La Implementación del Tratado de Marrakech: Hacia una Justicia Lectora en la Biblioteca Escolar - Cerlalc

7 de abril del 2026

La Implementación del Tratado de Marrakech: Hacia una Justicia Lectora en la Biblioteca Escolar

Compartir con

Escrito por Natalia Saucedo

En el panorama actual de la formación de lectores, persiste una brecha profunda entre el ideal inclusivo y las prácticas concretas en muchos espacios educativos. Como bibliotecaria escolar, he sido testigo de cómo la falta de accesibilidad en los materiales de lectura niega a muchos estudiantes el derecho fundamental a participar plenamente en la cultura escrita. Este ensayo analiza cómo la implementación proactiva del Tratado de Marrakech en las bibliotecas escolares transforma el fomento lector de un acto meramente cultural en un mecanismo de justicia social. Partiendo de la premisa de que la ausencia de demanda no equivale a ausencia de necesidad, sostengo que el Tratado de Marrakech no solo ofrece un marco legal para crear formatos accesibles, sino que exige un cambio paradigmático en el rol del bibliotecario: de gestor pasivo de colecciones a agente activo de justicia lectora.

Del marco legal al modelo social de discapacidad

Hasta hace poco, muchas bibliotecas escolares, incluida la mía, operaban bajo una parálisis normativa. La creencia generalizada dictaba que adaptar obras protegidas por derecho de autor era legalmente riesgoso, cuando no explícitamente prohibido. Esta incertidumbre generaba una contradicción fundamental: contábamos con la tecnología necesaria y software de conversión texto-voz, pero el temor a infringir la ley nos mantenía en la inacción. El descubrimiento del Tratado de Marrakech, adoptado en 2013 por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), representa un punto de inflexión crucial. Este instrumento internacional no solo permite, sino que faculta explícitamente a las bibliotecas a crear y distribuir "copias en formato accesible" de obras publicadas sin necesidad de autorización del titular de los derechos (OMPI 12).

Sin embargo, el mero conocimiento de este marco legal no basta. Para comprender plenamente su potencial transformador, es esencial contextualizarlo dentro del marco teórico del modelo social de discapacidad. Como explica Ana Palacios en su obra fundamental sobre el tema, mientras el modelo médico concibe la discapacidad como un problema individual y patológico traduciéndose en servicios especiales y actitudes paternalistas, el modelo social identifica la causa principal de la discapacidad en las barreras sociales y estructurales (Palacios 25-42).

Esta distinción teórica tiene implicaciones prácticas profundas para el quehacer bibliotecario. Bajo la lógica del modelo médico, muchos profesionales, yo incluida hasta hace poco, operábamos desde una posición caritativa: esperábamos que un estudiante con discapacidad visual solicitara material para entonces intentar "ayudarlo". Esta aproximación reactiva trataba la accesibilidad como un añadido opcional, no como un requisito esencial para la participación plena. En contraste, el modelo social, y el marco habilitado por el Tratado de Marrakech, nos exige reconocer que "la barrera no reside en la condición individual, sino en la oferta bibliográfica que, al privilegiar formatos inaccesibles, genera exclusión sistémica" (Gutiérrez 112). Como señala Julio Alonso Arévalo en su análisis sobre bibliotecas y accesibilidad, "las bibliotecas deben evolucionar de un modelo reactivo a uno proactivo, donde la accesibilidad se integre desde el diseño mismo de los servicios" (18).

El silencio como síntoma: naturalización de la exclusión lectora

Uno de los argumentos más recurrentes para justificar la inacción en materia de accesibilidad es la aparente "ausencia de demanda". Desde mi experiencia personal, el no haber recibido solicitudes explícitas de formatos accesibles podría malinterpretarse como un indicio de que no existe tal necesidad. No obstante, la pedagogía crítica sostiene lo contrario: el silencio suele ser síntoma de una exclusión naturalizada.

Como postula Paulo Freire en su conceptualización de la cultura del silencio, los grupos marginados suelen internalizar la creencia de que sus voces y necesidades carecen de valor, dado que históricamente han sido ignoradas (30-45). Trasladado al ámbito bibliotecario, esto implica que los estudiantes con discapacidad visual aprenden rápidamente que "la biblioteca no tiene nada para mí" y, en consecuencia, dejan de solicitar recursos. Así, la falta de peticiones no refleja una ausencia de necesidad, sino la eficacia perversa de un sistema que ha enseñado a ciertos usuarios que no pertenecen al espacio lector.

Resulta crucial comprender un principio fundamental: la ausencia de solicitudes de materiales accesibles no es indicio de que no haya estudiantes con discapacidad visual en nuestra comunidad educativa, ni garantía de que no los habrá en el futuro. Por el contrario, este silencio constituye, con alta probabilidad, un síntoma de una exclusión previamente asimilada. La barrera, por lo tanto, no reside en su condición, sino en una oferta bibliográfica que, al privilegiar de manera casi exclusiva el formato impreso, se erige como un muro infranqueable.

