y defienden la lucha por la creación y perfeccionamiento de leyes para el sector. Pero me atrevo a afirmar que la mayoría de los liderazgos no considera central ese reto y muchos incluso lo desconocen. Tanto se presenta esto como verdad, que una de las preguntas que más me hacen es: “¿para qué sirven las leyes del libro y la lectura?”. Con cierta frecuencia, esa pregunta se completa con una afirmación: “Necesitamos recursos y reconocimiento del trabajo que hacemos, no leyes”.

Con todo el respeto por los resultados que los trabajos de formación de lectores presentan con mucha constancia en toda América Latina, estoy en firme desacuerdo con el menosprecio que hemos demostrado frente a las leyes para el sector y su defensa como estrategia fundamental para que obtengamos políticas públicas de libro, lectura, literatura y bibliotecas en nuestros países.

La lucha por la conquista de legislaciones que obliguen al poder público a tener políticas públicas de lectura oficialmente instituidas, con directrices democráticas e incluyentes y recursos destinados a su ejecución, es una estrategia cada vez más necesaria en un escenario político e institucional muy variable, a veces incierto, en donde conceptos como el de “posverdad” surgen para contradecir la nítida verdad de los hechos que están frente a nuestros ojos, nuestra razón y nuestra sensibilidad. Al fin y al cabo, mis estimados amigos, los gobiernos realmente hacen las políticas públicas cuando promulgan marcos legales (leyes, decretos, resoluciones) y le aplican recursos a esa política. Sin esos dos requisitos, lo que tendremos es la retórica y discursos vacíos de los gobernantes.

Defender nuestros derechos democráticos como ciudadanos, y defender el derecho a la lectura como un derecho humano para todos, es un asunto demasiado serio y estratégicamente fundamental para la formación integral de las personas y para nuestro desarrollo sostenible. Por eso, no puede quedar a la deriva de las voluntades e idiosincrasias de los gobernantes y liderazgos presentes o futuros. Es necesario imponer esa voluntad de la mayoría, de ejercer sus habilidades y sensibilidades en la lectura, en textos de leyes perennes, orientadoras de las directrices públicas de toda la cadena creativa, productiva, distributiva y mediadora de la lectura, haciendo real o posible en determinado plazo la política de lectura en los países de la región.

Para nuestros países, en los que los niveles de lectura y de formación de lectores son inadmisibles y es necesario avanzar mucho, obtener legislación adecuada y generosa para ampliar el acceso al libro y a la lectura, formar mediadores y apoyar la economía del libro se tornan medidas urgentes provenientes de la buena aceptación que todos los países tuvieron de la aplicación de los primeros Planes Nacionales de Lectura, desde el año 2006.

Exitosos en su corta duración hasta ahora, algunos avanzando, otros naufragando, los Planes Nacionales de Lectura mostraron con claridad que, antes que nada, necesitamos un buen tiempo para alcanzar de hecho un avance significativo en el índice de lectura y de alfabetización en nuestros países. Necesitamos tiempo y trabajos coherentes de formación lectora, que pasarán por generaciones hasta que nos consideremos países lectores, en donde el derecho a la lectura sea ejercido plenamente y fomentado por el poder público.

¿Cómo avanzar ese tiempo en una sociedad movida por intereses profundos si no tenemos un marco legal, una letra marcada en nuestras legislaciones, que nos garantice luchar como ciudadanos por el derecho a la lectura?

No debemos tergiversar lo que es fundamental para nuestra sociedad y para nuestra permanencia como seres humanos que buscan la equidad. No olvidemos que cuando se trata de derechos humanos, aquellos que están contra ellos siempre evitarán los compromisos en relación a su ejercicio efectivo. Y nuestro compromiso debe quedar bien grabado, permanentemente, en una legislación clara y objetiva, que delimite y establezca los caminos de acción de la lectura del Estado.

La respuesta a la pregunta que titula este artículo es simple y directa: necesitamos leyes que instituyan y defiendan el derecho a la lectura y todos los vínculos de ese sector de la cultura, ya que implican un compromiso, un pacto social realizado por la mayoría de la sociedad que entiende la importancia estratégica de la lectura para el desarrollo sostenible de nuestras naciones.

La lucha por estas leyes, junto con la lucha por la implantación de las que ya fueron promulgadas, debe ser parte efectiva de nuestras reivindicaciones frente a los poderes ejecutivo, legislativo y judicial en nuestros países. Incorporar las banderas de marcos legales para el libro, la lectura, la literatura y las bibliotecas con la finalidad de fomentar políticas públicas de inclusión es un asunto urgente y forjará una legitimidad aún mayor a nuestros movimientos cotidianos, para formar lectores y ciudadanos.

