¿Cuál es el futuro de las distribuidoras de libros en el Brasil?

 

José Henrique Guimarães

El negocio mayorista y la distribución de libros en el Brasil están pasando por una crisis histórica que supera la actual crisis económica brasileña. Son múltiples los factores endógenos y, a mi modo de ver, entre los principales se encuentran: el estancamiento del mercado de libros en el Brasil y en el mundo en las últimas décadas y la transferencia de las ventas minoristas a grandes redes de librerías y al comercio electrónico.

Sin embargo, la buena noticia es que en los Estados Unidos y en Europa el sector está pasando por un buen momento, gracias a la diversificación de servicios y categorías de productos en un mismo ámbito operacional, tales como: prestación de servicios logísticos, impresión bajo demanda, venta de libros electrónicos y audiolibros, música, regalos y papelería, entre otros.

Adicionalmente, allí el sector pasa por un importante movimiento de consolidación de mercado. Basta observar los ejemplos de los dos principales mayoristas americanos (Ingram y Baker&Taylor), que en los últimos años expandieron sus negocios de forma inorgánica, adquiriendo empresas que no solo generaron ganancias de escala, sino que agregaron nuevos canales, servicios y competencias. Las dos empresas juntas facturan hoy aproximadamente $5 mil millones de dólares, el equivalente a $16,5 mil millones de reales. Esto es una buena franja del mercado americano, cuyas ventas minoristas alcanzaron la cifra de $14,3 mil millones de dólares en el 2016. Solo a modo de comparación, el valor facturado por las dos empresas equivale a aproximadamente tres veces la facturación de las editoriales brasileñas juntas.

En 2016, Ingram adquirió la división de distribución del grupo Perseus, y su gran rival Baker &Taylor compró Bookmaster, una importante distribuidora con fuerte presencia en el negocio de la impresión bajo demanda (POD) e impresión de bajos tirajes. España pasa por movimientos parecidos. Por ahora, la principal sinergia entre las empresas allí es la cobertura geográfica, de la cual surge la figura de grandes mayoristas nacionales, en un país en donde la tradición de distribuidores regionales es grande. Es el caso de la reciente fusión entre los grupos Azeta y Unyban.

Pero, ¿por qué razón las distribuidoras en todo el mundo no están sufriendo tanto como las grandes redes de librerías? Arriba se expuso parcialmente la respuesta, esto es, la diversificación de servicios y la consolidación.

Pero eso no es todo. Hay otra razón que afecta la microeconomía del negocio: el distribuidor, comparado con el minorista, para crecer o fundirse con otras empresas no replica costos fijos en la misma proporción. En una visión simplificada de esta matemática, para que una red de librerías físicas duplique sus ventas necesita duplicar el número de almacenes y los costos fijos adicionales, tales como alquiler, funcionarios e infraestructura.

Para el distribuidor es posible hacer un movimiento de expansión sin el mismo impacto en costos fijos. Aún más considerando el mayor acceso que hay hoy a tecnologías aplicadas, tales como: WMS (Warehouse Management System)[1], intercambio electrónico de documentos (Electronic Data Interchange, EDI), metadatos, comercio electrónico B2B (business to business) y marketing digital. Esto hace que, por ejemplo, sea posible pensar en márgenes netas (EBIT)[2] de dos dígitos, que es el promedio del sector mayorista americano en general.

Sin embargo, antes de avanzar creo que es necesario aclarar la diferencia entre un distribuidor y un mayorista, aún no muy clara aquí en el Brasil.

El distribuidor actúa como una solución completa para las editoriales, normalmente de pequeño y mediano porte, que no pretenden o no se sienten capaces de invertir más allá de la producción de contenidos e impresión. De esta manera, se encarga del almacenamiento, ventas, marketing digital, producción de catálogos temáticos (normalmente mezclando el acervo de varias editoriales), de manera que consolida el trabajo de ventas y logística, garantizando el suministro de los productos editoriales en los almacenes y en el mercado, en su totalidad.

Por otro lado, el mayorista trabaja con mayor enfoque en el punto de venta y en las bibliotecas, garantizando un amplio surtido de productos disponibles en el mercado para sus clientes, entre los que se cuentan librerías, bibliotecas y empresas.

Según la investigación Producción y ventas del sector editorial brasileño (FIPE, CBL y SNEL), los distribuidores representan el 20% de las ventas de las editoriales en el Brasil. Pero, ¿cuál sería entonces el motivo de la crisis por la cual pasan los distribuidores en el Brasil?

 

  1. Las editoriales brasileñas de pequeño y mediano porte, a diferencia de las estadounidenses y europeas, a lo largo del tiempo asumieron la distribución de sus propios libros, constituyendo logística propia o tercerizada (una minoría) y equipos de ventas. De esta manera, la mayoría de los distribuidores se volvió mayorista, conforme la definición presentada arriba.

