Ministros de Cultura de Iberoamérica aprueban agenda para fortalecer el acceso democrático al libro, presentada por Cerlalc y Segib

 

Durante los días 3 y 4 de mayo, se celebró en La Antigua, Guatemala, la XIX Conferencia Iberoamericana de Ministros de Cultura, una de las reuniones ministeriales preparatorias de la XXVI Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno. En el evento se dieron cita representantes de los veintidós países iberoamericanos para abordar la articulación de la cultura con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, entendida como un eje transversal a los ámbitos social, económico y ambiental.

En la Conferencia, el Cerlalc y la Segib presentaron ante los ministros de cultura de iberoamérica una propuesta con acciones que contribuyan a fortalecer el acceso democrático al libro en la región. La agenda propone una defensa de los pequeños editores como parte vital del ecosistema del libro e incluye una petición a los gobiernos para que suscriban convenios para bajar los costos del transporte de libros entre los países de la región. También recomienda entablar un diálogo con las autoridades aduaneras de cada uno de los países que conduzca a agilizar los trámites y eliminar trabas paraarancelarias.

En la Declaración resultante, las autoridades de cultura acordaron “Promover la agenda de acceso democrático al libro, la lectura y escritura”. Los ministros suscribieron el Consenso de la Antigua, Guatemala, hacia una Agenda de Acceso Democrático al Libro, la Lectura y la Escritura, documento escrito por el asesor Gonzalo Castellanos para el Cerlalc.

Documentos relacionados:

Declaración de la XIX Conferencia Iberoamericana de Ministros de Cultura

https://www.segib.org/wp-content/uploads/Declaratoria-Ministros-de-Cultura-2018.pdf

 

Consenso de la Antigua, Guatemala, hacia una Agenda de Acceso Democrático al Libro, la Lectura y la Escritura

https://www.segib.org/wp-content/uploads/Agenda-Libro-Consenso-ES.pdf

 

Agenda para reforzar el acceso democrático al libro, la lectura y la escritura

https://www.segib.org/wp-content/uploads/Agenda-Libro-Memoria-Justificativa-ES.pdf

¿Cuál es el futuro de las distribuidoras de libros en el Brasil?

 

José Henrique Guimarães

El negocio mayorista y la distribución de libros en el Brasil están pasando por una crisis histórica que supera la actual crisis económica brasileña. Son múltiples los factores endógenos y, a mi modo de ver, entre los principales se encuentran: el estancamiento del mercado de libros en el Brasil y en el mundo en las últimas décadas y la transferencia de las ventas minoristas a grandes redes de librerías y al comercio electrónico.

Sin embargo, la buena noticia es que en los Estados Unidos y en Europa el sector está pasando por un buen momento, gracias a la diversificación de servicios y categorías de productos en un mismo ámbito operacional, tales como: prestación de servicios logísticos, impresión bajo demanda, venta de libros electrónicos y audiolibros, música, regalos y papelería, entre otros.

Adicionalmente, allí el sector pasa por un importante movimiento de consolidación de mercado. Basta observar los ejemplos de los dos principales mayoristas americanos (Ingram y Baker&Taylor), que en los últimos años expandieron sus negocios de forma inorgánica, adquiriendo empresas que no solo generaron ganancias de escala, sino que agregaron nuevos canales, servicios y competencias. Las dos empresas juntas facturan hoy aproximadamente $5 mil millones de dólares, el equivalente a $16,5 mil millones de reales. Esto es una buena franja del mercado americano, cuyas ventas minoristas alcanzaron la cifra de $14,3 mil millones de dólares en el 2016. Solo a modo de comparación, el valor facturado por las dos empresas equivale a aproximadamente tres veces la facturación de las editoriales brasileñas juntas.

En 2016, Ingram adquirió la división de distribución del grupo Perseus, y su gran rival Baker &Taylor compró Bookmaster, una importante distribuidora con fuerte presencia en el negocio de la impresión bajo demanda (POD) e impresión de bajos tirajes. España pasa por movimientos parecidos. Por ahora, la principal sinergia entre las empresas allí es la cobertura geográfica, de la cual surge la figura de grandes mayoristas nacionales, en un país en donde la tradición de distribuidores regionales es grande. Es el caso de la reciente fusión entre los grupos Azeta y Unyban.

Pero, ¿por qué razón las distribuidoras en todo el mundo no están sufriendo tanto como las grandes redes de librerías? Arriba se expuso parcialmente la respuesta, esto es, la diversificación de servicios y la consolidación.

Pero eso no es todo. Hay otra razón que afecta la microeconomía del negocio: el distribuidor, comparado con el minorista, para crecer o fundirse con otras empresas no replica costos fijos en la misma proporción. En una visión simplificada de esta matemática, para que una red de librerías físicas duplique sus ventas necesita duplicar el número de almacenes y los costos fijos adicionales, tales como alquiler, funcionarios e infraestructura.

Para el distribuidor es posible hacer un movimiento de expansión sin el mismo impacto en costos fijos. Aún más considerando el mayor acceso que hay hoy a tecnologías aplicadas, tales como: WMS (Warehouse Management System)[1], intercambio electrónico de documentos (Electronic Data Interchange, EDI), metadatos, comercio electrónico B2B (business to business) y marketing digital. Esto hace que, por ejemplo, sea posible pensar en márgenes netas (EBIT)[2] de dos dígitos, que es el promedio del sector mayorista americano en general.

Sin embargo, antes de avanzar creo que es necesario aclarar la diferencia entre un distribuidor y un mayorista, aún no muy clara aquí en el Brasil.

