Cerlalc se suma a la discusión global sobre el aporte de las bibliotecas a la agenda 2030 de la ONU

 

Jeimy Hernández, coordinadora de Lectura y Bibliotecas del Cerlalc, participará en la décimo cuarta versión del Congreso Nacional de Bibliotecología de Colombia, organizado por el Colegio Colombiano de Bibliotecología (Ascolbi), que este año centrará su agenda en analizar el papel de las bibliotecas y en general de las unidades de información en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que conforman la Agenda 2030 de la Organización de Naciones Unidas.


El congreso, que se realizará en Bogotá del 8 al 11 de mayo en la Biblioteca Virgilio Barco, busca presentar herramientas para el desarrollo de la actividad política del bibliotecario, e identificar y desarrollar competencias para que los bibliotecólogos sean agentes dinamizadores de cambio en las comunidades, y líderes en el cumplimiento de la Agenda 2030 de la ONU.

Hernández participará con la conferencia “Lectura, bibliotecas y dimensión cultural del desarrollo: horizontes de sentido para avanzar en la Agenda 2030”, el día 11 de mayo a las 2:40 p.m., planteando algunas reflexiones a partir de las realidades de los países de Iberoamérica.

El Cerlalc, mediante su acción regional de asistencia técnica a los países, promueve la reflexión en torno a la agenda mundial de desarrollo, rescatando el valor de las bibliotecas como impulsoras de propuestas que contribuyan a los logros de los ODS y que vayan mucho más allá de brindar información útil para su desarrollo.

Conoce la agenda académica completa en el enlace:

https://ascolbi.org/xiv-congreso-nacional-de-bibliotecologia-2018

Cerlalc será parte del foro Bibliotecas en diálogo, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires

 

El 4 y 5 de mayo tendrá lugar en Buenos Aires el foro “Bibliotecas en diálogo. Iniciativas innovadoras para la inclusión”. En el marco de la Feria del Libro de Buenos Aires, el Goethe-Institut,  la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP) y el Ministerio de Cultura de la Nación reúnen a referentes de Argentina, Brasil, Colombia, Perú y Alemania para presentar iniciativas y proyectos que contribuyen a la inclusión desde las bibliotecas.

Jeimy Hernández, coordinadora de Lectura y Bibliotecas del Cerlalc, dará la conferencia “INELI: oportunidades para la innovación social en bibliotecas públicas”, en la que presentará experiencias bibliotecarias innovadoras de diferentes países de Iberoamérica en el marco del  programa International Network of Emerging Library Innovators, INELI. Hernández compartirá los proyectos más destacados del programa y reflexionará sobre los elementos y características de la innovación social desde las bibliotecas públicas.

El Cerlalc, además, divulgará una guía de recursos de interés para los bibliotecarios que incluirá un listado de referencias con relación a instituciones que generan lineamientos y recomendaciones para bibliotecas; organizaciones que brindan cooperación y apoyo al desarrollo de proyectos; artículos, libros, documentos y materiales con información fundamental para el quehacer bibliotecario y experiencias inspiradoras de distintos lugares del mundo.  

El foro, que busca intercambiar experiencias y promover una red que fortalezca y estimule el intercambio profesional, se realizará en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Está orientado a bibliotecarios, dirigentes y voluntarios de bibliotecas estatales y escolares, docentes, mediadores culturales y a todos aquellos que tengan interés en los temas que se abordarán.

 

Más información:

www.goethe.de/bibliotecasendialogo 

Últimos días para inscribirse a la Convocatoria de Ayudas de Iberbibliotecas

 

El Programa Iberoamericano de Bibliotecas Públicas, Iberbibliotecas, que busca promover el acceso libre y gratuito a la lectura y la información a través de las bibliotecas, cerrará en pocos días la sexta edición de su Convocatoria de Ayudas. Desde su primera edición en 2013, la convocatoria ha recibido 621 postulaciones de diez países. En este período, 44 proyectos han recibido subvenciones por más de un millón de dólares.
La convocatoria, abierta hasta el 13 de abril, cuenta con dos categorías: Proyectos bibliotecarios innovadores llevados a cabo por dos o más países y Proyectos para fortalecer redes y sistemas de bibliotecas nacionales, regionales o de ciudades.  Pueden presentarse proyectos de los países y ciudades miembros de Iberbibliotecas (Brasil, Buenos Aires, Chile, Colombia, Costa Rica, España, Medellín, México, Paraguay y Perú). El Cerlalc, en calidad de Unidad Técnica del programa, coordina la recepción de propuestas.

