{"id":7986,"date":"2018-10-03T22:03:54","date_gmt":"2018-10-03T22:03:54","guid":{"rendered":"https:\/\/cerlalc.org\/a-proposito-de-la-relacion-con-las-palabras\/"},"modified":"2018-10-03T22:03:54","modified_gmt":"2018-10-03T22:03:54","slug":"a-proposito-de-la-relacion-con-las-palabras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cerlalc.org\/pt-br\/a-proposito-de-la-relacion-con-las-palabras\/","title":{"rendered":"A prop\u00f3sito de la relaci\u00f3n con las palabras"},"content":{"rendered":"<p>Recuerdo perfectamente, como si hubiera sido ayer, la lectura de una de las obras de C\u00e9lestin Freinet, uno los pedagogos que m\u00e1s me influyeron en mis primeros a\u00f1os de docencia, all\u00e1 a finales de los a\u00f1os setenta.<\/p>\n<p>Nadie en la Escuela de Magisterio me hab\u00eda hablado de este hombre; bueno, tampoco de otras tantas figuras fundamentales de la historia de la educaci\u00f3n. El caso es que en la Navidad de 1978 un amigo me regal\u00f3 un libro, que fue entonces para m\u00ed revelador: <em>El m\u00e9todo natural de lectura<\/em>, de la editorial Laia.<\/p>\n<p>Al inicio de la obra, Freinet comenta \u2014cito de memoria\u2014 que, si a una madre alguien le preguntara con qu\u00e9 m\u00e9todo hab\u00eda aprendido a hablar su hijo, esta se sorprender\u00eda de la pregunta y responder\u00eda algo as\u00ed como: \u201cpues, de un modo natural\u201d. Bien, concluye \u00e9l, pues de igual modo podemos responder ante la pregunta de c\u00f3mo ha aprendido un ni\u00f1o a leer.<\/p>\n<p>Durante a\u00f1os, contempl\u00e9 su teor\u00eda con sorpresa y escepticismo; aun as\u00ed, traslad\u00e9 a mi pr\u00e1ctica docente algunas de sus propuestas pedag\u00f3gicas. Bien es cierto que durante a\u00f1os, mi trabajo directo como docente lo realic\u00e9 con alumnos de edades ajenas a este proceso que se verifica en la primera infancia. Mis alumnos, para bien y para mal, ya eran o no lectores competentes.<\/p>\n<p>Pero siempre que ten\u00eda una oportunidad de acercarme a esas edades en las que el mundo a\u00fan est\u00e1 por descubrirse en toda su dimensi\u00f3n y los receptores sensoriales permanecen todav\u00eda abiertos, como dice Bruno Munari, invert\u00eda mi tiempo en una observaci\u00f3n detenida, con la intenci\u00f3n de verificar si la afirmaci\u00f3n de Freinet era acertada.<\/p>\n<p>Algo que de manera paulatina fui descubriendo en mi modesto trabajo de campo, fuera quienes fuesen los ni\u00f1os que observaba, las muy diferentes condiciones en las que viv\u00edan y las muy dispares situaciones econ\u00f3micas y culturales de sus familias, era la predisposici\u00f3n que en general todos mostraban hacia dos formas de lenguaje: el rimado o po\u00e9tico y aquel que viene caracterizado como el relato de alg\u00fan acontecimiento; esa forma de narrar en la que, da igual lo que se cuente, el emisor utiliza unos ritmos de entonaci\u00f3n an\u00e1logos a los que caracterizan el cuento maravilloso.<\/p>\n<p>Dice Carmen Mart\u00edn Gaite, para m\u00ed, en uno de sus mejores libros, <em>El cuento de nunca acabar<\/em>, que parecer\u00eda que el o\u00eddo del ni\u00f1o, incluso desde antes de hablar, estuviera predispuesto a la escucha de ese ritmo del lenguaje en el que se narra un suceso, frente a otros discursos que\u00a0 contienen \u00f3rdenes o mandatos. Algo as\u00ed como que a los peque\u00f1os les resultara placentero y por tanto prestaran atenci\u00f3n a aquellos discursos orales que vieran definidos por esa cadencia que produce la presencia de palabras como \u201cluego\u201d o \u201centonces\u201d o \u201cdespu\u00e9s\u201d. De igual modo que se muestran atentos a las palabras rimadas o en verso. Cuenta la an\u00e9cdota de que cuando iba a la casa familiar una de sus t\u00edas, ella y su hermana se escond\u00edan a escuchar la conversaci\u00f3n que manten\u00eda con la madre y\u00a0 jugaban a adivinar cu\u00e1ntas veces dec\u00edan la palabra \u201centonces\u201d.