El distribuidor actúa como una solución completa para las editoriales, normalmente de pequeño y mediano porte, que no pretenden o no se sienten capaces de invertir más allá de la producción de contenidos e impresión. De esta manera, se encarga del almacenamiento, ventas, marketing digital, producción de catálogos temáticos (normalmente mezclando el acervo de varias editoriales), de manera que consolida el trabajo de ventas y logística, garantizando el suministro de los productos editoriales en los almacenes y en el mercado, en su totalidad.

Por otro lado, el mayorista trabaja con mayor enfoque en el punto de venta y en las bibliotecas, garantizando un amplio surtido de productos disponibles en el mercado para sus clientes, entre los que se cuentan librerías, bibliotecas y empresas.

Según la investigación Producción y ventas del sector editorial brasileño (FIPE, CBL y SNEL), los distribuidores representan el 20% de las ventas de las editoriales en el Brasil. Pero, ¿cuál sería entonces el motivo de la crisis por la cual pasan los distribuidores en el Brasil?

 

  1. Las editoriales brasileñas de pequeño y mediano porte, a diferencia de las estadounidenses y europeas, a lo largo del tiempo asumieron la distribución de sus propios libros, constituyendo logística propia o tercerizada (una minoría) y equipos de ventas. De esta manera, la mayoría de los distribuidores se volvió mayorista, conforme la definición presentada arriba.

 

  1. Debido al tamaño del mercado brasileño, el volumen comercializado por los distribuidores y mayoristas no es significativo al punto de generar una economía de escala y la remuneración pagada por las editoriales en forma de descuento es inferior al promedio del mercado mundial que varía entre 60 y el 70% para los distribuidores. Estos por su parte le distribuyen a los mayoristas y demás canales con diferentes descuentos.

 

  1. El gran atraso tecnológico del Brasil en términos de definición de estándares para metadatos y el intercambio electrónico de datos, lo cual haría posible una mayor integración de la cadena, productividad y un mejor suministro, con aumento de la oferta de productos y consecuente reducción de la ruptura.

 

  1. La presencia casi exclusiva de empresas nacionales y familiares.

 

  1. La disminución continua de las utilidades, mencionada en el párrafo inicial.

 

Haciendo un análisis de algunos de los principales distribuidores nacionales como Acaiaca, Boa Viagem, BookPartners, Catavento, Curitiba, Disal, Inovação, Loyola y A Página, se percibe nítidamente entre ellos una complementariedad en términos de segmentación de canal, categorías de productos y servicios y región. Pero eso no es todo: también hay complementariedad en el campo de la tecnología aplicada y formación de capital.

Tal complementariedad puede ser un importante incentivo para un necesario movimiento de consolidación entre estas empresas. Por ejemplo, en términos de segmentación geográfica, se identifica una presencia notable de Boa Viagem, Curitiba y A Página en sus respectivas regiones.

En términos de segmentación por línea de productos, Disal aparece dominando la comercialización de libros didácticos en el área de enseñanza de lenguas como segunda lengua, así como la Distribuidora Loyola, con libros religiosos.

En cuanto a la diversificación de servicios y de tecnología aplicada, destaca Acaiaca que, además de distribuidora, opera en el sector de logística como prestadora de servicios y actúa como una plataforma de distribución de libros electrónicos.

Cuando se trata de canal, Catavento se destaca en los canales de supermercados y puntos alternativos y la Distribuidora Inovação en la atención a bibliotecas.

BookPartners, por otro lado, es pionera en movimientos en el sentido de la consolidación de mercado, verticalización para el minorista y diversificación de servicios como el de impresión bajo demanda.

Pero, ¿cómo promover alianzas entre empresas tan complementarias entre sí, considerando que es un movimiento aparentemente tan lógico, pero que en la práctica no resulta tan simple, por tratarse de pequeñas y medianas empresas familiares con poca experiencia en alianzas estratégicas y baja gobernanza corporativa, en general?

Un posible camino, en mi opinión, sería empezar por pequeñas alianzas estratégicas en torno a nuevos servicios, como impresiones bajo demanda o prestación de servicios logísticos, exponiendo una pequeña parte del negocio y progresivamente incluyendo otros frentes de negocio.

Una vez perfeccionado el modelo, esta nueva fuerza empresarial establecida podría observar el mercado en búsqueda de oportunidades de adquisición para su expansión y con el tiempo certificarse para buscar apoyo en el mercado de capitales y alianzas internacionales.

En otras palabras, empezar la asociación con un pequeño negocio, con una nueva persona jurídica de forma cooperada, ayudaría a fomentar internamente entre los socios una cultura de alianza estratégica y se obtendría confianza para avanzar en ella.

La experiencia internacional indica que, a diferencia de lo que dice el “sentido común”, existen oportunidades que permiten que el papel de las distribuidoras en la cadena del libro aumente en términos de relevancia (y en facturación y rentabilidad también). En este contexto, la principal pregunta que debemos hacernos no es “si”, sino ¿hasta cuándo (nosotros los distribuidores) permaneceremos cada cual en su lugar?

Artículo publicado originalmente en portugués en PublishNews.

 

[1] Es un sistema de información que da soporte a la gestión logística dentro de los almacenes. Permite controlar el movimiento de los materiales almacenados y las transacciones asociadas, incluyendo envío, recepción, existencias, etc.

[2] Acrónimo en inglés de Earnings Before Interest and Taxes, en español BAII: beneficio antes de intereses e impuestos. Se trata de indicador anual que muestra la eficiencia operativa de las empresas y la capacidad de sus activos para generar rentas.

Cerlalc en la Feria Internacional del Libro de Bogotá

 

Durante la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo), realizada entre el 17 de abril y el 2 de mayo, el Cerlalc participó y apoyó varios eventos desarrollados como parte de la programación cultural de la feria.