 

  1. Debido al tamaño del mercado brasileño, el volumen comercializado por los distribuidores y mayoristas no es significativo al punto de generar una economía de escala y la remuneración pagada por las editoriales en forma de descuento es inferior al promedio del mercado mundial que varía entre 60 y el 70% para los distribuidores. Estos por su parte le distribuyen a los mayoristas y demás canales con diferentes descuentos.

 

  1. El gran atraso tecnológico del Brasil en términos de definición de estándares para metadatos y el intercambio electrónico de datos, lo cual haría posible una mayor integración de la cadena, productividad y un mejor suministro, con aumento de la oferta de productos y consecuente reducción de la ruptura.

 

  1. La presencia casi exclusiva de empresas nacionales y familiares.

 

  1. La disminución continua de las utilidades, mencionada en el párrafo inicial.

 

Haciendo un análisis de algunos de los principales distribuidores nacionales como Acaiaca, Boa Viagem, BookPartners, Catavento, Curitiba, Disal, Inovação, Loyola y A Página, se percibe nítidamente entre ellos una complementariedad en términos de segmentación de canal, categorías de productos y servicios y región. Pero eso no es todo: también hay complementariedad en el campo de la tecnología aplicada y formación de capital.

Tal complementariedad puede ser un importante incentivo para un necesario movimiento de consolidación entre estas empresas. Por ejemplo, en términos de segmentación geográfica, se identifica una presencia notable de Boa Viagem, Curitiba y A Página en sus respectivas regiones.

En términos de segmentación por línea de productos, Disal aparece dominando la comercialización de libros didácticos en el área de enseñanza de lenguas como segunda lengua, así como la Distribuidora Loyola, con libros religiosos.

En cuanto a la diversificación de servicios y de tecnología aplicada, destaca Acaiaca que, además de distribuidora, opera en el sector de logística como prestadora de servicios y actúa como una plataforma de distribución de libros electrónicos.

Cuando se trata de canal, Catavento se destaca en los canales de supermercados y puntos alternativos y la Distribuidora Inovação en la atención a bibliotecas.

BookPartners, por otro lado, es pionera en movimientos en el sentido de la consolidación de mercado, verticalización para el minorista y diversificación de servicios como el de impresión bajo demanda.

Pero, ¿cómo promover alianzas entre empresas tan complementarias entre sí, considerando que es un movimiento aparentemente tan lógico, pero que en la práctica no resulta tan simple, por tratarse de pequeñas y medianas empresas familiares con poca experiencia en alianzas estratégicas y baja gobernanza corporativa, en general?

Un posible camino, en mi opinión, sería empezar por pequeñas alianzas estratégicas en torno a nuevos servicios, como impresiones bajo demanda o prestación de servicios logísticos, exponiendo una pequeña parte del negocio y progresivamente incluyendo otros frentes de negocio.

Una vez perfeccionado el modelo, esta nueva fuerza empresarial establecida podría observar el mercado en búsqueda de oportunidades de adquisición para su expansión y con el tiempo certificarse para buscar apoyo en el mercado de capitales y alianzas internacionales.

En otras palabras, empezar la asociación con un pequeño negocio, con una nueva persona jurídica de forma cooperada, ayudaría a fomentar internamente entre los socios una cultura de alianza estratégica y se obtendría confianza para avanzar en ella.

La experiencia internacional indica que, a diferencia de lo que dice el “sentido común”, existen oportunidades que permiten que el papel de las distribuidoras en la cadena del libro aumente en términos de relevancia (y en facturación y rentabilidad también). En este contexto, la principal pregunta que debemos hacernos no es “si”, sino ¿hasta cuándo (nosotros los distribuidores) permaneceremos cada cual en su lugar?

Artículo publicado originalmente en portugués en PublishNews.

 

[1] Es un sistema de información que da soporte a la gestión logística dentro de los almacenes. Permite controlar el movimiento de los materiales almacenados y las transacciones asociadas, incluyendo envío, recepción, existencias, etc.

[2] Acrónimo en inglés de Earnings Before Interest and Taxes, en español BAII: beneficio antes de intereses e impuestos. Se trata de indicador anual que muestra la eficiencia operativa de las empresas y la capacidad de sus activos para generar rentas.

Se anuncia en Brasil traducción al portugués del libro Un mundo abierto, cultura en la primera Infancia

 

Cerlalc participó en la primera edición del  del Seminario Internacional Arte, Palabra y Lectura en la Primera Infancia, que se celebró los días 13, 14 y 15 de marzo en Sao Paulo, Brasil. Durante la jornada intervinieron Lorena Panche, coordinadora del Observatorio iberoamericano de Cultura y Educación para la Primera Infancia del Cerlalc, expertos internacionales y autores aliados del Centro.