Esta comprensión redefine radicalmente mi relación con el Tratado de Marrakech: ya no se trata de una "excepción generosa" al derecho de autor que podría aplicar "si alguien lo solicita", sino del reconocimiento de que el derecho humano al acceso debe prevalecer cuando entra en conflicto con derechos patrimoniales. Y este derecho debe garantizarse de manera proactiva, no reactiva. Como sostiene Peter Singer, cuando podemos prevenir un daño sin un sacrificio moral significativo, tenemos la obligación de actuar (229). Ahora que cuento con las herramientas técnicas, el respaldo legal del Tratado de Marrakech y el conocimiento en accesibilidad digital, seguir esperando a que "alguien solicite" equivaldría a permitir un daño evitable.

De la teoría a la práctica transformada: construyendo proactivamente la biblioteca accesible

Las herramientas aprendidas en este curso sobre cultura escrita y accesibilidad en la era digital me han equipado para transformar concretamente mi práctica bibliotecaria. En gestión de colecciones, ahora entiendo que debo abandonar definitivamente la lógica reactiva y adoptar una lógica preventiva y proactiva. Como sostiene la filosofía de Sins Invalid sobre la Justicia de la Discapacidad, debemos ser proactivos, abandonando el modelo caritativo que espera a que la persona discapacitada "pruebe" su necesidad.

Al comenzar el próximo ciclo escolar, incorporaré metadatos de accesibilidad en mi catálogo: cada recurso indicará si tiene texto seleccionable, navegación por encabezados, subtítulos o audiodescripción. Cuando circule la lista de lecturas obligatorias entre los docentes, comenzaré a planificar qué obras adaptar preventivamente, no esperando una solicitud específica sino anticipando que en algún momento puede llegar un estudiante que las necesite. Más importante aún, comenzaré a visibilizar activamente que la biblioteca ofrece múltiples formatos, comunicando a toda la comunidad educativa que la accesibilidad no es un "servicio especial oculto" sino una característica visible y estándar de nuestra colección.

Un aspecto particularmente valioso de mi contexto laboral es que trabajo en una unidad académica donde también se desempeñan bibliotecarias de secundario y terciario. Esta configuración institucional representa una oportunidad excepcional para construir un repositorio compartido de materiales accesibles que trascienda los niveles educativos y perdure en el tiempo. En lugar de trabajar aisladamente, puedo proponer la creación de un sistema colaborativo donde cada bibliotecaria aporte adaptaciones de los textos curriculares de su nivel, generando así un acervo institucional accesible que beneficie a estudiantes de todos los ciclos educativos. Como documentan Christian Anwandter y James Staig, la accesibilidad se construye a través de la integración de múltiples formatos y voces, generando un acervo enriquecido y permanente (45-62).

Esta estrategia colectiva no solo optimiza recursos y evita duplicación de esfuerzos, sino que institucionaliza la accesibilidad como práctica estándar que se transmite y fortalece con cada nueva incorporación al equipo. Como indica Susan Lazinger, la accesibilidad debe ser un criterio fundacional en la construcción de repositorios digitales, asegurando que sean sostenibles y utilizables por todos desde su creación (78-95).

Sería ingenuo proyectar una implementación sin dificultades. El principal desafío será demostrar la necesidad de invertir tiempo y recursos en accesibilidad cuando "nadie lo ha pedido". Ahora comprendo que esta lógica es perversa: la ausencia de demanda refleja exclusión naturalizada, no ausencia de necesidad. Siguiendo los principios del Diseño Universal promovidos por el W3C, nuestra labor no debe esperar a una solicitud específica, sino anticiparse a la diversidad de necesidades de nuestros usuarios. Como sostiene Ruth Small, la innovación en bibliotecas a menudo surge de la empatía y la prospección de necesidades futuras, no solo de la demanda actual, lo que exige que los bibliotecarios asuman el rol de "agentes de cambio" (52).

La brecha digital material es otro obstáculo importante. Manuel Castells advierte que en la sociedad red la exclusión digital equivale a exclusión social (156-178). Como equipo bibliotecario institucional, podemos gestionar de manera más efectiva préstamos de tablets con lectores de pantalla preinstalados y solicitar presupuesto específico para tecnologías de asistencia que sirvan a todos los niveles educativos. Judith Butler nos recuerda que reconocer la vulnerabilidad del otro implica obligación ética de respuesta (24-38). Como equipo que ahora comprende profundamente estas dimensiones, asumimos colectivamente que permanecer pasivas esperando demanda sería complicidad institucional con la exclusión.