Foro Internacional de Editores y Libreros Independientes de la Alianza del Pacífico

La Alianza del Pacífico, mecanismo de integración regional conformado por Chile, Colombia, México y Perú,   organizó, junto al Ministerio de Cultura de Colombia, el Foro Internacional de Editores y Libreros Independientes. El Cerlalc y la consultora Lado B apoyaron el evento.

El objetivo del foro fue propiciar el encuentro entre agentes del sector editorial de los países miembros a la Alianza para intercambiar experiencias significativas en torno a la circulación y distribución de contenidos editoriales. Como resultado de este encuentro se espera identificar las barreras que dificultan la circulación de estos bienes y esbozar una hoja de ruta que enuncie acciones que faciliten el comercio de libros, la circulación de contenidos y agentes editoriales y el intercambio de agendas culturales.

La metodología de trabajo del foro incluyó conferencias magistrales, mesas de trabajo y paneles de experiencias y sistematización. Sofía Parra, coordinadora del Libro del Cerlalc, realizó la conferencia “Barreras de la circulación del libro en los países de la Alianza Pacífico”. Por su parte, el subdirector técnico del Centro, Francisco Thaine, moderó la mesa “Importancia del fortalecimiento de las redes entre editores y libreros de la Alianza del Pacífico”.

De acuerdo con los resultados de la primera versión de este Foro, el Grupo Técnico de Cultura de la Alianza Pacífico evaluará la realización de nuevas versiones en el marco de otras ferias del libro.

 

Seminario Internacional de Derecho de Autor
El 4 y 5 de mayo se desarrolló la versión número veinte del Seminario Internacional de Derecho de Autor, organizado por la Dirección Nacional de Derecho de Autor, DNDA, la Cámara Colombiana del Libro y Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, OMPI.

El Cerlalc participó en el seminario con una conferencia sobre obras de dominio público, obras libres y obras huérfanas. Durante la exposición, Fredy Forero, coordinador jurídico del Cerlalc, expuso y resolvió dudas sobre el estatuto de obras huérfanas contemplado en el proyecto de ley 206 de 2018.

Para esta edición, el seminario contó con la participación de expertos internacionales y nacionales, y estuvo dirigido a autores, artistas, editores, abogados, estudiantes universitarios y personas interesadas en la temática autoral.

 

Lanzamiento del libro “Lectores, editores y cultura impresa en Colombia. Siglos XVI -XXI”

El 23 de abril se realizó la presentación del libro Lectores, editores y cultura impresa en Colombia. Siglos XVI -XXI, coeditado por el Cerlalc y la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano. Diana Guzmán, Paula Andrea Marín y Miguel Ángel Pineda, tres de los cuatro editores académicos del libro conversaron con Nicolás Morales, director de la Editorial de la Pontificia Universidad Javeriana.

 

Conversatorio Libros académicos de acceso abierto en América Latina

José Diego González, coordinador de Publicaciones del Cerlalc, participó en el conversatorio sobre libros académicos de acceso abierto en América Latina, organizado por la Asociación de Editoriales Universitarias de Colombia. Durante el panel  se presentó un panorama de la edición de libros académicos latinoamericanos a partir de los resultados de un proyecto de investigación en el que han participado cerca de 150 editoriales universitarias. Sayri Karp, directora de la Editorial de la Universidad de Guadalajara y Elea Giménez, científica titular del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España, fueron parte del panel. Moderó Juan Felipe Córdoba- Restrepo, director Editorial de la Universidad del Rosario.   

 

 

¡Mirar el pasado, pensar e intervenir el presente, planificar el futuro! Parte 1

 

Por: José Castilho Marques Neto

La virtud de la prudencia es necesaria para los buenos gobernantes, según enseñaban los filósofos de la Grecia antigua, principalmente Aristóteles. Y sabemos que para ejercer esa extraordinaria virtud se requiere memoria, inteligencia y visión. Conjugado, este ejercicio se apoya en la visión crítica del pasado, actúa sobre el presente y vislumbra con inteligencia el futuro. ¿Cómo se da esa conjugación en los hombres y mujeres que se dedican al libro y a la lectura?

El mundo del libro, de la lectura y de las bibliotecas pasó los últimos veinte años en continua transformación, o mejor, en incontables tentativas de ser transformado. Algunos cambios importantes se llevaron a cabo y se consolidaron como tendencia efectiva y la mayor parte de ellos pasaron como cometas en el infinito espacio sideral que circunda nuestro pequeño planeta. Lo que varios de nosotros, profesionales del libro y de la lectura, muchas veces no notamos fue hasta qué punto esas tentativas de cambiar el hacer y el distribuir de la centenaria profesión de editor, librero, bibliotecario y, por supuesto, autor/escritor, se basaron en avances tecnológicos pertinentes y otras tantas se nos presentaron por pirotecnias y técnicas de ventas propias de nuestra era de la “sociedad del espectáculo”.

Le pido al posible lector de estas líneas, profesional del sector o investigador del tema, que reflexione rápidamente sobre cuántas propuestas, proyecciones y vaticinios sobre las acciones estructurantes del sector, partiendo de las soluciones para la aparente divergencia insoluble entre el libro impreso y el libro electrónico, se emitieron por centenas de “especialistas” y no duraron siquiera un año. ¿Cuántos artículos, conferencias y mesas redondas fueron realizados en los últimos veinte años, en donde leímos o escuchamos de los más exóticos y proféticos anunciantes que debíamos adoptar sus métodos de producción y ventas, de lo contrario estaríamos destinados al fracaso profesional y al escombro de la historia de la edición, incluyendo todo el proceso autoral y de distribución, inclusive las bibliotecas?