Panche participó en la mesa “Quién cuida de los futuros lectores”, enfocada en las políticas públicas de atención integral a la primera infancia, donde presentó Orientaciones para la evaluación de planes y políticas públicas para la primera infancia, una de las publicaciones más recientes del Cerlalc, orientada a brindar herramientas prácticas para evaluar la implementación y los resultados de programas y servicios dirigidos a este grupo poblacional.

Entre los invitados se destaca la participación de los expertos Dolores Prades, consultora editorial y especialista en primer infancia; Yolanda Reyes, escritora y educadora; Patricia Pereira-Leite, psicóloga clínica y psicoanalista, y María Emilia López, educadora y psicóloga, quienes asesoraron al Cerlalc en la creación del Observatorio Iberoamericano de Educación y Cultura para la Primera Infancia, OPI. López es, además, autora del libro Un mundo abierto. Cultura y primera infancia, publicado por el Centro en 2016. Tal como se anunció durante el evento, este título será coeditado en portugués por el Laboratorio Emilia y el Cerlalc.   

Nuevo Comité Ejecutivo del Cerlalc conformado por El Salvador, Argentina, México, Brasil, Cuba y Guatemala

 

En la última reunión ordinaria del Consejo del Cerlalc, El Salvador, Argentina, México, Brasil, Cuba y Guatemala, junto a un miembro de la UNESCO y  representantes del gobierno de Colombia, fueron seleccionados para conformar el Comité Ejecutivo del Centro. En la reunión también se eligió a la representante de El Salvador, Silvia Elena Regalado, como presidente del Comité.

El Comité Ejecutivo, órgano rector de la entidad, aprueba el presupuesto y los programas. El presidente del comité dirige los encuentros, tiene voto decisivo en caso de empates y presenta un informe sobre la decisiones del Consejo, entre otras funciones encargadas por el Comité.

Los representantes de los países que hacen parte del Comité se posesionan desde el 10 de noviembre de 2017 y durarán en el cargo hasta la próxima reunión ordinaria del Consejo del Centro.

Fotografía tomada por Natalia Espina, CNCA Chile.

 

 

 

¿Para qué sirven las leyes de promoción de la lectura?

 

Por: José Castilho Marques Neto 

Vivo en un país, Brasil, en donde se puede aplicar con frecuencia un viejo dicho popular que afirma que hay leyes que se ejecutan y otras que jamás lo serán. En el lenguaje común, son las “¡leyes que pegan y las que no pegan!”. Considerado “natural” por buena parte de la población, ese lado perverso del “jeitinho brasileiro”[1] demuestra con claridad nuestro profundo atraso en cuestiones fuertemente relacionadas a las cuestiones democráticas, en una sociedad tan autoritaria y desigual como la brasileña.

No puedo afirmar que una visión tan limitada como esta, que no comprende el concepto y la utilidad de las leyes en una sociedad compleja, sea común a los países de nuestra región. No tengo conocimiento suficiente del conjunto de los países para cuestionar una visión de mundo que se asemeje a la brasileña, pero gracias a los muchos años que tengo como “viajero” por América Latina, y habiendo debatido en muchos y diversos foros nacionales e internacionales en los últimos 35 años, me atrevo a afirmar que las cuestiones que implican la lucha por legislaciones a favor del libro, la lectura, la literatura y las bibliotecas son algo aún distante para la mayoría de los militantes del sector.

En las diversas ocasiones en que debatí estas cuestiones, quienes las traían a la luz siempre eran profesionales con experiencia en organizaciones de cooperación internacional, como el Cerlalc, o agentes públicos interesados en conseguir alguna durabilidad temporal de los programas de promoción del libro y de la lectura en curso, en la coyuntura en la que actuaban. O incluso, por representantes de la economía del libro, empresarios del sector interesados en una legislación protectora, de preferencia que rebajara sus impuestos y tasas. De hecho, y haciendo ahora una retrospectiva, no recuerdo que el asunto “legislación” haya sido pauta de los muchos y muchos encuentros que tuve con la militancia, que conforma la formación lectora en toda Latinoamérica.

Los fomentadores y mediadores de la lectura piensan en todo, pero creo que no consideran con la debida importancia el hecho de que exista o no una ley que reglamente las cuestiones vinculadas a la lectura. Preocupados con sus acciones y programas, con el espíritu emprendedor nato y las enormes dificultades que acompañan las iniciativas que llevan a cabo en la base de la pirámide social, en las escuelas, en las asociaciones de barrio, en las periferias, en los campos y lugares casi inaccesibles, esos liderazgos consideran, en general, que la legislación no es esencial.

Evidentemente estoy generalizando y siempre será posible encontrar en la militancia por la lectura a aquellos que conocen la importancia y defienden la lucha por la creación y perfeccionamiento de leyes para el sector. Pero me atrevo a afirmar que la mayoría de los liderazgos no considera central ese reto y muchos incluso lo desconocen. Tanto se presenta esto como verdad, que una de las preguntas que más me hacen es: “¿para qué sirven las leyes del libro y la lectura?”. Con cierta frecuencia, esa pregunta se completa con una afirmación: “Necesitamos recursos y reconocimiento del trabajo que hacemos, no leyes”.