Más información al correo iberbibliotecas@cerlalc.org

Enlace de la convocatoria: http://www.iberbibliotecas.org/convocatorias/    

Asistencia técnica del sistema de Bibliotecas de Chile a encargados del Sistema en Perú, una muestra de cooperación internacional entre bibliotecas

 

Entre el lunes 12 y el miércoles 14 de marzo se realizaron las jornadas de cooperación internacional entre los sistemas de bibliotecas públicas del Perú y Chile, actividad realizada  por el Programa Iberoamericano de Bibliotecas Públicas, Iberbibliotecas.

El objetivo de la  jornada fue brindar una visión global del funcionamiento del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas (SNBP) de Chile que permita al Sistema de Bibliotecas del Perú construir su propio modelo, adecuado a la realidad territorial nacional y las metas del Gobierno de ese país en este ámbito. Para ello se elaboró un calendario de presentaciones y ponencias por parte de los responsables de las diversas áreas, programas e iniciativas del SNBP con el fin de poner al corriente a los miembros de la delegación peruana sobre el quehacer institucional de las bibliotecas públicas chilenas.

Entre las iniciativas chilenas presentadas están el Programa Biblioredes, el Plan de Bibliotecas en Recintos Penitenciarios y temas como automatización, fomento lector, extensión cultural y capacitación en bibliotecas.

Las jornadas de asistencia técnica del Perú en Chile son una actividad que se enmarca en la línea de cooperación diseñada por el Consejo Intergubernamental de Iberbibliotecas. De esta forma se cumple con uno de los objetivos primordiales del organismo cultural: crear una red de cooperación en materia de bibliotecas públicas que permita generar sinergias y potenciar recursos en una plataforma de beneficio común para todos los países adscritos.

Actualmente hacen parte de Iberbibliotecas Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, España, México, Paraguay, Perú y las ciudades de Buenos Aires (Argentina) y Medellín (Colombia).

¡Mirar el pasado, pensar e intervenir el presente, planificar el futuro! Parte 1

 

Por: José Castilho Marques Neto

La virtud de la prudencia es necesaria para los buenos gobernantes, según enseñaban los filósofos de la Grecia antigua, principalmente Aristóteles. Y sabemos que para ejercer esa extraordinaria virtud se requiere memoria, inteligencia y visión. Conjugado, este ejercicio se apoya en la visión crítica del pasado, actúa sobre el presente y vislumbra con inteligencia el futuro. ¿Cómo se da esa conjugación en los hombres y mujeres que se dedican al libro y a la lectura?

El mundo del libro, de la lectura y de las bibliotecas pasó los últimos veinte años en continua transformación, o mejor, en incontables tentativas de ser transformado. Algunos cambios importantes se llevaron a cabo y se consolidaron como tendencia efectiva y la mayor parte de ellos pasaron como cometas en el infinito espacio sideral que circunda nuestro pequeño planeta. Lo que varios de nosotros, profesionales del libro y de la lectura, muchas veces no notamos fue hasta qué punto esas tentativas de cambiar el hacer y el distribuir de la centenaria profesión de editor, librero, bibliotecario y, por supuesto, autor/escritor, se basaron en avances tecnológicos pertinentes y otras tantas se nos presentaron por pirotecnias y técnicas de ventas propias de nuestra era de la “sociedad del espectáculo”.

Le pido al posible lector de estas líneas, profesional del sector o investigador del tema, que reflexione rápidamente sobre cuántas propuestas, proyecciones y vaticinios sobre las acciones estructurantes del sector, partiendo de las soluciones para la aparente divergencia insoluble entre el libro impreso y el libro electrónico, se emitieron por centenas de “especialistas” y no duraron siquiera un año. ¿Cuántos artículos, conferencias y mesas redondas fueron realizados en los últimos veinte años, en donde leímos o escuchamos de los más exóticos y proféticos anunciantes que debíamos adoptar sus métodos de producción y ventas, de lo contrario estaríamos destinados al fracaso profesional y al escombro de la historia de la edición, incluyendo todo el proceso autoral y de distribución, inclusive las bibliotecas?