Y en esta maratón de textos y conferencias, ¿cuántos se preocuparon y abordaron con firmeza y convicción la necesidad de que como autores, editores, publishers, distribuidores, libreros, bibliotecarios, debíamos tener como epicentro de nuestro trabajo formar incesantemente nuevos lectores, nuestro principal capital?

Estas reflexiones permanentes de mi labor profesional, que ya llega a cuatro décadas en este 2018, volvieron a la luz para este primer artículo del año, porque recordé con mucha claridad un gran congreso en el que participé en el año 2000: el 26º Congreso de la Unión Internacional de Editores, UIE/IPA. Fue presidido ejecutivamente por mi amiga y editora, en la época presidenta de la Cámara Argentina del Libro, Ana María Cabanellas, apoyada por varios liderazgos internacionales del sector, incluso editores amigos como Alfredo Weiszflog y Alejandro Katz. El Congreso, realizado entre el 1 y 4 de mayo del 2000 en Buenos Aires, fue un divisor de aguas, por lo menos para mí y muchos otros, en un debate que impactó al auditorio lleno de editores provenientes de todas partes del mundo. Todos allí, profesionales con experiencia en grandes, medianas y pequeñas editoriales, llegaban impactados por el ya iniciado proceso de concentración que marcó fuertemente la industria editorial desde finales de los años noventa, e igualmente por las noticias y proyecciones alarmantes sobre la nueva “textualidad electrónica”, para usar el excelente concepto de Roger Chartier.

Volviendo a la idea inicial de este artículo, y releyendo mis anotaciones y parte de los textos distribuidos en el Congreso, constato que también en aquellos días hubo un enfrentamiento entre la virtud de la prudencia y su ausencia. Y dado que considero que como profesionales del libro y de la lectura todavía no logramos retomar esa virtud colectivamente y la mayor parte de las veces seguimos todavía en el ritmo alucinante de los gadgets que se desboronan a la siguiente semana, comentaré aquí algunas cuestiones puntuales que fueron relevantes en el 26º Congreso y que son alertas válidas hasta hoy. Estas cuestiones serán extraídas de los diálogos de algunos conferencistas y establecen puntos de vista y posiciones que permanecen como dicotomías entre los que analizan estrategias para el desarrollo de la industria y la ampliación de los lectores y aquellos que, o buscan solamente vender sus productos o se equivocan al pensar exclusivamente en el corto plazo. Para mí, los primeros son los prudentes y los que mantendrán al libro y la lectura para las futuras generaciones.

Para empezar, entiendo que la virtud de la prudencia estuvo presente para los organizadores del 26º Congreso que llevaron al debate el enfrentamiento entre posiciones dispares, demostrando la voluntad de avanzar en los contenidos. Las “palabras de apertura” de Ana María Cabanellas, además de recordar los objetivos tradicionales de la UIE/IPA ─“libre circulación de los libros; protección del derecho de autor y del editor; promoción de la lectura y libertad de publicar”─ estableció el tono contemporáneo en el cual el mundo editorial hacía su encuentro: la aceleración de la globalización, las reacciones internacionales populares al modelo económico que se agotaba en aquellos años de 1990 y el lugar único del libro para el sector privado en su ambivalencia: ser una mercancía que es, antes que nada, un producto cultural. Pero fue más allá e instó a los líderes empresariales a ser el “puente” entre los gobiernos y el sector privado, para encontrar soluciones y políticas públicas que permitieran superar los obstáculos. La idea de cooperación entre el sector productivo de la industria editorial y los gobiernos interesados en el fomento a la lectura estaba en la agenda y en las bases del encuentro, de acuerdo con las directrices de una de las instituciones internacionales promotoras del Congreso, la UNESCO.

Consideré esa posibilidad de participación de la sociedad en estos programas algo fundamental, contraria al aislamiento que habíamos vivido en toda América Latina hasta mediados de los años ochenta con las dictaduras militares, centralizadoras y evidentemente excluyentes de la participación ciudadana. Los programas y planes nacionales de lectura, elaborados a partir del Año Iberoamericano de la Lectura, fomentado por el CERLALC y la OEI, a partir del 2005, comprobaron la iniciativa de los organizadores del 26º Congreso.

A pesar de las indicaciones prudentes de la UIE/IPA y de los coordinadores del congreso los conferencistas de la industria editorial, tal vez impactados por la realidad que parecía apocalíptica, no lograron avanzar y establecer posiciones estratégicas en aquel momento, o al menos yo no recuerdo y mis anotaciones así lo confirman. Esa visión le correspondió a analistas e intelectuales, lo cual comentaré más adelante, pero fue lamentable constatar que los liderazgos sabían identificar los problemas inmediatos, pero ni siquiera se acercaban a las conclusiones necesarias para entender el periodo histórico y proyectar nuevos rumbos estratégicos con serenidad para su negocio. Un buen retrato de esta situación fue la conferencia de Michael Wilens, respetado profesional y presidente en ese entonces del West Group, The Thomson Corporation (EE. UU.)