<\/p>\n<p>S\u00ed, la palabra \u201centonces\u201d es la clave del arco en el \u201csonido\u201d del cuento tradicional, la palabra a la que se ancla toda la historia y que mantiene la atenci\u00f3n del peque\u00f1o, aunque a duras penas sea capaz de desentra\u00f1ar la peripecia que contiene ese relato oral.<\/p>\n<p>De igual modo que la atenci\u00f3n del ni\u00f1o, ya en su estadio preverbal, se activa ante el juego verbal rimado, la retah\u00edla o cualquier enumeraci\u00f3n po\u00e9tica.<\/p>\n<p>Recuerdo la pasi\u00f3n que me produc\u00eda, aunque ignoraba el significado de aquellas palabras, cuando una de las t\u00edas de mi padre, con las que conviv\u00ed en mi primera infancia, y sentado en sus rodillas escuchaba, mientras ella mov\u00eda una mano en un sentido y en otro:<\/p>\n<blockquote><p><em>Cinco lobitos tiene la loba, cinco lobitos<\/em><\/p>\n<p><em>detr\u00e1s de la escoba.<\/em><\/p><\/blockquote>\n<p>La misma que he percibido en los ojos de los ni\u00f1os de tres o cuatro a\u00f1os a los que semanalmente durante un curso escolar iba a\u00a0 contarles un cuento a su clase, y esperaban mi llegada como algo diferente al resto de los d\u00edas, pero no por mi especial habilidad en contar, no; cualquiera habr\u00eda concitado la misma expectaci\u00f3n. Con mi llegada y mis palabras y, a veces, un libro \u00e1lbum como apoyo, se escenificaba el tiempo de la ficci\u00f3n. Un tiempo y, por extensi\u00f3n, un espacio que les eran ajenos, pero que les fascinaban. Sent\u00edan, sin saber que lo sent\u00edan, que en esos momentos un osito pod\u00eda hablar con una ni\u00f1a, como sucede, por ejemplo, en <em>Los amigos de Osito<\/em>, de Else Holmelund Minarik o, m\u00e1s tarde, como lo hacen los leones en <em>Las Cr\u00f3nicas de Narnia<\/em>, de C.S. Lewis.<\/p>\n<p>Un anticipo de lo que ser\u00e1 la pr\u00e1ctica de la lectura cuando esos ni\u00f1os y ni\u00f1as, si por un ben\u00e9fico azar llegan a ser lectores, les suceda al ingresar en el espacio de la ficci\u00f3n y, as\u00ed, clausurar su tiempo cronol\u00f3gico para ingresar en otro que, a\u00fan si\u00e9ndoles ajeno, les fascinar\u00e1 de tal modo que ser\u00e1n capaces de \u201ccreerse\u201d esa mentira que un escritor les est\u00e1 contando y que, sin saber por qu\u00e9, les permite clausurar moment\u00e1neamente su tiempo cotidiano para acompa\u00f1ar a unos personajes en su peripecia tan verdadera como si fuera real.<\/p>\n<p>Y para ello, dec\u00eda, para ese ingreso en el jard\u00edn secreto de las palabras, qu\u00e9 mejor manera que, por ejemplo, una retah\u00edla de juego, una de las preferidas de mi infancia:<\/p>\n<blockquote><p><em>Pinto, pinto gorgorito, saca la vaca de veinticinco, en qu\u00e9 lugar, en Portugal, en qu\u00e9 calleja, la mona vieja,\u00a0<\/em><em>esconde la mano, que viene la vieja.<\/em><\/p><\/blockquote>\n<p>Palabras que apenas podr\u00edan tener un significado en la actualidad para un ni\u00f1o o una ni\u00f1a de esas edades, como para m\u00ed en mi infancia los lobitos de mi t\u00eda abuela, pero que a m\u00ed me han servido para centrar la atenci\u00f3n de los peque\u00f1os, y sobre todo para percibir ese temblor en la mirada que tiene que ver con lo maravilloso. Con los ositos que hablan, o los perros que se escapan de casa a pesar de llevar una vida placentera, o con los duendes, incluso con las tan, en el presente, denostadas hadas y brujas.