Y en esta maratón de textos y conferencias, ¿cuántos se preocuparon y abordaron con firmeza y convicción la necesidad de que como autores, editores, publishers, distribuidores, libreros, bibliotecarios, debíamos tener como epicentro de nuestro trabajo formar incesantemente nuevos lectores, nuestro principal capital?

Estas reflexiones permanentes de mi labor profesional, que ya llega a cuatro décadas en este 2018, volvieron a la luz para este primer artículo del año, porque recordé con mucha claridad un gran congreso en el que participé en el año 2000: el 26º Congreso de la Unión Internacional de Editores, UIE/IPA. Fue presidido ejecutivamente por mi amiga y editora, en la época presidenta de la Cámara Argentina del Libro, Ana María Cabanellas, apoyada por varios liderazgos internacionales del sector, incluso editores amigos como Alfredo Weiszflog y Alejandro Katz. El Congreso, realizado entre el 1 y 4 de mayo del 2000 en Buenos Aires, fue un divisor de aguas, por lo menos para mí y muchos otros, en un debate que impactó al auditorio lleno de editores provenientes de todas partes del mundo. Todos allí, profesionales con experiencia en grandes, medianas y pequeñas editoriales, llegaban impactados por el ya iniciado proceso de concentración que marcó fuertemente la industria editorial desde finales de los años noventa, e igualmente por las noticias y proyecciones alarmantes sobre la nueva “textualidad electrónica”, para usar el excelente concepto de Roger Chartier.

Volviendo a la idea inicial de este artículo, y releyendo mis anotaciones y parte de los textos distribuidos en el Congreso, constato que también en aquellos días hubo un enfrentamiento entre la virtud de la prudencia y su ausencia. Y dado que considero que como profesionales del libro y de la lectura todavía no logramos retomar esa virtud colectivamente y la mayor parte de las veces seguimos todavía en el ritmo alucinante de los gadgets que se desboronan a la siguiente semana, comentaré aquí algunas cuestiones puntuales que fueron relevantes en el 26º Congreso y que son alertas válidas hasta hoy. Estas cuestiones serán extraídas de los diálogos de algunos conferencistas y establecen puntos de vista y posiciones que permanecen como dicotomías entre los que analizan estrategias para el desarrollo de la industria y la ampliación de los lectores y aquellos que, o buscan solamente vender sus productos o se equivocan al pensar exclusivamente en el corto plazo. Para mí, los primeros son los prudentes y los que mantendrán al libro y la lectura para las futuras generaciones.

Para empezar, entiendo que la virtud de la prudencia estuvo presente para los organizadores del 26º Congreso que llevaron al debate el enfrentamiento entre posiciones dispares, demostrando la voluntad de avanzar en los contenidos. Las “palabras de apertura” de Ana María Cabanellas, además de recordar los objetivos tradicionales de la UIE/IPA ─“libre circulación de los libros; protección del derecho de autor y del editor; promoción de la lectura y libertad de publicar”─ estableció el tono contemporáneo en el cual el mundo editorial hacía su encuentro: la aceleración de la globalización, las reacciones internacionales populares al modelo económico que se agotaba en aquellos años de 1990 y el lugar único del libro para el sector privado en su ambivalencia: ser una mercancía que es, antes que nada, un producto cultural. Pero fue más allá e instó a los líderes empresariales a ser el “puente” entre los gobiernos y el sector privado, para encontrar soluciones y políticas públicas que permitieran superar los obstáculos. La idea de cooperación entre el sector productivo de la industria editorial y los gobiernos interesados en el fomento a la lectura estaba en la agenda y en las bases del encuentro, de acuerdo con las directrices de una de las instituciones internacionales promotoras del Congreso, la UNESCO.