Metódicamente, Wilens enumeró todos los retos inmediatos que las editoriales enfrentaban con el nuevo escenario digital: la transformación a corto plazo de nuevos soportes de los textos y la modificación de la forma de trabajar de la industria editorial. En consecuencia, la imposición a largo plazo de modificar fundamentalmente la forma de realizar los productos editoriales. A partir de estos retos, e impactado por la memorable venta de cinco millones de ejemplares virtuales en 48 horas de un libro electrónico de Stephen King, el conferencista enumeró los hechos que marcaron y siguen afectando el hasta entonces modelo tradicional del negocio editorial: hay audiencia para el nuevo formato, pero falta infraestructura para hacerlo global; un producto virtual puede ir dirigido directamente a las redes y eso es potencialmente peligroso, pues prescinde del editor; el recálculo del precio final al consumidor es complejo y genera nuevas perspectivas para la determinación de los precios, incluso la idea de que necesita ser más barato que el libro de tapa dura; la cuestión de la piratería virtual y la facilidad de la reproducción es mucho más activa que la reprografía. Los sistemas de red también crearon las librerías virtuales, ¿tendrá el editor la tentación de vender directamente su producto eliminando las librerías? Wilens argumenta que todo esto, a mediano plazo, “debe modificar la cadena de valores de nuestro proceso (productivo y de negocios)”. Concluye haciendo una declaración de fe: “No creo que los libros, como los conocemos, desaparezcan en un futuro próximo, y podemos extenderlos a través de la tecnología del libro electrónico”. Alertando que no tiene las respuestas, agrega su temor por el futuro, porque las fuerzas destruirán y forzarán la construcción de una nueva cadena de valores y pondrán al acomodado sector en un “lugar diferente”.

Como él, todos los que hablaron por la industria editorial no presentaron respuestas o propuestas que buscaran entender lo nuevo que surgía con las novedades tecnológicas de la textualidad electrónica. En mi opinión, en la época y al día de hoy, más de una vez se veía al lector apenas como un consumidor y no como un ser humano que busca en la lectura muchos significados y necesidades. La advertencia de Ana María Cabanellas de que el libro es una mercancía, pero antes es un producto cultural, pasaba lejos de las preocupaciones de los presidentes ejecutivos de las grandes empresas editoriales. La ausencia de la virtud de la prudencia y de su ejercicio, que podría producir una estrategia innovadora, era aún más contundente porque estaba alimentada por emisarios bien entrenados de la nueva industria proveedora, los fabricantes de software y hardware, para la nueva tendencia que se afirmaba a comienzos del siglo.

En algunos momentos esa palabra de los nuevos proveedores de la industria editorial resultó grotesca. Tal vez la más explícita haya venido de la importante figura del entonces vicepresidente de eMerging Technologies de Microsoft, Dick Bras, quien sin entrar en rodeos centró su discurso en vaticinios devastadores para la industria editorial arraigada en el libro impreso. Logró impresionar a muchos y algunos ya se veían en la quiebra, vendiendo sus libros de papel para reciclaje y otros usos menos dignos, pero también inspiró buenos chistes de los más escépticos o prudentes. Entre algunas profecías, él anunciaba al año 2008 como el de la superación de la venta de los libros electrónicos y que en 2017 las bibliotecas, como las conocíamos, serían “objetos de encanto antiguo”. La realidad se mostró diferente, como lo sabemos: en el 2016, ocho años después de la profecía anunciada, la venta de libros electrónicos llegó al 25% del total de ventas de libros en los Estados Unidos y se mantiene en ese tope; en el 2017 la Biblioteca del Congreso americano, a pesar de un importante trabajo de digitalización de su colección, no descartó su fondo bibliográfico impreso y no parece tener intención de hacerlo; en el 2018, un año después de decretada la superación de las bibliotecas old fashion, se presencia la renovación del concepto de biblioteca en centenas de países, según indica la IFLA, y de políticas públicas como los Planes Nacionales de Lectura, además del éxito de bibliotecas innovadoras, como las “bibliotecas parques” colombianas, que se volvieron modelos de incontables programas internacionales. Además, existen muchos programas y acciones importantes e incluyentes de bibliotecas en centros comerciales, estaciones de tren y metro y otros lugares no convencionales como espacios de lectura que atraen a miles de personas. El mundo, a diferencia de la previsión exterminadora, está renovando sus bibliotecas. Por tratarse de un hombre inteligente, a nuestro conferencista le faltaron los atributos de la memoria y de la previsión para que pudiera estar en el lugar de los que usaron la virtud de la prudencia. O, quien sabe, la determinación de vender sus productos superó cualquier dimensión crítica al hablar a un selecto auditorio de profesionales.

Al analizar el pasado, sin correr el riesgo de no ejercer la prudencia que trabaja en el presente y vislumbra el futuro, quiero reflexionar con el lector sobre lo que persiste de esas visiones expuestas en el 2000 y lo que necesitamos cambiar aún en la gran cadena del libro y de la lectura después de estos dieciocho años, pasados desde el 26º Congreso. Y será sobre otras voces, que sí fueron prudentes en aquel Congreso, que ahora recuerdo, que buscaré construir estas reflexiones.

No tendré espacio para comentar en los límites de este primer artículo del año las posiciones que considero virtuosas y exponer mis posiciones. Completaré este artículo en dos etapas. El próximo mes comentaré los diálogos de los prudentes: Roger Chartier, Milagros del Corral y Emilia Ferreiro.

¿Es posible pensar la interactividad como un elemento narrativo en los libros impresos de literatura infantil?

 

Por: Marcela Escovar

Estamos en la era digital, con nuevas generaciones que se consideran nativos digitales. Como adultos, buscamos posibilidades para reinventar las relaciones que vienen estableciendo estos nuevos lectores con el mundo real y digital, y resulta difícil que la literatura infantil esté al margen de este proceso.

Desde 2010, es posible rastrear la aparición de un número considerable de libros de literatura infantil que exploran la interactividad como un elemento narrativo, que van más allá de la inclusión de pestañas, recortes, siluetas, y que han ido apareciendo, poco a poco, en el mercado editorial. Estos libros se caracterizan porque toman herramientas del mundo digital para aplicarlas en el formato impreso y así invitan a renovar la experiencia de la lectura.