Con todo el respeto por los resultados que los trabajos de formación de lectores presentan con mucha constancia en toda América Latina, estoy en firme desacuerdo con el menosprecio que hemos demostrado frente a las leyes para el sector y su defensa como estrategia fundamental para que obtengamos políticas públicas de libro, lectura, literatura y bibliotecas en nuestros países.

La lucha por la conquista de legislaciones que obliguen al poder público a tener políticas públicas de lectura oficialmente instituidas, con directrices democráticas e incluyentes y recursos destinados a su ejecución, es una estrategia cada vez más necesaria en un escenario político e institucional muy variable, a veces incierto, en donde conceptos como el de “posverdad” surgen para contradecir la nítida verdad de los hechos que están frente a nuestros ojos, nuestra razón y nuestra sensibilidad. Al fin y al cabo, mis estimados amigos, los gobiernos realmente hacen las políticas públicas cuando promulgan marcos legales (leyes, decretos, resoluciones) y le aplican recursos a esa política. Sin esos dos requisitos, lo que tendremos es la retórica y discursos vacíos de los gobernantes.

Defender nuestros derechos democráticos como ciudadanos, y defender el derecho a la lectura como un derecho humano para todos, es un asunto demasiado serio y estratégicamente fundamental para la formación integral de las personas y para nuestro desarrollo sostenible. Por eso, no puede quedar a la deriva de las voluntades e idiosincrasias de los gobernantes y liderazgos presentes o futuros. Es necesario imponer esa voluntad de la mayoría, de ejercer sus habilidades y sensibilidades en la lectura, en textos de leyes perennes, orientadoras de las directrices públicas de toda la cadena creativa, productiva, distributiva y mediadora de la lectura, haciendo real o posible en determinado plazo la política de lectura en los países de la región.

Para nuestros países, en los que los niveles de lectura y de formación de lectores son inadmisibles y es necesario avanzar mucho, obtener legislación adecuada y generosa para ampliar el acceso al libro y a la lectura, formar mediadores y apoyar la economía del libro se tornan medidas urgentes provenientes de la buena aceptación que todos los países tuvieron de la aplicación de los primeros Planes Nacionales de Lectura, desde el año 2006.

Exitosos en su corta duración hasta ahora, algunos avanzando, otros naufragando, los Planes Nacionales de Lectura mostraron con claridad que, antes que nada, necesitamos un buen tiempo para alcanzar de hecho un avance significativo en el índice de lectura y de alfabetización en nuestros países. Necesitamos tiempo y trabajos coherentes de formación lectora, que pasarán por generaciones hasta que nos consideremos países lectores, en donde el derecho a la lectura sea ejercido plenamente y fomentado por el poder público.

¿Cómo avanzar ese tiempo en una sociedad movida por intereses profundos si no tenemos un marco legal, una letra marcada en nuestras legislaciones, que nos garantice luchar como ciudadanos por el derecho a la lectura?

No debemos tergiversar lo que es fundamental para nuestra sociedad y para nuestra permanencia como seres humanos que buscan la equidad. No olvidemos que cuando se trata de derechos humanos, aquellos que están contra ellos siempre evitarán los compromisos en relación a su ejercicio efectivo. Y nuestro compromiso debe quedar bien grabado, permanentemente, en una legislación clara y objetiva, que delimite y establezca los caminos de acción de la lectura del Estado.

La respuesta a la pregunta que titula este artículo es simple y directa: necesitamos leyes que instituyan y defiendan el derecho a la lectura y todos los vínculos de ese sector de la cultura, ya que implican un compromiso, un pacto social realizado por la mayoría de la sociedad que entiende la importancia estratégica de la lectura para el desarrollo sostenible de nuestras naciones.

La lucha por estas leyes, junto con la lucha por la implantación de las que ya fueron promulgadas, debe ser parte efectiva de nuestras reivindicaciones frente a los poderes ejecutivo, legislativo y judicial en nuestros países. Incorporar las banderas de marcos legales para el libro, la lectura, la literatura y las bibliotecas con la finalidad de fomentar políticas públicas de inclusión es un asunto urgente y forjará una legitimidad aún mayor a nuestros movimientos cotidianos, para formar lectores y ciudadanos.

 

[1] La expresión “jeitinho brasileiro” no tiene una traducción literal en español, aunque “jeito” significa habilidad, destreza o forma de ser. “Jeitinho brasileiro” se usa para expresar una manera “especial” de resolver una situación difícil o adversa a los objetivos de un individuo; puede ser vista como una manera creativa, astuta o propia de alguien con habilidades, pero también es vista como una manera poco ortodoxa o legal de resolver el problema.