<\/p>\n<p>La misma fascinaci\u00f3n que al tiempo he percibido en ni\u00f1os mayores, de cinco o seis a\u00f1os, cuando jugando con ellos en los recreos. Hemos sorteado a qui\u00e9n le tocaba \u201cligarla\u201d, dec\u00eda yo entonces cuando era chico, dicen ellos ahora que soy su maestro, y, en vez de realizar un simple sorteo num\u00e9rico, les cantaba otra retah\u00edla de juego. Aquella de: <em>Una, dola, tela, catola, quina, quinete, estaba la reina en su gabinete. Vino Gil, apag\u00f3 el candil, candil, candil\u00f3n, cuenta hasta veinte, que las veinte son: una, dos, tres&#8230; <\/em>Y as\u00ed hasta veinte.<\/p>\n<p>Esta retah\u00edla ser\u00eda uno de los muchos ejemplos que mostrar\u00edan c\u00f3mo el gusto por el lenguaje rimado o po\u00e9tico no procede, en la primera infancia \u2014a veces llego a pensar que durante toda la vida\u2014, de la comprensi\u00f3n del significado \u2014si es que, acaso, lo tiene\u2014, ni de la descodificaci\u00f3n exacta de las palabras que constituyen el mensaje verbal. No, el gusto y el placer que generan las palabras no proceden de esa instancia. De igual modo que tampoco proceden de la comprensi\u00f3n total de la peripecia que encierra un cuento maravilloso, sino, tanto all\u00ed como aqu\u00ed, del ritmo de la voz, de la secuencia verbal, de la repetici\u00f3n de determinados sonidos, de la entonaci\u00f3n. En definitiva, de toda la ceremonia que se realiza, como si de un rito se tratase, en torno al descubrimiento del lenguaje por parte del peque\u00f1o. Una ceremonia que procede de la memoria, de los recuerdos que hemos heredado de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n, y recordarlos tiene algo de homenaje emocional a los nuestros.<\/p>\n<p>Ceremonias a las que van incorpor\u00e1ndose nuevos mensajes verbales tan absurdos o cr\u00edpticos como aquellos que pusieron m\u00fasica a la infancia de mi generaci\u00f3n. Una infancia en blanco y negro, sin televisi\u00f3n, sin pantallas, en la que lo oral era el territorio por excelencia de la ficci\u00f3n: los cuentos de hadas, la narraci\u00f3n de las tradiciones, los mitos religiosos y, como primera nueva tecnolog\u00eda, la radio.<\/p>\n<p>Tuvimos, entonces y ahora, que llegar a la descodificaci\u00f3n del lenguaje escrito para acceder a una primera relaci\u00f3n con la ficci\u00f3n literaria sin la presencia o intermediaci\u00f3n de un adulto. As\u00ed, cada uno como pudo cre\u00f3 su imaginario de h\u00e9roes y hero\u00ednas. Galer\u00edas que poco o nada tienen que ver con aquellas que actualmente construyen nuestros peque\u00f1os, procedentes la mayor\u00eda de sus hu\u00e9spedes de una ficci\u00f3n audiovisual que conlleva una diferente sintaxis y por ello son otros los elementos de an\u00e1lisis espec\u00edficos y ajenos al c\u00f3digo de las palabras.<\/p>\n<p>Sucesivas descodificaciones, las precedentes y las actuales, que se han producido y operan en un espacio educativo reglado, que es la escuela, y que por ello han estado y est\u00e1n sujetas, perm\u00edtanme decirlo as\u00ed, a las modas pedag\u00f3gicas, sobre las que no me manifestar\u00e9 pues, aunque aparentemente parezcan pr\u00f3ximos los diferentes m\u00e9todos de aprendizaje de la lectura con el tema que nos ocupa, sus procesos y sus itinerarios son diferentes, como diferentes son los registros a trav\u00e9s de los cuales podemos observar su evoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Recuerdo perfectamente, como si hubiera sido ayer, la lectura de una de las obras de C\u00e9lestin Freinet, uno los pedagogos que m\u00e1s me influyeron en mis primeros a\u00f1os de docencia, all\u00e1 a finales de los a\u00f1os setenta. 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