Los antecedentes de estos textos se pueden identificar en el s. XVII, con la publicación de libros que ya incluían elementos interactivos como las páginas desplegables y  el pop-up. A lo largo de los siglos XIX y XX, con el desarrollo del diseño editorial, se agregaron accesorios como discos giratorios, solapas para jalar, o se incluyeron en las páginas carruseles que se despliegan.

Estos antecedentes muestran cómo la interactividad propone un gran espectro de aproximaciones a una audiencia inquieta y abierta a la estimulación de la creatividad y el juego. Se considera la interactividad como un elemento que activa esta relación entre el objeto y el lector, y los libros que presentan algunas de estas características buscan ser fuente no solo de conocimiento, sino también de diversión y de exploración de nuevas posibilidades de lectura.

Teniendo en cuenta lo anterior, es posible encontrar una evolución y diálogo entre ciertos libros para niños y las tecnologías disponibles que se han desarrollado de manera paralela. Sin duda, es en el siglo XXI cuando los autores e ilustradores han explorado y explotado nuevos diálogos que triangulan una relación entre la lectura, el libro como objeto y el lector como un agente activo, diálogos que han estado determinados por la evolución y los recursos que ofrecen las nuevas tecnologías y que buscan cuestionar los límites y posibilidades de la ficción en un objeto –el libro– frente a la acción-reacción esperada cuando se interactúa con un dispositivo electrónico.

Siglo XXI

Hervé Tullet publica en 2010 Un libro y, después de siete años, ha sido traducido a más de veinte idiomas alrededor del mundo. Al principio, cuando descubrí este libro, en el 2011, me generó muchas preguntas. Me di cuenta del potencial que tenía y de lo que significaba a nivel de narración, estructura e historia. Proponía una historia sin personajes y llena de acción, en donde todo apunta a que el protagonista es el lector, quien está dirigido por una voz, o narrador, que podría ser la voz del mismo libro y que lo invita a jugar, sacudir, mezclar, soplar. En cada instrucción, las oraciones empiezan con frases positivas como “Excelente, buen trabajo, fantástico”. Además, todas las acciones son una invitación a que el juego propuesto haga parte del mundo real del lector, quien se encuentra en un tiempo y espacio determinado.

Este llamado a la acción hace de de este y otros libros con características similares una invitación a interactuar y seguir –o no– las reglas propuestas a lo largo de la lectura. En este caso, si se siguen las instrucciones, se acepta la ficción y la posibilidad de que en cada una de las acciones que lleva a cabo el lector exista una correlación con lo que sucede en la página que sigue. Sin embargo, el no interactuar también puede ser una decisión activa frente a las reglas que trae el libro y, al no participar, de todas formas, la solución está al pasar la página. Esto da como resultado una complejidad en las historias tanto visuales como textuales que tienen el fin de enganchar al lector desde la primera página para conquistarlo y que no solo lea, sino que también participe.

¿El de Tullet es realmente un libro de literatura infantil desde una mirada tradicional? ¿O es una nueva posibilidad que tiene esta tecnología –la del libro impreso– de seguir reinventándose cuando creemos que ya todo está resuelto? Sin duda, la aproximación que realizó este autor se siente más cercana a un libro de no ficción, donde se da la posibilidad del juego, la interacción entre las palabras, las ilustraciones, los colores y el mundo del lector, del que se requieren acciones como colorear sobre las ilustraciones, presionar, sacudir, girar a la izquierda, a la derecha, soplar y, al final, aplaudir. ¿Es un libro de actividades? ¿Es un libro sobre los colores? ¿Es un libro sobre conceptos? ¿Es un libro que emplea palabras de “motivación” para un lector que sabe que lo está leyendo? Muchas preguntas para una obra que ha cautivado a niños y grandes. Que se usa como ejemplo de innovación, que permite lecturas para públicos de todas las edades y grupos y, sobre todo, genera asombro, fascinación y resistencia.  

 Asombro, fascinación y resistencia

Este libro también me hizo cuestionarme acerca de lo que puede ser una fórmula, cuando una estructura es exitosa. Sólo en el 2016 tuve la oportunidad de encontrarme en una biblioteca pública otros tres libros que comparten las mismas características que el de Tullet, pero cada uno con su singularidad y donde el humor es uno de los ejes de la historia. ¡Otra vez! (2011), de Emily Gravett; ¡Este álbum se ha comido a mi perro! (2014), de Robert Byres, y Bunny Slopes (2016), de Claudia Rueda, me conectaron de inmediato con la experiencia de lectura que ya había sido cuestionada por Un libro.

En menos de una década, cuatro autores de diferentes nacionalidades encontraron en el libro álbum como formato una posibilidad para cuestionar y reinventar no solo cómo se lee, sino la relación que se establece con un lector del siglo XXI, que está rodeado de movimiento, diversión, estímulos visuales e interactividad que provienen de muchas fuentes. Las posibilidades que ofrecen estas obras justo en este momento de la historia tanto de la lectura como de lo que significa crecer en un ambiente de contenidos digitales permiten jugar con las reglas de lo convencional y, gracias a la ficción, explorar nuevos acercamientos con los libros.

Estos cuatro libros son tan solo un ejemplo de un mercado emergente que explora de manera original las relaciones que se pueden establecer entre diferentes tipos de tecnologías. La posibilidad que tiene un libro de retar al lector y hacerlo seguir unas reglas para aceptar la ficción y que eso que propone durante el acto de la lectura sea tan real como respirar es una apuesta sobre la innovación de una tecnología que tiene más de cuatrocientos años y que en sí misma fue parte de toda una revolución del conocimiento.