 

[1] La expresión “jeitinho brasileiro” no tiene una traducción literal en español, aunque “jeito” significa habilidad, destreza o forma de ser. “Jeitinho brasileiro” se usa para expresar una manera “especial” de resolver una situación difícil o adversa a los objetivos de un individuo; puede ser vista como una manera creativa, astuta o propia de alguien con habilidades, pero también es vista como una manera poco ortodoxa o legal de resolver el problema.

Ferias del libro, ¿cómo se organizan y financian?

 

Por: José Diego González M.

El calendario ferial en Iberoamérica es hoy un calendario nutrido, en el que aparecen ferias que completan incluso más de cuatro décadas de existencia. En una sucinta cronología, este es el origen de algunas, solo algunas, de las ferias que conforman dicho calendario. En 1970 se realiza la primera versión de la Bienal del Libro de Sao Paulo. Al año 1975 se remonta la aparición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Las de Santiago y del Palacio de la Minería, en México, surgen en 1980. En 1982 se celebra la primera versión de la Feria Internacional del Libro de La Habana y, ese mismo año, la Feria del Libro de Madrid adquiere su forma actual, cuando su organización la asume el Gremio de Libreros de la ciudad. De 1987 son las ferias de Bogotá y de Guadalajara. Ya en la década de los noventa nacen las ferias de Lima, Costa Rica y Santo Domingo.

Se trata, en todos los casos, de ferias pensadas para el público en general, orientadas a la venta de libros y que cuentan con programación cultural y académica. Sus fines no son, por tanto, comparables a los de las ferias que están pensadas exclusivamente para profesionales, como ocurre con las de Fráncfort o Londres. Sin embargo, varias de las ferias enumeradas sí disponen tanto de actividades destinadas al encuentro y a la formación de los profesionales del sector como de espacios de negocios (ruedas, salones de derechos, etc.). Son, en definitiva, eventos con un perfil mixto que persiguen objetivos muy similares: fortalecer el mercado del libro, fomentar la lectura y propiciar la confluencia de los distintos actores que conforman la cadena de valor del libro. Al respecto, la Unesco indica: “Las ferias son espacios concentradores que reúnen a compradores y vendedores profesionales de forma periódica, durante un lapso acotado de tiempo (por ejemplo, una o dos semanas cada año o cada dos años). La mayoría están abiertas al público en general. La potencialidad de cada espacio suele estar perfectamente identificada por los actores sectoriales, quienes conocen la modalidad comercial particular en la que se desenvuelve cada una”[1].

A lo anterior habría que añadir que las ferias del libro, especialmente en los países latinoamericanos, no sólo han terminado por suplir las dificultades para acceder a los libros causadas por tejidos libreros precarios y caracterizados por una altísima concentración en las capitales, sino que se han convertido en el único punto de contacto con los libros de una proporción considerable de la población que no suele visitar librerías, ni bibliotecas. Todo esto las ha convertido en actividades de interés cultural para el beneficio de la ciudadanía.

Aunque son muchas las coincidencias entre las ferias del libro que se realizan en la región, en cuanto a perfiles y objetivos, no son pocas, en cambio, las diferencias que surgen cuando se observa la forma como se organizan, gestionan y financian. Identificar estas particularidades constituye un ejercicio de interés, en la medida en que puede conducir a reconocer un conjunto de buenas prácticas que redunde en el fortalecimiento de las ferias de la región en general y, en especial, de las de más reciente creación.

De ahí que el Cerlalc considere relevante hacer una investigación sobre los modelos de gestión y financiación de las ferias de libro de mayor trayectoria, que concluirá con la publicación de un documento en abril de 2018, en el que se espera ofrecer, más que fórmulas intercambiables de un país a otro, un conjunto de elementos susceptibles de adaptarse a las características socioeconómicas y al grado de desarrollo del sector editorial en cada país. Con esto se busca aprovechar y poner en valor la experiencia adquirida por ferias cuya relevancia ha trascendido el ámbito estrictamente nacional para brindar un marco de referencia a los interesados en mejorar las ferias que organizan.