Reflexiones finales: de la acción individual a la transformación institucional colectiva

Este curso sobre cultura escrita y accesibilidad en la era digital ha transformado radicalmente mi comprensión de la identidad profesional bibliotecaria y, fundamentalmente, me ha revelado el potencial transformador del trabajo colaborativo institucional. Ya no me concibo como bibliotecaria aislada que espera demanda para actuar individualmente, sino como parte de un equipo profesional que puede construir colectivamente justicia lectora, garantizando visibilidad y oportunidad de acceder al material para todos los estudiantes de todos los niveles educativos, incluso antes de que alguien lo solicite explícitamente.

El hecho de que hasta ahora no haya recibido solicitudes de formatos accesibles no me exime de responsabilidad; al contrario, me desafía a actuar preventivamente. La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad nos recuerda: "Nada sobre nosotros sin nosotros" (Organización de las Naciones Unidas). Aunque actualmente no tenga estudiantes solicitando formatos accesibles, este principio guía mi compromiso: cuando lleguen, participarán activamente en las decisiones sobre cómo mejorar los servicios. Mientras tanto, mi responsabilidad es preparar el terreno, construir el repositorio básico y, fundamentalmente, visibilizar que la biblioteca está comprometida con dar oportunidad de acceder al material a todos, sin excepciones.

Cada día que abro las puertas de mi biblioteca escolar, tomo una decisión ética consciente: no perpetuaré la exclusión pasiva que resulta de esperar demanda. El Tratado de Marrakech me dio la herramienta legal; este curso me proporcionó las herramientas técnicas concretas. Como bibliotecaria escolar, me reconozco guardiana del derecho a la lectura para todos. Y ese derecho no puede esperar a que alguien solicite; debe estar disponible preventivamente, visibilizado constantemente, garantizado estructuralmente. Mi compromiso es claro: implementar desde ahora el Tratado de Marrakech, aplicar las competencias técnicas aprendidas, visibilizar la accesibilidad como valor central de la biblioteca y garantizar que todos los estudiantes los que ya están y los que llegarán tengan plena visibilidad y oportunidad de acceder al material educativo en el formato que necesiten. La justicia lectora no espera demanda. Yo tampoco esperaré más.

Referencias bibliográficas

Alonso Arévalo, Julio. "Bibliotecas universitarias y accesibilidad: nuevos desafíos para garantizar el derecho a la lectura." Anuario ThinkEPI, vol. 14, 2020, pp. 1-25.

Anwandter, Christian, y James Staig. "Leer también es escuchar: lo sonoro en las colecciones hipermediales de Memoria Chilena y la Biblioteca Pública Digital." Cuadernos Intermediales III: Otras intermedialidades, Cuarto Propio, 2023, pp. 45-62.

Butler, Judith. Vida precaria: El poder del duelo y la violencia. Traducido por Fernando Moledo, Paidós, 2006.

Castells, Manuel. La sociedad red: una visión global. Alianza Editorial, 2006.

Freire, Paulo. Pedagogía del oprimido. Siglo XXI Editores, 1970.

Gutiérrez, Mónica. "El acceso a la información como derecho humano: Bibliotecas y Tratado de Marrakech." Bibliotecas y inclusión social, editado por A. E. Pérez, Editorial XYZ, 2018, pp. 105-120.
Lazinger, Susan S. Digital Preservation and Accessibility: For Now and For the Future. The Haworth Information Press, 2001.

Organización de las Naciones Unidas. Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. Naciones Unidas, 2006.

Organización Mundial de la Propiedad Intelectual. Tratado de Marrakech para Facilitar el Acceso a las Obras Publicadas a las Personas Ciegas, con Discapacidad Visual o con Otras Dificultades para Acceder al Texto Impreso. OMPI, 2013.

Palacios, A. El modelo social de discapacidad: orígenes, caracterización y plasmación en la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. CERMI / Grupo Editorial CINCA, 2008.
Singer, Peter. Ética Práctica. 2ª ed., Cambridge University Press, 1993.

Sins Invalid. "What Is Disability Justice?" Sins Invalid, 2020, https://www.sinsinvalid.org/news-1/2020/6/16/what-is-disability-justice.

Small, Ruth V. "Motivación y rendimiento en la biblioteca." Bibliotecas escolares: gestión y innovación, editado por José Antonio Gómez Hernández, Ediciones de la Universidad de Granada, 2014, pp. 45-60.

Sobre la autora

Docente de nivel primario y bibliotecaria escolar con 14 años de experiencia en EP 23 y 26 de Punta Alta, partido de Coronel Rosales, provincia de Buenos Aires. Licenciada en Gestión e Innovación Educativa y próxima a graduarse como Licenciada en Bibliotecología y Documentación por la Universidad Nacional de Rosario. Destaca por su habilidad para compartir experiencias innovadoras que enriquecen cada una de sus actividades en el entorno laboral, con la fortaleza de aprender y enfrentar nuevos retos para mejorar la comunicación lectora. Durante 2025 participó de una beca del Cerlalc y UAI en el diplomado en Cultura escrita y formación de lectores, donde intercambió conocimientos con colegas especializados en estrategias para atender la diversidad de lectores.