Algo similar sucede con los dispositivos digitales, los contenidos y las relaciones que se generan entre ellos y su audiencia. En ambas situaciones, se requiere de un actor que activa la interacción entre el objeto y la acción o propósito. Sin embargo, mientras en un dispositivo digital con la acción se llega a un efecto inmediato –presionar, digitar para que aparezca o desaparezca un elemento–, en el caso de estos libros la ficción reta a la imaginación. Los lectores en estas historias son reconocidos y apelados desde la primera página, y desde el lenguaje son invitados a participar e identificarse, ya sea con las acciones o los personajes que hacen parte de la historia.

En Un libro, desde la primera página la historia parece un juego, hay una invitación a interactuar coloreando los puntos, presionando para que se multipliquen, sacudiendo el libro para organizar o desorganizar. Hay un ritmo y un crescendo que enganchan al lector sin importar la edad, en esta narrativa que parece ir contra de cualquier historia tradicional. El cierre es con aplausos que contagian a todos sus lectores, y constantemente se ponen en cuestión nuestros supuestos frente a las historias que conocemos. Es una posibilidad de pensar la lectura y el libro desde otra mirada. En otras palabras, es la poética de lo que es un libro.

¡Otra vez! explora de manera aparentemente inocente el momento de irse a dormir y la lectura. Un dragón adulto lee el libro favorito de su pequeño dragón, quien sabe de la existencia del lector y, a su vez, se lo hace saber en la segunda página guiñándole un ojo. La cuarta pared ha caído desde el principio (desde la realidad del libro se reconoce la existencia de un lector que está por fuera de él y que lo lee) y lo que tenemos es una puesta en escena, en donde compartimos con los personajes la lectura familiar de un libro. El libro que leen los personajes aparece detrás de ellos y, junto con ellos, podemos seguir la historia que el padre o la madre y el hijo leen, la de Cedric el dragón. Sin embargo, la página nunca cambia, el pequeño dragón quiere leer la historia de nuevo, muchas veces, y cada vez que el adulto lo intenta, con mucho sueño, su voz modifica la historia, lo que hace que el pequeño se enfurezca. En este caso, la oralidad y la voz del adulto entran activamente y desordenan la historia que está escrita, mientras los colores y las emociones también modifican al pequeño dragón y a Cedric, el personaje del cuento que leen los protagonistas. En su furia, el pequeño sacude el libro y todos sus personajes son revolcados. La interactividad sucede en un nivel interno de la narración, y es la metaficción la que establece todo el eje de la historia.

En ¡Este álbum se ha comido a mi perro!, el autor parte de la exploración y de darle vida al libro mismo. Aquí, el libro es un personaje, y desde el título se anuncia que ha cometido un desatino. A lo largo de la historia, aparece un narrador que nos cuenta acerca de Bella, la dueña del perro. Durante la narración, el perro no puede pasear porque el libro se lo comió. Desde la ficción, este libro reta al lector a considerar la posibilidad de la existencia de una “barriga” a donde van todos los personajes que se atreven a cruzar de la página izquierda a la derecha. Varios vienen al rescate y así mismo desaparecen, lo que obliga a Bella a investigar. A través de una carta con instrucciones, se le pide al lector a hacer su parte para liberar a los personajes de este libro. El humor, la metaficción, la consciencia del lector hacen de esta lectura una posibilidad para explorar los límites y posibilidades que tiene un libro.

En Bunny Slopes, nuestro conejo protagonista está en su día de esquí, pero no hay nieve, así que invita al lector a presionar varias veces para poder deslizarse y caer. Ahora, para esquiar hay que coger impulso, saltar, avanzar, y para cada una de estas acciones, se anima a quien lee a tomar parte para que suceda. No siempre todo sale bien, hay contratiempos y accidentes y, sobre todo, se propone una experiencia divertida para el lector enfocada en la relación entre el lenguaje, el movimiento, la interacción y la atención. Desde principio a fin, este libro  señala la existencia del lector y su rol para que la acción ocurra.

Estas son cuatro historias que tan solo son un ejemplo de una tendencia que sigue creciendo en el mercado del libro infantil. Por supuesto, hay que estar atentos como lectores a la calidad de las historias desde el punto de vista de la narración y la ilustración, para no dejarnos obnubilar por el juego, los movimientos y las actividades. Son cuatro posibilidades de innovación en cómo se cuentan las historias, de qué manera reinventamos la relación con el libro y cómo hacemos que resulte más atractivo para nuestros lectores del siglo XXI. Esto hasta ahora comienza, y ya el tiempo y la recepción de los lectores dirán qué tan lejos podrá llegar esta exploración e interacción entre formatos, tecnologías y narrativas.

Chocolates Cerlalc: nuevo espacio de diálogo para el sector del libro y la lectura

 

Cerlalc abre las puertas de su casa. El pasado 24 de enero, el Centro realizó su primer Chocolate Cerlalc, una iniciativa orientada a crear espacios de diálogo e intercambio con diferentes actores del sector para tratar temas de interés común. Durante 2018, el Cerlalc organizará varios Chocolates en los que convocará en la mesa a expertos, representantes del gobierno, del sector editorial, organizaciones privadas, entre otros, para debatir temas relacionados con las cuatro grandes líneas de trabajo del organismo: lectura, libro, primera infancia y derecho de autor.

En esta primera versión se dieron cita miembros de la Dirección Nacional de Derecho de Autor, del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo y de editoriales académicas para discutir los alcances de las excepciones y limitaciones del derecho de autor para libros digitales utilizados en las aulas virtuales, contempladas en el proyecto de Ley 146 de 2017. 