Consideré esa posibilidad de participación de la sociedad en estos programas algo fundamental, contraria al aislamiento que habíamos vivido en toda América Latina hasta mediados de los años ochenta con las dictaduras militares, centralizadoras y evidentemente excluyentes de la participación ciudadana. Los programas y planes nacionales de lectura, elaborados a partir del Año Iberoamericano de la Lectura, fomentado por el CERLALC y la OEI, a partir del 2005, comprobaron la iniciativa de los organizadores del 26º Congreso.

A pesar de las indicaciones prudentes de la UIE/IPA y de los coordinadores del congreso los conferencistas de la industria editorial, tal vez impactados por la realidad que parecía apocalíptica, no lograron avanzar y establecer posiciones estratégicas en aquel momento, o al menos yo no recuerdo y mis anotaciones así lo confirman. Esa visión le correspondió a analistas e intelectuales, lo cual comentaré más adelante, pero fue lamentable constatar que los liderazgos sabían identificar los problemas inmediatos, pero ni siquiera se acercaban a las conclusiones necesarias para entender el periodo histórico y proyectar nuevos rumbos estratégicos con serenidad para su negocio. Un buen retrato de esta situación fue la conferencia de Michael Wilens, respetado profesional y presidente en ese entonces del West Group, The Thomson Corporation (EE. UU.)

Metódicamente, Wilens enumeró todos los retos inmediatos que las editoriales enfrentaban con el nuevo escenario digital: la transformación a corto plazo de nuevos soportes de los textos y la modificación de la forma de trabajar de la industria editorial. En consecuencia, la imposición a largo plazo de modificar fundamentalmente la forma de realizar los productos editoriales. A partir de estos retos, e impactado por la memorable venta de cinco millones de ejemplares virtuales en 48 horas de un libro electrónico de Stephen King, el conferencista enumeró los hechos que marcaron y siguen afectando el hasta entonces modelo tradicional del negocio editorial: hay audiencia para el nuevo formato, pero falta infraestructura para hacerlo global; un producto virtual puede ir dirigido directamente a las redes y eso es potencialmente peligroso, pues prescinde del editor; el recálculo del precio final al consumidor es complejo y genera nuevas perspectivas para la determinación de los precios, incluso la idea de que necesita ser más barato que el libro de tapa dura; la cuestión de la piratería virtual y la facilidad de la reproducción es mucho más activa que la reprografía. Los sistemas de red también crearon las librerías virtuales, ¿tendrá el editor la tentación de vender directamente su producto eliminando las librerías? Wilens argumenta que todo esto, a mediano plazo, “debe modificar la cadena de valores de nuestro proceso (productivo y de negocios)”. Concluye haciendo una declaración de fe: “No creo que los libros, como los conocemos, desaparezcan en un futuro próximo, y podemos extenderlos a través de la tecnología del libro electrónico”. Alertando que no tiene las respuestas, agrega su temor por el futuro, porque las fuerzas destruirán y forzarán la construcción de una nueva cadena de valores y pondrán al acomodado sector en un “lugar diferente”.

Como él, todos los que hablaron por la industria editorial no presentaron respuestas o propuestas que buscaran entender lo nuevo que surgía con las novedades tecnológicas de la textualidad electrónica. En mi opinión, en la época y al día de hoy, más de una vez se veía al lector apenas como un consumidor y no como un ser humano que busca en la lectura muchos significados y necesidades. La advertencia de Ana María Cabanellas de que el libro es una mercancía, pero antes es un producto cultural, pasaba lejos de las preocupaciones de los presidentes ejecutivos de las grandes empresas editoriales. La ausencia de la virtud de la prudencia y de su ejercicio, que podría producir una estrategia innovadora, era aún más contundente porque estaba alimentada por emisarios bien entrenados de la nueva industria proveedora, los fabricantes de software y hardware, para la nueva tendencia que se afirmaba a comienzos del siglo.