Una semblanza de Ángela Lago

 

Por: Selene Tinco

Ángela Lago, ilustradora y escritora brasileña, pionera en el libro álbum en Iberoamérica, ha partido recientemente. Esta inquieta artista nos deja su obra, que apuesta por una literatura infantil y juvenil valiente y que explora a través de la gramática visual nuevas formas de narrar.

La artista, reconocida en España, Francia, Eslovaquia y Japón, y con múltiples premios en su país natal, siempre buscó innovar(se) e incluir más al lector en la producción del sentido convirtiéndolo en “coautor”, retos que se impuso desde hace más de 20 años y que nos vuelven a mostrar su faceta pionera.

Su nombre es infaltable en los estudios sobre el libro álbum en Iberoamérica; sin embargo, su obra es poco conocida en los países latinoamericanos de habla hispana, donde los niños casi no la han visto en sus bibliotecas. La principal de las razones tal vez sea el que su obra siempre fue un desafío para los editores, sumado a la poca distribución editorial de autores latinoamericanos de LIJ en el mismo continente. 

Porcentajes de lectura en diferentes soportes – Estadística Cerlalc

 

El 78% de los brasileños declararon haber leído en cualquier formato o soporte en los últimos doce meses, en Colombia el porcentaje fue del 90,7%. En cuanto a lectura de libros, el 76% de los chilenos leyó por lo menos un libro en los últimos doce meses. Lo sigue Brasil con un 74% y luego México con un 57%. En Colombia, por su parte, la población lectora de libros fue del 47,5%.

https://www.youtube.com/watch?v=BOFxP5sjhAk

Brasil avanza en la aprobación de Proyecto de Ley que instituye Política Nacional de Lectura y Escritura

 

El Proyecto de Ley que busca instituir la Política Nacional de Lectura y Escritura o Ley Castilho, nombrado así por Jose Castilho, uno de sus principales proponentes e impulsores, avanzó un paso más.  La Cámara de Diputados de Brasil aprobó el informe, presentado por el diputado Waldenor Pereira, que recomendaba la aprobación del Proyecto de Ley. Ahora el Proyecto deberá ser analizado por la Comisión de Constitución y Justicia de la Cámara y, si se aprueba allí, seguirá para sanción presidencial.

José Castilho Marques Neto propuso el proyecto en el 2016, mientras se desempeñaba como Secretario Ejecutivo del Plan Nacional del Libro y la Lectura. José, además de experto en Planes Nacionales, es asesor externo del Cerlalc y colaborador permanente del blog sobre temas del libro y la lectura. Clic aquí para ver leer su última entrada de blog El futuro de las bibliotecas.

La Ley Castilho incluye “estrategias que deben contribuir a la universalización del derecho al acceso al libro, a la lectura, a la escritura, a la literatura y a las bibliotecas”. Entre los objetivos de la ley están fortalecer el Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas y promover el desarrollo educativo, cultural y social del país desde la lectura, el conocimiento y la tecnología. 

Más información: http://www.publishnews.com.br/materias/2017/10/05/pl-7.752/17-a-um-passo-de-virar-lei-castilho?utm_source=PublishNews&utm_campaign=d4579608fa-EMAIL_CAMPAIGN_2017_10_05&utm_medium=email&utm_term=0_598a87e1b7-d4579608fa-51829657

El futuro de las bibliotecas

 

Por: José Castilho Marques Neto

¿Cuál es el futuro de las bibliotecas? Esa pregunta está siempre presente en las conferencias que hago en la región iberoamericana. Y tiene razón de ser en este mundo en el que la era de la información virtual se está mostrando como la era de la individualidad y de la búsqueda solitaria. Después de todo, ¿cuál es el sentido de la biblioteca en un futuro cuya búsqueda por la información se obtiene en la palma de la mano? Pero, ¿sería solamente la búsqueda de la información el sentido de una biblioteca?

Mi biblioteca personal almacena, además de los libros, algo que considero esencial para la existencia: mis cantantes, orquestas, instrumentistas, música de todas partes, de todos los géneros, que son una especie de alimento que amo y preservo desde que tengo memoria. Allá están varios medios que acompañaron mi vida: DVD, CD, LD, casetes, LP (long play o vinilos) e incluso algunos discos 33 R.P.M. heredados de mis padres, ¡y que esperan pacientemente mi soñada compra de un gramófono! Fue justamente al reponer, después de una limpieza, todo ese valioso material en la repisa, que empecé a hacer conexiones con lo que pretendía escribir en este artículo.

Tengo vinilos de la década de 1960 y cuando los uso siempre vuelven memorias de cómo llegué a ellos. Viví hasta 1971 en una pequeña ciudad al interior de São Paulo que, como millares de otras del Brasil y de América Latina, tenía poca información de lo que sucedía en los campos artístico y cultural, a no ser aquella vehiculada por las ondas de radio, de la incipiente televisión y por la prensa, en aquella época censurada por la dictadura militar vigente en el Brasil de aquel periodo. Uno de los vinilos que más me gusta es el de Ella Fitzgerald, que despertó mi gusto por el jazz en 1969, cuando lo compré. También limpié mi primer gran vinilo de Elis Regina y lo devolví a la repisa, así como un vinilo que reúne en audio pasajes de la mejor poesía y prosa de Fernando Pessoa, y que me trajo luz y pasión por la literatura portuguesa en aquella adolescencia sin muchos horizontes visibles.

