Con el método ‘A leer se aprende leyendo’ se forman promotores de lectura en Barinas, Venezuela

 

En el marco del Plan Nacional de Lectura, la semana pasada se celebró,  en el estado Barinas, Venezuela, el curso de formación de formadores de la Región Los Llanos y Amazonas con el método A leer se aprende leyendo impulsado por el Centro Nacional del Libro y el Ministerio del Poder Popular para la Cultura.

La histórica Escuela de Artes Plásticas Cristóbal Rojas de la entidad llanera, sirve de recinto para que la escritora Nidesca Suárez  facilite los 5 módulos de este curso a un grupo de 30 participantes que en esta primera etapa se formarán como mediadores de lectura en los estados Barinas, Portuguesa, Amazonas, Apure y Guárico. En el programa participan  promotores, bibliotecarios, libreros, docentes y animadores de la Misión Cultura, quienes posteriormente formarán comunidades lectoras en espacios convencionales y no convencionales.

La mediación de la lectura, la lectura crítica de la realidad y la promoción de la lectura desde la acción colectiva son algunos de los aspectos que se abordanen este taller de 40 horas de duración. Kelin Guerrero del equipo de promotores de lectura Pata Caliente de Barinas, insiste en que este tipo de programas son necesarios en esa región para aplicar estrategias y herramientas en una época donde la tecnología deja menos espacio para el libro. En su opinión, hay que  emplear todas las iniciativas para  para llevar a cabo este Plan Nacional de Lectura.

Otra de las mediadoras en formación, Carmen Mercado, operadora del MPPC en el estado Portuguesa, resaltó que la importancia “es fomentar la lectura crítica y generar lectores que lean en todos los ámbitos, no solo lo escrito sino el entorno”.

Participantes de regiones como Elorza y el estado Amazonas, coinciden en que estos conocimientos facilitan la labor de inculcar la lectura en los jóvenes y que fortalecen estas áreas educativas.

Cabe destacar que este curso está basado en el libro A leer se aprende leyendo de Rod Medina, publicado por el CENAL en 2015 como parte de la colección de Galeras y Pixeles, destinada a ofrecer textos especializados en distintas áreas vinculadas con la promoción del libro, la lectura y la escritura.

El CENAL es el ente encargado de coordinar el Plan Nacional de Lectura, enmarcado en el segundo principio rector “Creación y formación” del Plan Orgullo de ser venezolano, aprobado a comienzos del mes de junio.

Centro Nacional del libro de Venezuela inicia cátedra de literatura Venezolana

 

Durante el mes de julio el Centro Nacional del Libro de Venezuela, ente adscrito al Ministerio del Poder Popular para la Cultura, ofrecerá  nuevos espacios para la formación literaria en distintas  universidades del país. UNEARTE y la UNEFA abrirán sus puertas a la Cátedra de Literatura Venezolana como panorama de la cultura literaria venezolana en recintos donde no se tiene formalmente ésta área de formación.

Esta cátedra lleva dictándose desde el año 2011 en diversas casas de estudio que no cuentan con el área de la literatura dentro de su oferta académica. Tiene como finalidad iniciar a los estudiantes universitarios a partir de cuatro seminarios de una duración de 10 horas académicas cada uno.

Los temas que se abordarán darán un amplio recorrido, desde referentes históricos de la Literatura indígena, colonial y la influencia europea con autores como Andrés Bello, Rafael María Baralt entre otros, pasando por el Modernismo y literatura venezolana con una bibliografía que incluye a Rufino Blanco Fombona, José Rafael Pocaterra, las Revistas literarias y el movimiento del criollismo .

Así mismo se abordarán las vanguardias generacionales en Venezuela a partir de José Antonio Ramos Sucre, Antonio Arraíz, la Revista Válvula, El Grupo Viernes, 1938, El Techo de la Ballena y la Generación del Sesenta.

El último seminario contempla la literatura venezolana contemporánea desde Julio Garmendia, Uslar Pietri, Guillermo Meneses, Luis Britto García y Salvador Garmendia. La poesía de Juan Liscano, Miyó Vestrini, Elizabeth Schön, Ana Enriqueta Terán, Antonia Palacios, Ida Gramcko, Gustavo Pereira, Eugenio Montejo, Víctor Valera Mora, entre otros.

Las inscripciones continúan abiertas y se realizarán a través de la coordinación académica de cada casa de estudio.