Además de los aspectos estrictamente organizativos, en el documento se explorarán las medidas públicas de apoyo para la organización de ferias del libro existentes en algunos países, las distintas formas de patrocinio mediante las cuales el sector privado apoya la realización de estos eventos y los programas de los que disponen las propias ferias para atraer la participación de otros actores de la cadena de valor como librerías o bibliotecas.

Cabe señalar que no es la primera vez que el Cerlalc busca ofrecer elementos sobre las ferias del libro que puedan ser de interés para los actores del sector. En 2011 se publicó el Manual de ferias del libro, dirigido a expositores y visitantes profesionales, un libro en el que se brindaban desde consejos de orden práctico para la participación en una feria (reserva de espacios, diseño y construcción de los estands, inscripción en las ruedas de negocios, etc.) hasta orientaciones para la negociación de derechos. En el Manual se reflexiona, además, sobre el papel de las ferias del libro como motor para el desarrollo del sector editorial y su profesionalización, así como también en torno a su condición de espacios culturales. Su consulta resultará, sin duda, de interés para todo el que quiera introducirse en el tema.

[1] Políticas para la creatividad. Guía para el desarrollo de las industrias culturales. París: Unesco, 2010.

 

 

Bibliotecas para la Paz recibe VI Premio Internacional Aclebim de Bibliotecas Públicas Móviles en España

 

El 21 de octubre, el Proyecto Bibliotecas Públicas Móviles ‘Leer es mi cuento’ del Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional de Colombia será reconocido con el Premio internacional ACLEBIM de Bibliotecas Públicas Móviles. El jurado destacó que el proyecto es de “aquellos ejemplos que ponen especial énfasis en su papel central para la creación y el mantenimiento del concepto de comunidad, sirviendo a la vez de escenario a la misma, de elemento de cohesión, de centro de recursos, de dinamizador y de esperanza para el presente y el futuro de todos”.     

Más información en la página de la Biblioteca Nacional de Colombia.  http://bibliotecanacional.gov.co/es-co/actividades/noticias/en-la-rnbp/bibliotecas-para-la-paz-obtienen-premio-internacional

 

Foto tomada de la página web de la Biblioteca Nacional. 

El Sistema Nacional de Bibliotecas de Costa Rica, una respuesta oportuna para la gestión de la información

 

Por: Lovania Garmendia Bonilla

 

No se progresa mejorando lo que ya está hecho,

sino esforzándose por lograr lo que aún queda por hacer.”

Kahil Gibrán

El desarrollo de las bibliotecas en Costa Rica se puede ubicar en la segunda mitad del siglo XIX, luego de la llegada de la imprenta en 1830 y las reformas educativas que promovieron el establecimiento de la Dirección General de Bibliotecas en 1890, la creación de Bibliotecas Públicas en el distrito de San Ramón (1879) y las cabecera de provincia de Cartago (1882), Alajuela (1887) y Heredia (1890). Además, en el año 1888 se fundó la Biblioteca Nacional. Posteriormente se crearon más bibliotecas públicas por medio de la alianza con municipalidades, fundaciones o asociaciones que han identificado la biblioteca como aliado estratégico para el desarrollo cultural, social y económico del país y con las cuales se firmaron convenios en el año 1982.

En el año 1999 se crea el Sistema Nacional de Bibliotecas (SINABI) mediante decreto número 23382-C, en el que se oficializa como órgano rector de las bibliotecas públicas y de la Biblioteca Nacional, renovando las funciones y organización en concordancia con la funcionalidad institucional del momento. El proceso histórico de la Biblioteca Nacional y las bibliotecas públicas de Costa Rica ha permitido que para el año 2017 el SINABI esté conformado por 61 bibliotecas. (Véase mapa)

 

Fuente: Dirección de Bibliotecas Públicas

La estructura orgánica del SINABI está conformada por la Dirección General, la Dirección de Bibliotecas Públicas (con sus 60 bibliotecas públicas y el servicio de Bibliobús), la Dirección de Biblioteca Nacional (con sus diferentes secciones), y las unidades Administrativo Contable, Automatización, Proyectos de Construcción, Unidad Técnica (con la Agencia Nacional ISBN-ISSN), el Archivo Central y el Taller de Conservación y Restauración. (Véase video).