Todas estas joyas musicales y literarias se me presentaron en una increíble y pequeña biblioteca que reunían adolescentes como yo y otros mayores, ya universitarios, en São Paulo u otros centros, pero que se sentían con el deber de frecuentar y contribuir con la colección de una biblioteca en la ciudad en donde nacieron.

Sí, pertenecí a ese grupo y tengo mucho orgullo de eso. El grupo de soñadores que tenía amor por las bibliotecas en aquella pequeña comunidad, reuniendo estudiantes, profesores locales, trabajadores de varias profesiones, amas de casa, pensionados, gente que le gustaba leer y conversar. Allá nos juntábamos, llevábamos libros recaudados, donados, comprados, que poco a poco llenaron algunas repisas y conformaron nuestras primeras lecturas más críticas. Era lo que hoy conocemos como biblioteca comunitaria o popular, con aquella ligereza y alegría que generalmente caracteriza esos espacios de compartimiento espontáneo.

En este espacio fue la primera vez que me hablaron de jazz y también de Ella Fitzgerald, así como oí por primera vez a Elis Regina y a Violeta Parra. Sí, también había música en la biblioteca, que no era silenciosa y austera, en donde las personas no pueden conversar e intercambiar ideas. Al contrario, se hablaba, y mucho, se sonreía y se reía tanto cuanto se podía. Y también se cantaba, ¡porque de esa biblioteca surgió un coro! Nos volvimos cantantes, empezamos a apreciar a Bach, Beethoven y otros compositores clásicos que parecían tan distantes en las clases de música en la escuela pública que frecuentábamos. En el coro, la conductora Maria José Marotti nos presentó cierta vez la cantata Carmina Burana, de Carl Orff, y rápidamente nos remitimos a los libros que narraban la literatura y la vida en la Edad Media y de los tales monjes goliardos. La música nos llevaba a los libros, que nos remitían a otras artes, a la literatura, al cine, al teatro, al patrimonio, entre tantas otras riquezas del universo humano. La pequeña biblioteca comunitaria nos unía, nos envolvía, y nos animaba a descubrir. No era magia, era la propia esencia de lo que debería ser una biblioteca.

Toda esa historia personal puede parecer distante y anacrónica en los tiempos de la información inmediata, del compartimiento virtual, de las redes sociales y de la formación a distancia. Es aún más distante si pensamos que casi todo lo que yo y mis amigos de aquel final de los años sesenta hacíamos para informarnos se puede hacer hoy en casa, en nuestros celulares o en un café internet, sin necesidad de nada ni de nadie, a no ser de una conexión a Internet.

En un contexto como ese, de semejante independencia en cuanto a la información, ¿cómo quedará el lugar de la biblioteca, aquella a la que Mário de Andrade, en torno de los años 1935 ya identificaba como “centros de información y cultura”? ¿Habrá un futuro para las bibliotecas?

Lo que constato en casi cuarenta años dedicados al libro y a la lectura, como profesional e investigador, y principalmente al revisar mis últimos años coordinando la construcción del Plan Nacional del Libro y Lectura del Brasil (PNLL), es la existencia de una región iberoamericana que tiene millares de iniciativas que reproducen mi experiencia juvenil comunitaria. No idéntica, al fin y al cabo, pues ya pasaron casi cincuenta años, pero con el mismo espíritu, la misma misión voluntaria, que es el resultado de la voluntad ciudadana de ayudarse o ayudar al otro a superarse. Las tecnologías aún no sustituyeron el deseo de compartir y éste se realiza plenamente en el contacto real entre humanos, en el intercambio de impresiones y conocimientos, en el intercambio entre seres que piensan y sienten.

A pesar de todo, florecen iniciativas que pasan por el sector público y van a la sociedad en todos sus estamentos, de la casa grande a las favelas, de las iglesias a las zonas desacralizadas de las ciudades, de las escuelas a las comunidades de ayuda mutua para alcanzar las primeras letras o cultivar las adquiridas precariamente. Millares de acciones se afirman con enorme sacrificio y esfuerzo. Bibliotecas públicas modernizadas, interactivas con los nuevos medios virtuales, conviven con bibliotecas comunitarias, núcleos de lectura tradicional, recitales de poesía y cuento, expresiones locales de las calles y de las artes, principalmente de aquellas artes literarias y musicales innovadoras que brotan fuertemente y con excelentes frutos en las periferias de las ciudades.