Sede UNEARTE, Museo Universitario Jacobo Borges (Estación del Metro Gato Negro. Parroquia Sucre)

Lunes 3, martes 4 y jueves 6 de julio.

Primer seminario: Literatura indígena y la literatura de la Colonia.

Segundo seminario: Los nuevos ideales. El Modernismo

Lunes 10, martes 11 y miércoles 12 de julio.

Tercer seminario: Las vanguardias en Venezuela.

Cuarto seminario: La literatura contemporánea.

UNEFA Núcleo Caracas

Inicio de la Cátedra: Viernes 07 de Julio hasta Viernes 28 de Julio

Periodo vacacional: (29 de Julio hasta 15 de Septiembre)

Reinicio de las clases: 15 de Septiembre hasta el 29 de Noviembre

Libros y lecturas indígenas III: Libros cartoneros en lenguas indígenas

 

por: Edgardo Civallero

El movimiento sociocultural conocido como “editoriales cartoneras” nació con la aparición de la primera de estas editoriales, la ya célebre Eloísa Cartonera, en Buenos Aires en 2003. Aprovechando saberes y técnicas (sobre todo de encuadernación artesanal) puestos en práctica desde hacía décadas en toda América Latina, las editoriales cartoneras ―grupos de personas generalmente autoconvocadas― comenzaron a producir y a distribuir pequeñas tiradas de libros hechos a mano, comercializándolos a precios bajos en círculos limitados. En el proceso de creación se involucraron distintos actores, entre los que podían encontrarse determinados colectivos excluidos o en riesgo de exclusión socioeconómica. Originalmente, uno de los objetivos centrales de la propuesta era superar los estrictos límites del mercado editorial y hacer llegar la lectura ―en especial, aquellos contenidos difícilmente publicables desde una perspectiva meramente comercial― allí donde fuera más necesaria.

En la actualidad, las editoriales cartoneras latinoamericanas se cuentan por docenas, cada una con actividades y publicaciones que responden a un amplio (y a veces disímil) abanico de necesidades, intereses y perspectivas. A pesar de compartir denominación y técnicas de trabajo, las cartoneras no siempre comparten principios: alguna de ellas no han hecho más que aprovecharse de la idea y cooptarla, convirtiéndose en una compañía tradicional.

cartonera 1

Los libros cartoneros son productos relativamente sencillos en cuanto a estructura y producción. Sus páginas se imprimen o fotocopian (o incluso se escriben a mano) y luego se cosen o grapan. La “tripa” resultante se encuaderna entre dos tapas de cartón, que se realizan recuperando cajas de la basura (obtenidas de la calle directamente o a través de recolectores o “cartoneros”), limpiándolas y cortándolas a la medida. Las cubiertas y algunas secciones del interior del volumen se componen, ilustran y pintan a mano, combinando distintas técnicas artísticas (acuarela, gouache, témpera, entintado, collage, stencil, etiquetado, esgrafiado, grabado); los resultados son muy variables, y van desde tapas de cartón “en crudo” hasta pequeñas obras de arte. En la portada se coloca la información esencial: título, autor, editorial, fecha y, generalmente, alguna mención a los derechos y condiciones de distribución y uso. Los ejemplares suelen ser distintos entre sí, lo cual ha llevado a que algunos compradores los consideren “piezas únicas” y los traten como tales, convirtiéndolos en un bien de consumo elitista, para coleccionistas.

Tras revisar sus tres lustros de historia, varios analistas han señalado las muchas posibilidades ―potenciales y reales― del libro cartonero como herramienta de transformación: una herramienta libre, abierta y de base, capaz de provocar un cambio real y necesario. Pues el libro cartonero puede ser producido, mantenido y gestionado por sus propios impulsores, puede transmitirse y replicarse a costos relativamente bajos y de forma más o menos sencilla, y puede poner verdaderamente en entredicho y en jaque a algunas de las estructuras impuestas por el mercado o la cultura dominante.