Cada uno de estos elementos conforma un Sistema Nacional de Bibliotecas con solidez administrativa y legislativa, el cual cuenta con profesionales con mística y compromiso que dirigen y laboran en cada unidad o departamento. Como referente nacional en el campo de la bibliotecología, el SINABI brinda capacitación y orientación para las comunidades que pretenden crear una biblioteca pública, una sala de lectura, una biblioteca comunal o desarrollar actividades de promoción del gusto por la lectura. La conformación y funcionamiento como Sistema ha permitido establecer siete programas en los cuales convergen las actividades de las bibliotecas del SINABI, a saber: Soy bebé y me gusta leer; Arcoíris de lectura; ¡Pura vida! Jóvenes a leer; La biblioteca pública de la mano con la persona adulta; Huellas de oro; Biblioteca de puertas abiertas; Bibliobús: Viajemos con la lectura. (Véase video).

La teoría general de sistemas, concebida por Ludwig von Bertalanffy en la década de 1940, ofrece una forma de mirar el SINABI como la interacción de las partes para conformar la totalidad y viceversa. Las bibliotecas, como unidades culturales, educativas y de información, son en sí mismas sistemas y subsistemas debido a su organización y funcionamiento. Toda acción de la biblioteca y las unidades administrativas debe conceptualizarse como un patrón circular de estímulo y respuesta dinámico entre las diferentes unidades y su relación con su ámbito de acción o el suprasistema correspondiente.

Reunión general anual con todo el personal del SINABI (Biblioteca Nacional y las diferentes unidades de las 60 bibliotecas públicas de todo el país). Foto de la autora.

Cada uno de los programas del SINABI está estrechamente relacionado con las metas del Plan Nacional de Desarrollo del Estado y con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas y enlazados de forma complementaria. Desde cada biblioteca, departamento o unidad se apoyan las acciones del país en cumplimiento con los compromisos internacionales.

La estructura sólida del Sistema ha permitido direccionar el quehacer del personal hacia un rumbo común en beneficio de la totalidad. La promoción de la lectura en diferentes grupos de edad se ha desarrollado desde hace varios años en las bibliotecas del SINABI. En el año 2005 se instauró el “Festival Nacional del Libro y las Bibliotecas Públicas” en el entorno de la celebración del día del libro. En el año 2008, “Año Internacional de las Bibliotecas Públicas”, se inició el proceso de enmarcar las actividades de cada mes con un tema general para todas las bibliotecas. Posteriormente, en el año 2010, luego de sesiones de trabajo en equipo y de consulta a diferentes actores de las bibliotecas públicas, se seleccionaron los nombres de los programas conocidos actualmente para enmarcar las actividades que realizan las bibliotecas en beneficio de los diferentes grupos etarios cuyo tema transversal es la promoción del gusto por la lectura de diferentes formas. Este accionar ha permitido que las comunidades redescubrieran las colecciones de las bibliotecas y a la biblioteca como espacio de encuentro, socialización y aprendizaje permanente.

La conformación del Sistema ha requerido de ajustes y organización del quehacer de forma conjunta e integrada tomando en cuenta a cada individuo y el interés institucional, varios elementos han sido estratégicos para la integración de las partes, entre ellos:

  • La comunicación ha sido uno de los emblemas que ha permitido la definición más clara del norte del SINABI, ya que ha permitido crear de forma conjunta, las líneas y procedimientos con base en la puesta en común de ideas, la capacitación permanente y la actualización constante de procesos y procedimientos de labores y servicios en beneficio de la comunidad.
  • El desarrollo de actividades y programas integrales desde las bibliotecas públicas es una estrategia democrática de inclusión de la comunidad costarricense en la sociedad de la información, y de este modo se responde a las necesidades públicas y privadas de recurso humano con mayores conocimientos en la búsqueda, localización, selección y uso de la información para la toma de decisiones asertivas.
  • La capacitación y actualización tecnológica de forma personalizada que atiende las inquietudes y necesidades individuales ha permitido mayor identificación y comprensión por parte de cada participante con el interés común. Dicha propuesta debe convertir la biblioteca en un espacio de encuentro, socialización y aprendizaje interesante, llamativo y ameno que estimule la creatividad, la imaginación y el pensamiento crítico.
  • Las bibliotecas públicas del SINABI asumieron el reto de ofrecer a la comunidad un abanico de opciones culturales de información y recreación de acuerdo con los nuevos requerimientos de los usuarios. Estanterías abiertas, préstamo a domicilio, cursos de alfabetización informacional, talleres de estimulación del gusto por la lectura desde la temprana edad, entre otras.
  • La identificación clara de metas y objetivos permite que el personal se encamine hacia el fin común de forma natural en beneficio de la comunidad. Las metas planteadas en los planes de trabajo generalmente son superadas ya que, gracias a la gestión local realizada por los bibliotecólogos y bibliotecólogas, siempre surgen nuevas actividades con apoyo de la comunidad, voluntariado, trabajo comunal, entre otros.
  • El relevo generacional del personal ha requerido de organización de los elementos del Sistema de forma que permita dar continuidad al trabajo desarrollado y la incorporación de la innovación y la creatividad. La alianza con gobiernos locales y la empresa privada se ha orientado hacia los fines comunes en beneficio de la comunidad en la cual se identifican resultados comunes de negociación y ganancia mutua. Este papel de la biblioteca como componente proactivo del quehacer de la sociedad redunda en un impacto para el país como apoyo al desarrollo integral de la niñez y la juventud para su posterior incorporación al mundo laboral con mejores estrategias en el uso inteligente de la información para la toma de decisiones personales, profesionales y laborales con responsabilidad social, ambiental y de respeto a la diversidad de miembros de la sociedad.