En algunos momentos esa palabra de los nuevos proveedores de la industria editorial resultó grotesca. Tal vez la más explícita haya venido de la importante figura del entonces vicepresidente de eMerging Technologies de Microsoft, Dick Bras, quien sin entrar en rodeos centró su discurso en vaticinios devastadores para la industria editorial arraigada en el libro impreso. Logró impresionar a muchos y algunos ya se veían en la quiebra, vendiendo sus libros de papel para reciclaje y otros usos menos dignos, pero también inspiró buenos chistes de los más escépticos o prudentes. Entre algunas profecías, él anunciaba al año 2008 como el de la superación de la venta de los libros electrónicos y que en 2017 las bibliotecas, como las conocíamos, serían “objetos de encanto antiguo”. La realidad se mostró diferente, como lo sabemos: en el 2016, ocho años después de la profecía anunciada, la venta de libros electrónicos llegó al 25% del total de ventas de libros en los Estados Unidos y se mantiene en ese tope; en el 2017 la Biblioteca del Congreso americano, a pesar de un importante trabajo de digitalización de su colección, no descartó su fondo bibliográfico impreso y no parece tener intención de hacerlo; en el 2018, un año después de decretada la superación de las bibliotecas old fashion, se presencia la renovación del concepto de biblioteca en centenas de países, según indica la IFLA, y de políticas públicas como los Planes Nacionales de Lectura, además del éxito de bibliotecas innovadoras, como las “bibliotecas parques” colombianas, que se volvieron modelos de incontables programas internacionales. Además, existen muchos programas y acciones importantes e incluyentes de bibliotecas en centros comerciales, estaciones de tren y metro y otros lugares no convencionales como espacios de lectura que atraen a miles de personas. El mundo, a diferencia de la previsión exterminadora, está renovando sus bibliotecas. Por tratarse de un hombre inteligente, a nuestro conferencista le faltaron los atributos de la memoria y de la previsión para que pudiera estar en el lugar de los que usaron la virtud de la prudencia. O, quien sabe, la determinación de vender sus productos superó cualquier dimensión crítica al hablar a un selecto auditorio de profesionales.

Al analizar el pasado, sin correr el riesgo de no ejercer la prudencia que trabaja en el presente y vislumbra el futuro, quiero reflexionar con el lector sobre lo que persiste de esas visiones expuestas en el 2000 y lo que necesitamos cambiar aún en la gran cadena del libro y de la lectura después de estos dieciocho años, pasados desde el 26º Congreso. Y será sobre otras voces, que sí fueron prudentes en aquel Congreso, que ahora recuerdo, que buscaré construir estas reflexiones.

No tendré espacio para comentar en los límites de este primer artículo del año las posiciones que considero virtuosas y exponer mis posiciones. Completaré este artículo en dos etapas. El próximo mes comentaré los diálogos de los prudentes: Roger Chartier, Milagros del Corral y Emilia Ferreiro.

Representantes del Cerlalc asistirán a reunión de la Red Global de Bibliotecarios Innovadores

 

Entre el 28 de febrero y el 3 de marzo, se realizará en Seattle un encuentro de las distintas organizaciones encargadas de la implementación de Ineli en las regiones del mundo señaladas, entre cuyos objetivos están intercambiar experiencias, propiciar sinergias entre las regionales y discutir estrategias para la sostenibilidad de la esta iniciativa. Ineli Iberoamérica, implementado por el Cerlalc y la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, fue el único programa a nivel mundial en recibir una extensión de recursos para el desarrollo de su programa.

Al encuentro asistirán Marianne Ponsford, directora del Cerlalc, Lorena Panche, coordinadora de Ineli Iberoamérica, y Óscar Rodríguez, bibliotecario innovador de Costa Rica.

En el marco de su programa Global Libraries,  la Fundación Bill y Melinda Gates apoyó la realización de un programa de formación dirigido a bibliotecarios públicos destacados de todo el mundo, conocido como International Network of Emerging Library Innovators, Ineli. La implementación de esta iniciativa en las diferentes regiones escogidas (Sudeste asiático, Balcanes, India y Asia del sur, Oriente Medio y Norte de África, Oceanía, África Subsahariana e Iberoamérica) ha estado a cargo de organizaciones con trayectoria en el ámbito bibliotecario. En el caso de Iberoamérica, la Fundación encargó al Cerlalc de su desarrollo.

Ineli Iberoamérica inició en junio de 2015 con la participación de treinta bibliotecarios de diez países (Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, España, Guatemala, Paraguay y Portugal). Durante los más de dos años que completa el programa, los bibliotecarios han participado en tres encuentros presenciales (celebrados en Madrid, Bogotá y Medellín) y han cursado módulos virtuales sobre gerencia, liderazgo e implementación de proyectos bibliotecarios innovadores.