En el marco de una sociedad que se mueve a ritmo de estadísticas y sondeos y en donde el credo capitalista preconiza que no se haga nada que no sea rentable y genere beneficios económicos, la elaboración de libros cartoneros llama la atención e invita a aminorar el paso y a detener, aunque solo sea un instante, la mirada. Pero el interés que provoca no proviene solo, ni fundamentalmente, de su intento de desacralizar el libro y arrancarlo de las manos del mercado, las compañías multinacionales, los autores e ilustradores “consagrados” y las políticas de copyright: eso lo llevan haciendo muchísimas editoriales independientes y “alternativas” desde hace décadas (a veces mucho más exitosamente, por cierto). Tampoco tiene demasiado de asombroso el hecho de que se reutilicen desechos de forma imaginativa ―e incluso artística― o se intenten “popularizar” y “democratizar” ciertas producciones y expresiones culturales: también es algo en lo que muchos colectivos llevan tiempo trabajando, con resultados verdaderamente notables. El trabajo cartonero resulta llamativo porque suma a todo lo anterior el simple y desinteresado do-it-yourself: salvo excepciones, los libros son obra de gente con perfiles muy dispares, que dedica su tiempo y sus ganas a hacer algo creativo con sus propias manos y los escasos elementos disponibles, de forma horizontal, cooperativa y comunitaria, sin ninguna intención a priori de obtener un beneficio económico a cambio y, generalmente, con algún tipo de motivación que va más allá de lo estético y se acerca a lo social (o viceversa).

En América Latinacartoneros 4, la creación sistemática y planificada de libros cartoneros dentro del sistema escolar, sobre todo en escuelas ubicadas en barriadas periurbanas y áreas rurales, podría complementar los materiales didácticos (p. ej. de aprendizaje y práctica de la lectoescritura) utilizados en las aulas, generalmente escasos y costosos. La misma acción puede desarrollarse dentro de redes de bibliotecas públicas, populares y rurales, siempre necesitadas de nuevos materiales con los que renovar, enriquecer o incluso crear sus colecciones. Por su parte, muchas sociedades originarias y minorías étnicas o lingüísticas podrían beneficiarse enormemente de este tipo de proyectos, dado que sus materiales escritos son escasamente publicados y, cuando lo son, suelen ser gestionados por actores externos como meros documentos de interés antropológico.

En comunidades indígenas, ya sean urbanas o rurales, los libros cartoneros podrían convertirse en una herramienta extremadamente útil. Podrían emplearse para apoyar la alfabetización en distintas lenguas originarias, produciendo materiales básicos de lectoescritura escolares o bibliotecarios (selecciones de narraciones, abecedarios y silabarios, prácticas de lectura, gramáticas). Por otro lado, resultarían adecuados como soportes sobre los que recuperar y con los que difundir fragmentos concretos de su cultura (p. ej. su tradición oral). Los dos puntos anteriores podrían combinarse: las recolecciones de tradición oral pueden plasmarse sobre libros cartoneros que se empleen en clase como material didáctico. Finalmente, las sociedades originarias pueden utilizarlos para darle visibilidad tanto a su situación actual como a sus modernos exponentes literarios y culturales.

Hasta el momento, las experiencias de uso de libros cartoneros dentro de comunidades indígenas se han visto limitadas a algunos proyectos escolares puntuales en México (véase Olarte y Zacarías, 2014). Comparativamente, ha habido algunas más en el ámbito de la publicación de expresiones literarias aborígenes contemporáneas, en idiomas nativos o no, fuera de las comunidades.

Una de las primeras editoriales cartoneras en publicar libros en lenguas indígenas fue la argentina Ñasaindy Cartonera Editorial (“luz de luna”, en guaraní), ubicada en la provincia de Formosa y nacida en agosto de 2009. Ñasaindy publicó los trabajos del poeta Víctor Ramírez, del pueblo Qom del noreste de Argentina.

Cartonazo Editores, una propuesta de los alumnos de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, aparecida en Lima (Perú) en 2013, ha realizado talleres de elaboración de libros cartoneros como “Yoshin Koshki” en la comunidad de Cantagallo, en la propia Lima. Allí residen numerosísimos migrantes del pueblo Shipibo-Conibo, desplazados desde sus territorios originarios en las áreas selváticas del oriente del país.

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Un proyecto potencialmente interesante es el de Qinti Qartunira, una cartonera vinculada al pueblo Kichwa-Lamista del departamento de San Martín, en la Alta Amazonia peruana, cuyo nombre se traduce como “Cartonera Colibrí”. Fue creada en 2011, con el apoyo de Sarita Cartonera (una de las primeras y más influyentes editoras cartoneras peruanas) y del Consejo Étnico de Jóvenes Kichwa de la Amazonía (CEJOKAM), y tiene una de sus sedes en la comunidad de Kawana Ampi Urku Las Palmeras. Los libros se hacen con tapas de cartón que no se decoran directamente, sino que se cubren con lona o con tejido de algodón que luego se pinta o se borda con semillas. Se trata de una propuesta en la que participan muchos observadores externos (especialmente antropólogos extranjeros) y que, de momento, solo ha publicado textos sobre la lengua quechua.