Para el SINABI funcionar como Sistema ha sido estratégico y ha permitido alcanzar los siguientes logros, además de los antes mencionados:

  • Realizar análisis en tiempo real de labores, servicios y actividades de las bibliotecas en cada uno de los siete programas y el quehacer de las oficinas administrativas.
  • Hacer parte de la política pública de Telecomunicaciones del país.
  • Firmar un convenio con el Ministerio de Ciencia y Tecnología para incorporar a las bibliotecas en el servicio de Centro Comunitario Inteligente.
  • Firmar un convenio con el Ministerio de Justicia para la incorporación de una biblioteca en siete Centros Cívicos para la generación de la cultura de paz y prevención de la violencia.
  • Establecer una alianza con el Ministerio de Educación Pública y el Colegio de Profesionales en Bibliotecología para la promoción e implementación de la agenda 2030.

Conformar la organización de las bibliotecas públicas y la Biblioteca Nacional como un Sistema es la forma más efectiva y eficiente de aprovechar los recursos y el talento humano para brindar mejores servicios a la comunidad y apoyar el desarrollo económico y social de un país. A la Dirección de Bibliotecas Públicas le corresponde el planeamiento organización y supervisión de las actividades profesionales, técnicas y administrativas que se desarrollan en las bibliotecas públicas. La gestión que se realiza en esta dirección ha requerido de la aplicación de conocimientos profesionales y amplia experiencia en el campo de la bibliotecología, gestión de la información, administración, administración pública y en aplicación de programas de gestión bibliotecaria, así como el conocimiento de la legislación nacional e internacional y normativas institucionales.

La función de la Dirección de bibliotecas públicas ha obligado a la actualización y transferencia permanente de conocimientos en concordancia con el contexto de la sociedad de la información y el conocimiento de forma que permita apoyar la labor en cada biblioteca pública del Sistema por medio de la elaboración de propuestas modernas con base en el trabajo en equipo y la gestión documental y bibliotecaria como un esfuerzo interdisciplinario de alfabetización en información.

En este nuevo mundo lleno de tecnologías y necesidades socioculturales la Dirección de Bibliotecas Públicas enfrenta el reto de asumir un papel activo en el desarrollo del personal de las bibliotecas en la sociedad de la información y el conocimiento y debe cumplir con el papel que le corresponde en la concientización de los funcionarios respecto al valor de la información en el proceso de crecimiento de la comunidad a la cual sirve, así como el papel que debe asumir en el contexto de la realidad actual.

 

Referencias

Garmendia Bonilla, Lovania. (2016). Informe Anual. San José, C.R.

Garmendia Bonilla, Lovania. (2017). Informe de seguimiento semestral 2017. San José, C.R.

Reseña histórica Biblioteca Pública de Heredia. Disponible en: http://bibliotecaheredia.com/acerca/. Consultado el 17 agosto 2017.

Biblioteca Pública de Alajuela – Miguel Obregón Lizano. Disponible en: https://si.cultura.cr/infraestructura/biblioteca-publica-de-alajuela-miguel-obregon-lizano.html. Consultado el 17 agosto 2017.

Reseña histórica Biblioteca Pública de San Ramón. Disponible en: https://si.cultura.cr/infraestructura/biblioteca-publica-de-san-ramon-ramon-echavarria-mesen.html.  Consultado el 17 agosto 2017.