IV Jornadas de Bibliotecas de Museos, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y Sociedad Española de Documentación e Información Científica (SEDIC)

 

La Red de Bibliotecas de Museos (BIMUS) organiza, en colaboración con el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y de la Sociedad Española de Documentación e Información Científica (SEDIC) las IV Jornadas sobre Bibliotecas de Museos bajo el título “Estrategias sostenibles y alianzas en Bibliotecas de Museos“ y que tendrán lugar los días 23 y 24 de noviembre de 2017 en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.
El programa de las Jornadas se ha diseñado con el objetivo de plantear un marco para el debate sobre tres ejes temáticos principales:
– La difusión del patrimonio bibliográfico: exposiciones, actividades públicas y otras formas de presentación de los fondos.
– Los desafíos en la catalogación de fondos especializados.
– El patrimonio bibliográfico y los retos del entorno digital. En él se presentarán diferentes experiencias, tanto de los servicios y productos electrónicos que las bibliotecas de los museos ofrecen a sus usuarios, como los procedimientos que rigen la gestión de los derechos de autor de los documentos en soporte digital.

VII Encuentro de Bibliotecas y Municipio

 

Con el lema Territorios de convivencia se celebra la séptima edición del Encuentro de Bibliotecas y Municipio, que este año girará en torno al valor social de las bibliotecas y el impacto en la comunidad en la que se encuentran.
Esta jornada se organiza por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, a través de la Subdirección General de Coordinación Bibliotecaria y con la colaboración de la Federación Española de Municipios y Provincias y del Consejo de Cooperación Bibliotecaria, a través de la Comisión Técnica de Cooperación de Bibliotecas Públicas.
Estos encuentros, que se celebran cada dos años, tienen como objetivo poner en la agenda política a las bibliotecas como motor de desarrollo y bienestar de sus municipios.
A lo largo de la jornada del 21 de noviembre se presentarán buenas prácticas que mostrarán destacados proyectos de cómo las bibliotecas trabajan los diversos aspectos de lo social. Asimismo servirán como ejemplos de la implicación de los responsables de las políticas bibliotecarias de la administración local y los profesionales de sus bibliotecas, en su objetivo de contribuir a la mejora de la convivencia en los municipios.
Además se celebrará una mesa de debate con participación de alcaldes y concejales de cultura de diferentes localidades que dialogarán en torno al tema del valor social y de las diferentes dimensiones del concepto “social” de las bibliotecas en los municipios.
Para información adicional: info.sgcb@mecd.es

Bibliotecas para la Paz recibe VI Premio Internacional Aclebim de Bibliotecas Públicas Móviles en España

 

El 21 de octubre, el Proyecto Bibliotecas Públicas Móviles ‘Leer es mi cuento’ del Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional de Colombia será reconocido con el Premio internacional ACLEBIM de Bibliotecas Públicas Móviles. El jurado destacó que el proyecto es de “aquellos ejemplos que ponen especial énfasis en su papel central para la creación y el mantenimiento del concepto de comunidad, sirviendo a la vez de escenario a la misma, de elemento de cohesión, de centro de recursos, de dinamizador y de esperanza para el presente y el futuro de todos”.     

Más información en la página de la Biblioteca Nacional de Colombia.  http://bibliotecanacional.gov.co/es-co/actividades/noticias/en-la-rnbp/bibliotecas-para-la-paz-obtienen-premio-internacional

 

Foto tomada de la página web de la Biblioteca Nacional. 

El futuro de las bibliotecas

 

Por: José Castilho Marques Neto

¿Cuál es el futuro de las bibliotecas? Esa pregunta está siempre presente en las conferencias que hago en la región iberoamericana. Y tiene razón de ser en este mundo en el que la era de la información virtual se está mostrando como la era de la individualidad y de la búsqueda solitaria. Después de todo, ¿cuál es el sentido de la biblioteca en un futuro cuya búsqueda por la información se obtiene en la palma de la mano? Pero, ¿sería solamente la búsqueda de la información el sentido de una biblioteca?