Programa Libros y Casas busca fomentar el acceso al libro y la lectura

 

Libros y Casas es un programa de la Dirección Nacional de Formación Cultural del Ministerio de Cultura de la Nación Argentina que tiene por objetivos democratizar el acceso al libro, fomentar la lectura y formar nuevos lectores. Para lograrlo, Libros y Casas crea espacios de formación y promoción de lectura mediante talleres presenciales y recursos digitales.

El programa, que nació en el 2007, se centra en el fortalecimiento de bibliotecas familiares y desde su creación ha realizado más de 1000 talleres de lectura, entregado más de 100 mil bibliotecas y un millón ochocientos mil libros, que llegaron a más de un millón de personas a lo largo de todo el país.

Los principales beneficiados del programa son las familias que pertenecen a los Planes Federales de Vivienda y los participantes de las actividades realizadas en bibliotecas, escuelas y centros de integración. El programa Libros y Casas, que fomenta el lipro en el {ámbito privado y público,  ha sido tomado como modelo  y fue replicado en Cuba (Bibliotecas Familiares) y en Chile (Maletín Literario).

Más información acá: https://librosycasas.cultura.gob.ar/que-es-libros-y-casas/

 

‘Exporta Simple’ promoverá la competitividad de pequeñas editoriales argentinas en el exterior

 

El 5 de diciembre se lanzará Exporta Simple, el nuevo régimen argentino de exportación simplificada que facilitará  las exportaciones de poco tamaño con fines comerciales a través de prestadores de servicios postales. El régimen fue creado por una resolución conjunta entre el Ministerio de Producción de la Nación y la Administración Federal de Ingresos Públicos.

El objetivo del régimen es incentivar a pequeños y medianos productores locales a acceder al mercado internacional y generar nuevos puestos de trabajo sin tener costos excesivos. Con las condiciones actuales, los  pequeños y medianos empresarios de diferentes sectores, incluido el del libro, no pueden competir internacionalmente debido a los costos de envíos.

La Cámara Argentina del Libro (CAL), que durante varios años gestionó medidas de exportación para el libro con el gobierno, celebró la creación del régimen y destacó su importancia para promover la competitividad de pequeñas y medianas editoriales argentinas en el exterior.

Para utilizar Exporta Simple, los productos enviados deberán  ser producidos en el país y no estar dentro de prohibición, suspensión o cupo a la exportación, tampoco sometidos a un control aduanero específico. El peso de cada envío no podrá superar los 300 kilogramos y cada exportación no podrá superar 15.000 dólares.

Foto: Télam | Gustavo Amarelle.

Disponible el estudio El libro y la lectura en Colombia, elaborado por el Cerlalc

 

El libro y la lectura en Colombia es un estudio elaborado por el Cerlalc para la Cámara Colombiana del Libro, que ofrece un completo diagnóstico de la actual situación del sector editorial colombiano y de su evolución en el período 2012-2016. El documento parte de un análisis del contexto económico, demográfico, educativo y de acceso y uso de las TIC en el país. A este capítulo le sigue un examen de la producción y comercialización del libro, a partir tanto del número de títulos como de ejemplares producidos, tiradas promedio, ventas y empleo generado por el sector. En un tercer apartado se aborda la circulación del libro en el país, desde los flujos de comercio exterior hasta los canales de comercialización del libro en Colombia, pasando por el comercio ilegal, los índices de lectura y la divulgación del libro en los medios de comunicación.

Entre las conclusiones más significativas del diagnóstico se encuentran:

  • El crecimiento del registro de títulos con ISBN en Colombia: el promedio de títulos registrados a diario pasó de 18 en 2000 a cerca de 50 en 2016.
  • La disminución de la tirada promedio de los títulos, que cayó de 4.863 ejemplares en 2011 a 1.965 en 2016.   
  • La tendencia creciente de la participación de los títulos en formato digital en el total de títulos registrados, que ascendió del 11,6% en 2010 al 23,9% en 2015. En ese mismo año, las ventas de libros en formatos diferentes al impreso representaron el 9% del total.
  • En Colombia, hay un punto de venta de libros por cada 76.649 habitantes. Si solamente se toman en consideración las librerías, la proporción es de una librería por cada 112.917 habitantes.  
  • Tanto las importaciones como las exportaciones de libros se vieron afectadas negativamente en el período 2011-2015.

El estudio está disponible tanto para consulta en línea o descarga gratuita en el enlace: http://camlibro.com.co/uflip/el-libro-y-la-lectura-en-colombia/#/58/

 

Informe completo en este enlace.

 

 

Una semblanza de Ángela Lago

 

Por: Selene Tinco

Ángela Lago, ilustradora y escritora brasileña, pionera en el libro álbum en Iberoamérica, ha partido recientemente. Esta inquieta artista nos deja su obra, que apuesta por una literatura infantil y juvenil valiente y que explora a través de la gramática visual nuevas formas de narrar.

La artista, reconocida en España, Francia, Eslovaquia y Japón, y con múltiples premios en su país natal, siempre buscó innovar(se) e incluir más al lector en la producción del sentido convirtiéndolo en “coautor”, retos que se impuso desde hace más de 20 años y que nos vuelven a mostrar su faceta pionera.

Su nombre es infaltable en los estudios sobre el libro álbum en Iberoamérica; sin embargo, su obra es poco conocida en los países latinoamericanos de habla hispana, donde los niños casi no la han visto en sus bibliotecas. La principal de las razones tal vez sea el que su obra siempre fue un desafío para los editores, sumado a la poca distribución editorial de autores latinoamericanos de LIJ en el mismo continente.