 

 

El futuro de las bibliotecas

 

Por: José Castilho Marques Neto

¿Cuál es el futuro de las bibliotecas? Esa pregunta está siempre presente en las conferencias que hago en la región iberoamericana. Y tiene razón de ser en este mundo en el que la era de la información virtual se está mostrando como la era de la individualidad y de la búsqueda solitaria. Después de todo, ¿cuál es el sentido de la biblioteca en un futuro cuya búsqueda por la información se obtiene en la palma de la mano? Pero, ¿sería solamente la búsqueda de la información el sentido de una biblioteca?

Mi biblioteca personal almacena, además de los libros, algo que considero esencial para la existencia: mis cantantes, orquestas, instrumentistas, música de todas partes, de todos los géneros, que son una especie de alimento que amo y preservo desde que tengo memoria. Allá están varios medios que acompañaron mi vida: DVD, CD, LD, casetes, LP (long play o vinilos) e incluso algunos discos 33 R.P.M. heredados de mis padres, ¡y que esperan pacientemente mi soñada compra de un gramófono! Fue justamente al reponer, después de una limpieza, todo ese valioso material en la repisa, que empecé a hacer conexiones con lo que pretendía escribir en este artículo.

Tengo vinilos de la década de 1960 y cuando los uso siempre vuelven memorias de cómo llegué a ellos. Viví hasta 1971 en una pequeña ciudad al interior de São Paulo que, como millares de otras del Brasil y de América Latina, tenía poca información de lo que sucedía en los campos artístico y cultural, a no ser aquella vehiculada por las ondas de radio, de la incipiente televisión y por la prensa, en aquella época censurada por la dictadura militar vigente en el Brasil de aquel periodo. Uno de los vinilos que más me gusta es el de Ella Fitzgerald, que despertó mi gusto por el jazz en 1969, cuando lo compré. También limpié mi primer gran vinilo de Elis Regina y lo devolví a la repisa, así como un vinilo que reúne en audio pasajes de la mejor poesía y prosa de Fernando Pessoa, y que me trajo luz y pasión por la literatura portuguesa en aquella adolescencia sin muchos horizontes visibles.

Todas estas joyas musicales y literarias se me presentaron en una increíble y pequeña biblioteca que reunían adolescentes como yo y otros mayores, ya universitarios, en São Paulo u otros centros, pero que se sentían con el deber de frecuentar y contribuir con la colección de una biblioteca en la ciudad en donde nacieron.

Sí, pertenecí a ese grupo y tengo mucho orgullo de eso. El grupo de soñadores que tenía amor por las bibliotecas en aquella pequeña comunidad, reuniendo estudiantes, profesores locales, trabajadores de varias profesiones, amas de casa, pensionados, gente que le gustaba leer y conversar. Allá nos juntábamos, llevábamos libros recaudados, donados, comprados, que poco a poco llenaron algunas repisas y conformaron nuestras primeras lecturas más críticas. Era lo que hoy conocemos como biblioteca comunitaria o popular, con aquella ligereza y alegría que generalmente caracteriza esos espacios de compartimiento espontáneo.

En este espacio fue la primera vez que me hablaron de jazz y también de Ella Fitzgerald, así como oí por primera vez a Elis Regina y a Violeta Parra. Sí, también había música en la biblioteca, que no era silenciosa y austera, en donde las personas no pueden conversar e intercambiar ideas. Al contrario, se hablaba, y mucho, se sonreía y se reía tanto cuanto se podía. Y también se cantaba, ¡porque de esa biblioteca surgió un coro! Nos volvimos cantantes, empezamos a apreciar a Bach, Beethoven y otros compositores clásicos que parecían tan distantes en las clases de música en la escuela pública que frecuentábamos. En el coro, la conductora Maria José Marotti nos presentó cierta vez la cantata Carmina Burana, de Carl Orff, y rápidamente nos remitimos a los libros que narraban la literatura y la vida en la Edad Media y de los tales monjes goliardos. La música nos llevaba a los libros, que nos remitían a otras artes, a la literatura, al cine, al teatro, al patrimonio, entre tantas otras riquezas del universo humano. La pequeña biblioteca comunitaria nos unía, nos envolvía, y nos animaba a descubrir. No era magia, era la propia esencia de lo que debería ser una biblioteca.

Toda esa historia personal puede parecer distante y anacrónica en los tiempos de la información inmediata, del compartimiento virtual, de las redes sociales y de la formación a distancia. Es aún más distante si pensamos que casi todo lo que yo y mis amigos de aquel final de los años sesenta hacíamos para informarnos se puede hacer hoy en casa, en nuestros celulares o en un café internet, sin necesidad de nada ni de nadie, a no ser de una conexión a Internet.