Mi biblioteca personal almacena, además de los libros, algo que considero esencial para la existencia: mis cantantes, orquestas, instrumentistas, música de todas partes, de todos los géneros, que son una especie de alimento que amo y preservo desde que tengo memoria. Allá están varios medios que acompañaron mi vida: DVD, CD, LD, casetes, LP (long play o vinilos) e incluso algunos discos 33 R.P.M. heredados de mis padres, ¡y que esperan pacientemente mi soñada compra de un gramófono! Fue justamente al reponer, después de una limpieza, todo ese valioso material en la repisa, que empecé a hacer conexiones con lo que pretendía escribir en este artículo.

Tengo vinilos de la década de 1960 y cuando los uso siempre vuelven memorias de cómo llegué a ellos. Viví hasta 1971 en una pequeña ciudad al interior de São Paulo que, como millares de otras del Brasil y de América Latina, tenía poca información de lo que sucedía en los campos artístico y cultural, a no ser aquella vehiculada por las ondas de radio, de la incipiente televisión y por la prensa, en aquella época censurada por la dictadura militar vigente en el Brasil de aquel periodo. Uno de los vinilos que más me gusta es el de Ella Fitzgerald, que despertó mi gusto por el jazz en 1969, cuando lo compré. También limpié mi primer gran vinilo de Elis Regina y lo devolví a la repisa, así como un vinilo que reúne en audio pasajes de la mejor poesía y prosa de Fernando Pessoa, y que me trajo luz y pasión por la literatura portuguesa en aquella adolescencia sin muchos horizontes visibles.

Todas estas joyas musicales y literarias se me presentaron en una increíble y pequeña biblioteca que reunían adolescentes como yo y otros mayores, ya universitarios, en São Paulo u otros centros, pero que se sentían con el deber de frecuentar y contribuir con la colección de una biblioteca en la ciudad en donde nacieron.

Sí, pertenecí a ese grupo y tengo mucho orgullo de eso. El grupo de soñadores que tenía amor por las bibliotecas en aquella pequeña comunidad, reuniendo estudiantes, profesores locales, trabajadores de varias profesiones, amas de casa, pensionados, gente que le gustaba leer y conversar. Allá nos juntábamos, llevábamos libros recaudados, donados, comprados, que poco a poco llenaron algunas repisas y conformaron nuestras primeras lecturas más críticas. Era lo que hoy conocemos como biblioteca comunitaria o popular, con aquella ligereza y alegría que generalmente caracteriza esos espacios de compartimiento espontáneo.

En este espacio fue la primera vez que me hablaron de jazz y también de Ella Fitzgerald, así como oí por primera vez a Elis Regina y a Violeta Parra. Sí, también había música en la biblioteca, que no era silenciosa y austera, en donde las personas no pueden conversar e intercambiar ideas. Al contrario, se hablaba, y mucho, se sonreía y se reía tanto cuanto se podía. Y también se cantaba, ¡porque de esa biblioteca surgió un coro! Nos volvimos cantantes, empezamos a apreciar a Bach, Beethoven y otros compositores clásicos que parecían tan distantes en las clases de música en la escuela pública que frecuentábamos. En el coro, la conductora Maria José Marotti nos presentó cierta vez la cantata Carmina Burana, de Carl Orff, y rápidamente nos remitimos a los libros que narraban la literatura y la vida en la Edad Media y de los tales monjes goliardos. La música nos llevaba a los libros, que nos remitían a otras artes, a la literatura, al cine, al teatro, al patrimonio, entre tantas otras riquezas del universo humano. La pequeña biblioteca comunitaria nos unía, nos envolvía, y nos animaba a descubrir. No era magia, era la propia esencia de lo que debería ser una biblioteca.

Toda esa historia personal puede parecer distante y anacrónica en los tiempos de la información inmediata, del compartimiento virtual, de las redes sociales y de la formación a distancia. Es aún más distante si pensamos que casi todo lo que yo y mis amigos de aquel final de los años sesenta hacíamos para informarnos se puede hacer hoy en casa, en nuestros celulares o en un café internet, sin necesidad de nada ni de nadie, a no ser de una conexión a Internet.