Por lo tanto, en esos espacios tercos y en constante florecimiento hay algo que va más allá del aislamiento virtual y de la autosatisfacción de las comunicaciones compartidas por Internet, en las cuales lo individual se sobrepone a lo colectivo y el compartir no es suficiente, al punto de acompañar o, principalmente, desarrollar la sensibilidad del contacto verdaderamente humano.

El futuro de las bibliotecas para mi es algo tan incierto como la capacidad que tendrán hoy de incorporar este mundo que, por un lado, favorece el acceso individual a la información y, por el otro, se puede transformar positivamente con la reacción de la sociedad, que colectiviza aquello que le es dado para ser manipulado aisladamente. Persiste, y de forma exponencial por la textualidad virtual contemporánea, ampliamente difundida, el deseo rigurosamente humano de compartir. ¿La biblioteca sabrá usar con eficacia ese reto que se le presenta?

Académicos y profesionales con experiencia en la biblioteconomía presentan propuestas que pueden estructurar nuevos rumbos para los servicios bibliotecarios. Son muchas las propuestas objetivas y las experiencias para hacer que la biblioteca sea un lugar del presente y del futuro.

Programas ya implantados, como los de accesibilidades, de fomentos permanentes a la lectura, de formación de mediadores, de bibliotecas multifuncionales como las Bibliotecas Parques de Colombia, que fomentan la lectura y educación junto con la promoción social, cívica y económica de los ciudadanos, florecen sin parar en nuestra región.

Todo esto es fundamental e inspirador, porque el futuro de las bibliotecas estará necesariamente conectado a la misión que ellas designen a sí mismas en el mundo contemporáneo, aunque yo piense que, cualquiera que sea esta misión, para que tenga un lugar garantizado en el futuro, no podemos olvidar que antes que nada, el espacio de la biblioteca tiene origen no apenas en la preservación y en el poder emanado de esa custodia privilegiada, sino en la idea maestra de compartir saberes, sabores y placeres. Tal vez ese espacio llegue a ser aún mayor que el de hoy, tal vez ese espacio resista como un oasis en un mundo cada vez más individualizado, pero, o será un espacio para compartir entre seres humanos, ¡o no será una biblioteca!

São Paulo, 17 de septiembre de 2017.

La versión en portugués de este artículo se encuentra aquí

 

Foto tomada de la página web Pixabay

El ISBN en Iberoamérica. Estado actual del sistema de registro y de las agencias de la región

 

Por: Diana Cifuentes Gómez  Yenny Chaverra

En la actualidad, el comercio mundial del libro se realiza en su mayoría mediante el uso del sistema ISBN (International Standard Book Number)[1] por ser un método rápido y eficiente. Tener una publicación sin ISBN implica estar por fuera del ámbito comercial del libro, ya que los pedidos y la distribución se gestionan esencialmente a través de este sistema. En su forma de código de barras puede ser leído electrónicamente, y ha logrado integrarse exitosamente dentro del funcionamiento de las plataformas de comercio electrónico, además de ser compatible con nuevos desarrollos tecnológicos orientados al comercio.

A pesar de haber pasado más de cincuenta años desde su creación, se trata de un sistema totalmente vigente que optimiza el manejo del registro bibliográfico, ahorra tiempo y costes de personal, permite diferenciar distintos formatos y ediciones de un libro, facilita la compilación y puesta al día de los directorios de comercio del libro y de las bases de datos bibliográficas, permite hacer seguimiento a la información de ventas y recibir pagos por préstamos de libros en aquellos países en donde existe una remuneración por el préstamo en bibliotecas públicas.

En Iberoamérica, el primer país en tener una agencia nacional ISBN fue España en el año 1972, tan solo dos años después de creada la norma internacional ISO, la cual estableció los principios y procedimientos para la numeración internacional normalizada para el libro. Le siguieron México (1977), Brasil (1978), Argentina (1982) y Colombia (1983), todos países con un buen grado de desarrollo del sector editorial y con una necesidad inminente del uso de un sistema para el comercio de su producción bibliográfica.

Posteriormente al establecimiento de las primeras agencias, el Centro R

 

egional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe-CERLALC tuvo una responsabilidad importante en la expansión del sistema de gestión del ISBN en la región, con la realización de un fuerte trabajo de promoción del mismo. A partir de este ejercicio, países como Costa Rica, Venezuela, Ecuador y Portugal abrieron sus agencias en lo que restaba de los años ochenta y un último grupo –conformado por Uruguay, Cuba, Perú, Bolivia, Honduras, Panamá, El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Paraguay y República Dominicana– creó sus respectivas agencias a lo largo de los años noventa. La institución se convirtió durante estas dos décadas en facilitadora de la implementación del sistema en la región a través del suministro de información y mediante la asesoría prestada en común acuerdo con la Agencia Internacional del ISBN.