En un contexto como ese, de semejante independencia en cuanto a la información, ¿cómo quedará el lugar de la biblioteca, aquella a la que Mário de Andrade, en torno de los años 1935 ya identificaba como “centros de información y cultura”? ¿Habrá un futuro para las bibliotecas?

Lo que constato en casi cuarenta años dedicados al libro y a la lectura, como profesional e investigador, y principalmente al revisar mis últimos años coordinando la construcción del Plan Nacional del Libro y Lectura del Brasil (PNLL), es la existencia de una región iberoamericana que tiene millares de iniciativas que reproducen mi experiencia juvenil comunitaria. No idéntica, al fin y al cabo, pues ya pasaron casi cincuenta años, pero con el mismo espíritu, la misma misión voluntaria, que es el resultado de la voluntad ciudadana de ayudarse o ayudar al otro a superarse. Las tecnologías aún no sustituyeron el deseo de compartir y éste se realiza plenamente en el contacto real entre humanos, en el intercambio de impresiones y conocimientos, en el intercambio entre seres que piensan y sienten.

A pesar de todo, florecen iniciativas que pasan por el sector público y van a la sociedad en todos sus estamentos, de la casa grande a las favelas, de las iglesias a las zonas desacralizadas de las ciudades, de las escuelas a las comunidades de ayuda mutua para alcanzar las primeras letras o cultivar las adquiridas precariamente. Millares de acciones se afirman con enorme sacrificio y esfuerzo. Bibliotecas públicas modernizadas, interactivas con los nuevos medios virtuales, conviven con bibliotecas comunitarias, núcleos de lectura tradicional, recitales de poesía y cuento, expresiones locales de las calles y de las artes, principalmente de aquellas artes literarias y musicales innovadoras que brotan fuertemente y con excelentes frutos en las periferias de las ciudades.

Por lo tanto, en esos espacios tercos y en constante florecimiento hay algo que va más allá del aislamiento virtual y de la autosatisfacción de las comunicaciones compartidas por Internet, en las cuales lo individual se sobrepone a lo colectivo y el compartir no es suficiente, al punto de acompañar o, principalmente, desarrollar la sensibilidad del contacto verdaderamente humano.

El futuro de las bibliotecas para mi es algo tan incierto como la capacidad que tendrán hoy de incorporar este mundo que, por un lado, favorece el acceso individual a la información y, por el otro, se puede transformar positivamente con la reacción de la sociedad, que colectiviza aquello que le es dado para ser manipulado aisladamente. Persiste, y de forma exponencial por la textualidad virtual contemporánea, ampliamente difundida, el deseo rigurosamente humano de compartir. ¿La biblioteca sabrá usar con eficacia ese reto que se le presenta?

Académicos y profesionales con experiencia en la biblioteconomía presentan propuestas que pueden estructurar nuevos rumbos para los servicios bibliotecarios. Son muchas las propuestas objetivas y las experiencias para hacer que la biblioteca sea un lugar del presente y del futuro.

Programas ya implantados, como los de accesibilidades, de fomentos permanentes a la lectura, de formación de mediadores, de bibliotecas multifuncionales como las Bibliotecas Parques de Colombia, que fomentan la lectura y educación junto con la promoción social, cívica y económica de los ciudadanos, florecen sin parar en nuestra región.

Todo esto es fundamental e inspirador, porque el futuro de las bibliotecas estará necesariamente conectado a la misión que ellas designen a sí mismas en el mundo contemporáneo, aunque yo piense que, cualquiera que sea esta misión, para que tenga un lugar garantizado en el futuro, no podemos olvidar que antes que nada, el espacio de la biblioteca tiene origen no apenas en la preservación y en el poder emanado de esa custodia privilegiada, sino en la idea maestra de compartir saberes, sabores y placeres. Tal vez ese espacio llegue a ser aún mayor que el de hoy, tal vez ese espacio resista como un oasis en un mundo cada vez más individualizado, pero, o será un espacio para compartir entre seres humanos, ¡o no será una biblioteca!

São Paulo, 17 de septiembre de 2017.