En un contexto como ese, de semejante independencia en cuanto a la información, ¿cómo quedará el lugar de la biblioteca, aquella a la que Mário de Andrade, en torno de los años 1935 ya identificaba como “centros de información y cultura”? ¿Habrá un futuro para las bibliotecas?

Lo que constato en casi cuarenta años dedicados al libro y a la lectura, como profesional e investigador, y principalmente al revisar mis últimos años coordinando la construcción del Plan Nacional del Libro y Lectura del Brasil (PNLL), es la existencia de una región iberoamericana que tiene millares de iniciativas que reproducen mi experiencia juvenil comunitaria. No idéntica, al fin y al cabo, pues ya pasaron casi cincuenta años, pero con el mismo espíritu, la misma misión voluntaria, que es el resultado de la voluntad ciudadana de ayudarse o ayudar al otro a superarse. Las tecnologías aún no sustituyeron el deseo de compartir y éste se realiza plenamente en el contacto real entre humanos, en el intercambio de impresiones y conocimientos, en el intercambio entre seres que piensan y sienten.

A pesar de todo, florecen iniciativas que pasan por el sector público y van a la sociedad en todos sus estamentos, de la casa grande a las favelas, de las iglesias a las zonas desacralizadas de las ciudades, de las escuelas a las comunidades de ayuda mutua para alcanzar las primeras letras o cultivar las adquiridas precariamente. Millares de acciones se afirman con enorme sacrificio y esfuerzo. Bibliotecas públicas modernizadas, interactivas con los nuevos medios virtuales, conviven con bibliotecas comunitarias, núcleos de lectura tradicional, recitales de poesía y cuento, expresiones locales de las calles y de las artes, principalmente de aquellas artes literarias y musicales innovadoras que brotan fuertemente y con excelentes frutos en las periferias de las ciudades.

Por lo tanto, en esos espacios tercos y en constante florecimiento hay algo que va más allá del aislamiento virtual y de la autosatisfacción de las comunicaciones compartidas por Internet, en las cuales lo individual se sobrepone a lo colectivo y el compartir no es suficiente, al punto de acompañar o, principalmente, desarrollar la sensibilidad del contacto verdaderamente humano.

El futuro de las bibliotecas para mi es algo tan incierto como la capacidad que tendrán hoy de incorporar este mundo que, por un lado, favorece el acceso individual a la información y, por el otro, se puede transformar positivamente con la reacción de la sociedad, que colectiviza aquello que le es dado para ser manipulado aisladamente. Persiste, y de forma exponencial por la textualidad virtual contemporánea, ampliamente difundida, el deseo rigurosamente humano de compartir. ¿La biblioteca sabrá usar con eficacia ese reto que se le presenta?

Académicos y profesionales con experiencia en la biblioteconomía presentan propuestas que pueden estructurar nuevos rumbos para los servicios bibliotecarios. Son muchas las propuestas objetivas y las experiencias para hacer que la biblioteca sea un lugar del presente y del futuro.

Programas ya implantados, como los de accesibilidades, de fomentos permanentes a la lectura, de formación de mediadores, de bibliotecas multifuncionales como las Bibliotecas Parques de Colombia, que fomentan la lectura y educación junto con la promoción social, cívica y económica de los ciudadanos, florecen sin parar en nuestra región.

Todo esto es fundamental e inspirador, porque el futuro de las bibliotecas estará necesariamente conectado a la misión que ellas designen a sí mismas en el mundo contemporáneo, aunque yo piense que, cualquiera que sea esta misión, para que tenga un lugar garantizado en el futuro, no podemos olvidar que antes que nada, el espacio de la biblioteca tiene origen no apenas en la preservación y en el poder emanado de esa custodia privilegiada, sino en la idea maestra de compartir saberes, sabores y placeres. Tal vez ese espacio llegue a ser aún mayor que el de hoy, tal vez ese espacio resista como un oasis en un mundo cada vez más individualizado, pero, o será un espacio para compartir entre seres humanos, ¡o no será una biblioteca!

São Paulo, 17 de septiembre de 2017.

La versión en portugués de este artículo se encuentra aquí

 

Foto tomada de la página web Pixabay