En Venezuela, Dirtsa Cartonera, fundada en Maracay en 2014, incluye en sus fondos una colección de poesía indígena. Y en México, el trabajo de Iguanazul Cartonera recoge textos producidos por autores nativos y los publica en los idiomas originarios de aquel país y en castellano.

La propuesta de creación, utilización y aprovechamiento de libros cartoneros en ámbitos indígenas no implica que se desestime la producción de libros y otros materiales en lenguas aborígenes por parte de editoriales del mainstream y de instancias oficiales (p. ej. gubernamentales). Deben continuarse los reclamos para que se normalice la elaboración, publicación y distribución de documentos educativos, artísticos o de ocio, que recojan las culturas nativas latinoamericanas, especialmente a través de sus propios códigos lingüísticos.

De más está decir que los libros cartoneros no son una solución definitiva para los numerosos problemas a los que se enfrentan las sociedades originarias latinoamericanas en el ámbito educativo, sociocultural e identitario. Aún así, pueden considerarse como una propuesta que ayude a llenar vacíos y paliar ausencias temporalmente y, ya de paso, que permita a los usuarios/destinatarios de esos textos aprender a identificar sus necesidades, pensar soluciones posibles y factibles, enfrentarse a dificultades y barreras, imaginar formatos a través de los cuales recuperar, expresar y difundir sus culturas y sus lenguas dentro y fuera de sus sociedades, y conocer el proceso de diseño y producción de uno de esos formatos, el más habitual en la actualidad: el libro.

Lecturas

Civallero, Edgardo (2015). Libros cartoneros: olvidos y posibilidades. [En línea].

Olarte Tiburcio, Eleuterio; Zacarías Candelario, Juana (2014). Libro cartonero: una alternativa para la integración a la cultura escrita en lengua indígena. Correo del Maestro, 223, diciembre. [en línea].

 

 

El Centro Nacional del libro de Venezuela cumple 20 años

 

El Instituto Autónomo Centro Nacional del Libro (Cenal), ente adscrito al Ministerio del Poder Popular para la Cultura, está de aniversario. Son 20 años acompañando los procesos creadores del pueblo en el ámbito del libro, la lectura y la producción literaria.

Creado a través de la Ley del Libro, publicada en la Gaceta Oficial N°. 36.189 de fecha 21 de abril de 1997, tuvo su primera adscripción al Ministerio de Industria y Comercio. Desde el 8 de julio de 2005 forma parte de los organismos adscritos al Ministerio del Poder Popular para la Cultura. El CENAL diseña políticas destinadas a masificar, democratizar y descentralizar el acceso del libro como un bien cultural y de la lectura como un medio para el crecimiento intelectual de la población venezolana y latinoamericana.

 

Ferias y bienales

Dentro de todo un proceso que apunta al incremento de la población lectora, el CENAL está movilizada en lo que se conoce como la economía de la cultura, todo ello con la realización de eventos de promoción del libro, la lectura en distintos espacios convencionales y no convencionales y La Feria Internacional del Libro de Venezuela que es símbolo de compromiso de la Revolución Bolivariana con el pueblo.  Desde hace doce años ha logrado reunir a los venezolanos y venezolanas en un espacio real e incluyente, incentivando la lectura y la creación literaria en grandes y pequeños, logrando convertirse en el evento cultural más importante de la gestión del gobierno bolivariano, con una asistencia de más de tres millones de personas anuales, desde su creación a la actualidad, a nivel nacional.

Como este año la fiesta literaria no puede faltar, desde ya se organiza la 13va FILVEN, que visitará los 23 estados del país, contando como todos los años con una mayor cobertura y participación de esta fiesta literaria que comenzará en el Estado Mérida.

Asimismo, están programadas seis bienales de literatura en todo el territorio nacional, donde se homenajeará la obra de célebres escritores venezolanos.