La versión en portugués de este artículo se encuentra aquí

 

Foto tomada de la página web Pixabay

Panorámica de la edición Española de Libros

 

 

El Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España publicó una nueva edición de la Panorámica de la Edición Española de Libros, en la que se muestran los datos de producción editorial de 2016. Este informe estudia diferentes indicadores relevantes para la edición y realiza un comparativo de cifras desde 1988. Si te interesa conocer el comportamiento del sector editorial de España, haz clic en el siguiente enlace y descarga el Pdf de manera gratuita.

http://cerlalc.org/es/producto/panoramica-de-la-edicion-espanola-de-libros-2016/ 

La importancia de la innovación en las bibliotecas. Dos asistentes a INELI aparecen en revista portuguesa Blimunda

 

Bogotá, 06 de octubre de 2017

La edición número 64 de Blimunda, revista portuguesa de la fundación José Saramago, dedicó un espacio para hablar sobre la importancia de las bibliotecas. Andreia Brites, escritora y periodista, entrevistó a Bruno Duarte, director de Servicios de Bibliotecas de la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas de Portugal y a Inês Veiga Vila, directora de la Biblioteca Municipal de Ílhavo.

Bruno Duarte fue uno de los bibliotecarios seleccionados para participar en INELI (International Network of Emerging Library Innovators). Organizado por el CERLALC con patrocinio de la Fundación Bill y Melinda Gates, INELI busca reforzar competencias en el área de innovación y liderazgo para los profesionales que han sido reconocidos por entender a sus comunidades desde las bibliotecas y darles servicios innovadores. También busca consolidar una red internacional de bibliotecarios para compartir experiencias y buenas prácticas.

Para Bruno, lo más importante es conocer y entender a su comunidad. “Las bibliotecas siempre tienen un espacio de aprendizaje y obtención de nuevos conocimientos, la única diferencia es que ahora las personas pueden experimentar y crear también en la biblioteca.” Bruno sabe que las bibliotecas no deben trabajar solas, deben apoyarse en su comunidad, inversionistas y otros bibliotecarios para ofrecer mejores servicios.

Andreia destaca la labor de Inês Veiga Vila como directora de la Biblioteca Municipal de Ílhavo. Inês lanzará el 17 de noviembre el Makerspace BMI ¡Juntos podemos! Este proyecto comenzó en INELI. Inês fue parte de los encuentros y recibió recursos a través de la Convocatoria para la Ejecución de Servicios Bibliotecarios Innovadores de INELI, realizada por el CERLALC.

Más allá de las dificultades, Inês sabe que tener un espacio moderno en su biblioteca va a atraer nuevos usuarios mientras le da un servicio innovador a su público de siempre. Inês está orgullosa por el lanzamiento de su proyecto: “Me siento feliz porque la Biblioteca Municipal de Ílhavo va a dar ese paso en Portugal. Creo que es más una oportunidad para las Bibliotecas públicas, o incluso las Escuelas, de servir a las comunidades donde se insertan y encontrar sus nuevas necesidades. Deseo que el ejemplo de la Biblioteca Municipal de Ílhavo pueda ser seguido por otras … pero por encima de todo, que sea un estímulo, para hacer la diferencia junto a la comunidad de Ílhavo.”

Si quieren leer el artículo completo en portugués, haz clic en el siguiente enlace:

https://www.josesaramago.org/blimunda-64-setembro-2017/

Foto tomada de la página web de la Fundación José Saramago

Foto tomada de la página web de la Cámara Municipal de  Ílhavo 

Manual de edición. Guía para estos tiempos revueltos

 

Presentamos Manual de edición. Guía para estos tiempos revueltos, coeditado entre El Cerlalc y la editorial La marca editora. Esta nueva edición hace parte de la Colección Bibliodiversidad de esta casa editorial. Circulará solamente en Argentina y España.

 

LIBER en su versión 35

 

Bogotá, 05 de octubre de 2017

En el marco del LIBER, Marianne Ponsford, directora del CERLALC, se reunirá con varios editores de Iberoamérica para discutir cómo mejorar la circulación del libro entre España y América Latina. Del 4 al 6 de octubre, Madrid acogerá la versión número 35 del LIBER. Este año, Argentina será el país invitado. La versión 2017 estará centrada en los contenidos digitales, los nuevos editores y la propiedad intelectual. El LIBER es uno de los eventos más importantes dedicados al libro en español y el principal centro de negocios e intercambio profesional en Europa.

La Feria Internacional del Libro de España abre un espacio para que editores, autores, libreros, distribuidores y bibliotecarios, especialmente de libros en español, conozcan nuevos mercados internacionales. Este año, el LIBER espera ser visitado por negociantes de 600 asistentes de 80 países diferentes.

 

Foto tomada de la página web IFEMA