La principal motivación para promocionar la creación de agencias fue el reconocimiento de que el ISBN era un mecanismo importante para la promoción y circulación nacional e internacional del libro y, por lo tanto, un factor de desarrollo de la industria editorial en la región (Rojas L. 1986). En este proceso CERLALC ha sido un interlocutor permanente en

 

tre las Agencias Nacionales y la Agencia Internacional. Otros aportes de la institución han tenido que ver con el desarrollo de programas de mejoramiento de la calidad de las bases de datos producidas por las agencias, la producción de documentos y realización de presentaciones en encuentros internacionales para lograr una estandarización de la información producida a nivel regional y mejorar su calidad y el desarrollo de software especializado para la gestión del ISBN.

El estudio que estamos realizando en este momento tiene como objetivo hacer un diagnóstico del estado actual de las agencias ISBN de la región y proponer mecanismos para su desarrollo en términos de la prestación de más y mejores servicios, acordes a las necesidades del sector editorial, pero también, a los perfiles, infraestructura y capacidad instalada de las agencias. También busca identificar cómo se pude brindar una mejor coordinación desde el CERLALC en términos de asistencia técnica y gestión interinstitucional con el sector privado y los gobiernos de Iberoamérica.

Comprende también la indagación de fuentes secundarias que brinde un panorama del estado actual de desarrollo de identificadores únicos tanto comerciales como bibliográficos que se están utilizando en diversos sectores (música, audiovisual), así como la identificación de objetos digitales en entornos digitales, como referencia de las nuevas perspectivas y retos del sector editorial. Igualmente, se realizará un ejercicio de benchmarking para evaluar los servicios que actualmente prestan otras agencias ISBN alrededor del mundo y su aplicabilidad al contexto iberoamericano.

Hoy la estructura operativa y financiera de las agencias iberoamericanas es bastante variada: mientras que en algunos países la asignación del identificador tiene costo, en otros es otorgado de manera gratuita. Está e

 

l caso de agencias que cuentan con sistemas digitales, en línea y automatizados desde la solicitud, pago y asignación, y otras que de acuerdo a su sector y por ciertas limitaciones de infraestructura tecnológica prestan el servicio con una asistencia más directa al usuario (atención telefónica, vía correo electrónico, de forma presencial). Algunas agencias son financiadas por el gobierno y otras por los gremios editoriales, unas cuentan con una planta de personal de dos empleados y otras llegan a tener hasta quince colaboradores en su equipo.

La cantidad de registros ISBN anuales asignados por las agencias varía entre los 200 que ha asignado la Agencia Nicaragüense del ISBN en los últimos 3 años, a los 85.973 títulos registrados en España en 2016, lo cual es un reflejo tanto del tamaño de sus sectores editoriales como de sus condiciones estructurales y operativas. De manera que un reto importante tanto para las Agencias como para el CERLALC es alinearse alrededor de unos intereses comunes –entendiendo la variedad, capacidades y alcance de las agencias– que permitan adelantar un trabajo conjunto para la generación de una mayor integración, que tenga como resultado una nivelación de las condiciones básicas de prestación del servicio, la transferencia permanente de capacidades tecnológicas y organizacionales, y la creación de proyectos conjuntos que generen beneficios para las agencias y redunden en

 

 la facilitación de la circulación del libro en la región y den respuesta a los nuevos retos de la industria editorial en la era digital.

[1] Un ISBN es un código normalizado internacional para libros (International Standard Book Number) que contiene 13 dígitos que corresponden a cinco elementos separados entre sí por un espacio o un guión: un prefijo que señala que el objeto identificado es un libro; un segundo elemento que identifica el país, región geográfica o área lingüística; un tercer elemento titular que corresponde al editor o sello editorial; un cuarto elemento de publicación que caracteriza la edición y el formato del título, y por último, un dígito de control que valida matemáticamente el resto del número (Agencia Internacional ISBN 2014).

Referencias

Agencia Internacional ISBN. Agencia Internacional ISBN ¿Qué es un ISBN? 2014.

https://www.isbn-international.org/es/content/%C2%BFqu%C3%A9-es-un-isbn (último acceso: 23 de septiembre de 2017).

Agencia Internacional ISBN. Noticias. Septiembre 2015. https://www.isbn-international.org/es/content/standard-book-numbering-turns-50 (último acceso 3 de agosto de 2017).

Rojas L., Octavio G. El sistema ISBN en América Latina y el Caribe. Informe, Bogotá: CERLALC, 1986.

 

 

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CERLALC está adelantando una investigación para desarrollar un “Diagnóstico sobre el sistema ISBN en las agencias nacionales de Iberoamérica y recomendaciones sobre la adopción de nuevos servicios”. Necesitamos del apoyo de los editores para reunir el mayor número de encuestas posibles para obtener información valiosa que enriquezca esta investigación en beneficios de todos los usuarios de las agencias ISBN. Recuerda ingresar al link antes del 29 de septiembre y enviarnos la encuesta diligenciada. https://goo.gl/3eRpVx