 

Formación y convocatorias

El libro como uno de los motores más poderosos de la industria cultural, se ha visto fortalecido con el estímulo del área editorial; el CENAL otorga desde el año 2002  el Premio Nacional del Libro a editoriales, personas, agrupaciones, instituciones, páginas web, blog, programas de radio y televisión, que se hayan desempeñado en la producción, promoción y difusión del libro y la lectura, logrando con esto valorar el libro como unidad de contenido y forma, reconoce el trabajo intelectual, editorial, gráfico y los esfuerzos en favor de la promoción de la lectura.

Por otro lado, fomenta la creación literaria con la Cátedra Nacional de Literatura Venezolana para el reconocimiento de nuestras letras a través de la difusión de las obras de autores nacionales, en el contexto de la formación cultural del país y el encuentro con la bibliodiversidad.

Todo esto englobado en la fortificación del Plan Nacional de Lectura que verá luces el presente año.

Proyectos y desafíos

En la actualidad el CENAL tiene como meta fundamental, aumentar el número de lectores del país, otorgando el material para su disfrute que contribuya a la investigación literaria y la formación del hombre nuevo, con conciencia y sentido de pertenencia.

Para eso tiene en ejecución la implementación de sistemas estadísticos y medición de indicadores en torno a los oficios del libro como: el Sistema de Información del Libro y Lectura de Venezuela,  para contribuir con la sistematización de todos los procesos creadores en torno a este tema y de sus actores y el Registro Nacional de Oficios del Libro es otro de los sistemas que busca agrupar a todos los autores, sus obras y los actores que desarrollan los distintos oficios que intervienen en el proceso de producción del libro en el país; está destinado a las personas naturales, para que en el momento que se necesite conocer quienes son y dónde están, de esta manera se facilita la identificación del talento humano, así como la construcción de estadísticas y.

Con todos estos proyectos en marcha, el Centro Nacional del Libro avanza en su tarea de Leer lo que somos.

La Ley Orgánica de Protección a Niñas, Niños y Adolescentes de Venezuela cumple 17 años

 

La Ley Orgánica de Protección a Niñas, Niños y Adolescentes, LOPNA, cumple 17 años desde su creación, que tiene raíces en la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño del 20 de noviembre de 1989. Con el fin de brindar protección social y jurídica a los niños, niñas y adolescentes de Venezuela, el 1 de abril del año 2000 se creó esta ley, enfocada en resguardar los derechos fundamentales de los más jóvenes.

En el 2007 la ley tomó la la forma de Instituto Autónomo al Consejo Nacional de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes, fortaleciendo el sistema rector nacional con un ente de gestión y con capacidad ejecutora, el IDENA. Esta reforma otorgó nuevos derechos a los niños, como el derecho al buen trato, e introdujo, por primera vez, la palabra amor en un texto legal.

Entre las garantías consagradas están los derechos a la vida, a la salud, a la seguridad social, a la protección en casos de conflictos armados, a la educación, al acceso a la información, a preservar su identidad, al nombre y nacionalidad, a no ser separado de sus padres, a la libertad de pensamiento, conciencia y religión, a la recreación y la cultura, a la protección y seguridad, a la participación libre y al desarrollo.

La Lopna también promueve la Educación de Niños y Adolescentes Indígenas y obliga al Estado a garantizar a todos los niños y adolescentes indígenas regímenes, planes y programas de educación que promuevan el respeto y la conservación de su propia vida cultural, de su idioma y el acceso a los conocimientos generados por su propio grupo o cultura.

Elías Jaua Milano, nuevo Ministro de Educación de Venezuela

 

Elías Jaua Milano fue designado como nuevo Ministro Educación y vicepresidente para las Misiones Socialistas de Venezuela, así lo informó este miércoles el presidente Nicolás Maduro. “A la calle a curar las heridas, Elías, a construir los valores del patriotismo, la solidaridad, la honestidad. Toda la sociedad una escuela, todo el pueblo un maestro” expresó Maduro. Elías Jaua Milano ha sido vice vicepresidente Ejecutivo de la República en el año 2013 y también se ha desempeñado como Ministro del Poder Popular para la Agricultura y Tierras.

Como nuevo Ministro del Poder Popular para la Cultura el presidente nombró a Adán Chávez Frías, actual gobernador de Barinas. Al nuevo titular para la Cultura le corresponderá fortalecer los lazos con los movimientos de intelectuales, escritores, dramaturgos, poetas, así como con la Misión Cultura Corazón Adentro y la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA).