El libro como objeto para la recuperación de la memoria histórica colectiva

Autor
Coordinación Comunicaciones
Fecha
1 marzo, 2025

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Por Diana Vicente Munarriz

Desde sus inicios, el libro ha sido un artefacto cultural con múltiples aristas, impactando de manera significativa el espacio social. Ha servido tanto para la recopilación de historias fantásticas como para la narración de procesos históricos que perduran hasta nuestros días. Como instrumento de difusión del conocimiento, el acceso al libro fue limitado en sus primeras etapas, perpetuando la idea de que era un recurso exclusivo para personas letradas o «cultas». No obstante, el libro ha abordado problemáticas sociales contemporáneas, trascendiendo los sectores culturales más altos, como comúnmente se cree.

Al considerar este aspecto, resulta inevitable observar cómo el libro se entrelaza con la cuestión de la censura. Históricamente, ejemplos como el Index Librorum Prohibitorum, la lista de libros prohibidos por el Vaticano, ilustran este fenómeno. En el contexto latinoamericano, esta censura fue particularmente evidente durante las dictaduras, aunque en Perú, donde el conflicto armado interno existió, no se tiene un registro tan exhaustivo en comparación con otros movimientos latinoamericanos.

De Lima (2016) menciona que la censura implica el control de lo que se pone al alcance del público. En términos generales, puede definirse como una forma de restricción. Esta acción de suprimir o prohibir deliberadamente una publicación, alterando el flujo normal de la información, limita la opinión pública y reduce la capacidad de acción de los agentes sociales. La censura, en última instancia, impide una comprensión completa de la vida social en su diversidad y complejidad, ya que fomenta el ocultamiento de las tensiones políticas, restringiendo el desarrollo de voces disidentes (p. 3).

En este sentido, analizaremos brevemente los movimientos de censura que han estado latentes en la historia de América Latina, con énfasis en países como Chile, Argentina y Perú. Nos centraremos en la censura de libros de literatura infantil y juvenil (LIJ), dado que es crucial considerar cómo estos textos han sido históricamente utilizados para adoctrinar a las infancias. La percepción del libro infantil como un objeto «inofensivo» ha permitido, en ocasiones, que juegue un papel preponderante en la formación de la identidad cultural.

La figura del libro en el contexto de las dictaduras es esencial, especialmente desde la perspectiva presentada en «Literatura y poder: las censuras en la LIJ». Este análisis resalta, en primer lugar, la importancia de considerar la censura desde la óptica de la literatura infantil y juvenil. En segundo lugar, se examina un estudio latinoamericano que abarca siete países. Estos análisis nos brindan un entendimiento claro de que, en las dictaduras, el libro de LIJ se presenta como un objeto con fines adoctrinantes, utilizado tanto en contra de las dictaduras como para moldear pensamientos y conductas en la niñez y la juventud. Esta función del libro resalta su papel crucial en la construcción de narrativas que pueden oprimir o empoderar a las nuevas generaciones.

En Chile, durante la dictadura de Pinochet (1973-1990), se produjo el cierre de la Editorial Quimantú, que había sido un espacio importante para la LIJ, abordando temas de conflicto social y unidad popular. Ejemplos de esto son el poemario Cielografía de Chile, que presenta ideas contrarias al régimen, e Invernadero de Animales, que resalta la fuerza de la comunidad sobre la voz individual. Estos y otros libros que no se alineaban con la política del momento se convirtieron en objetivos de represión. Un evento significativo fue la quema de libros el 23 de septiembre de 1973, que simbolizó un movimiento de represión intensa, generando en la población un profundo miedo hacia estos libros.

En Argentina, destaca el libro Libros que muerden, escrito por Gabriela Pesclevi y realizado por el colectivo La Grieta. Este proyecto se centra en la exposición de los libros censurados durante la dictadura de Videla (1976-1983). Los informes sobre las obras consideradas sospechosas clasificaban los libros en ¿ categorías que iban desde “carece de referencias marxistas” hasta “propicia la difusión de ideologías marxistas”, etiquetas que también se aplicaban a la literatura infantil y juvenil. Este entramado formaba parte de la Operación Claridad, un esfuerzo de control cultural. La primera vez que se mostró la colección fue el 24 de marzo de 2006. En ese momento tenía 19 ejemplares y empezaron a sumarse vecinos e interesados en la temática. Por ese entonces no existía aún ninguna otra experiencia institucional que hubiera entrevisto la urgencia de realizar una tarea de recuperación de libros con el objeto de asegurar su rescate, su preservación, su estudio y su difusión. Es así cómo se inició esta colección que se constituyó en una herramienta y una fuente primaria para el abordaje de la historia de la Literatura Infantil y Juvenil (en adelante LIJ) y su implicancia en los procesos de conformación de la memoria colectiva de la represión estatal en nuestro país (Bossié, 2015, p.3)

En el caso de Perú, es lamentable que hasta el momento no exista una investigación exhaustiva sobre los libros de LIJ silenciados durante la dictadura de Fujimori, en el contexto del conflicto armado interno (1980-2000). Sin embargo, gracias al creciente interés en estos temas, se han recopilado algunos libros póstumos que abordan dicho conflicto. Un ejemplo es Nuestra voz sigue en el viento, de Javier Alejandro Mariscal, que narra la experiencia de una joven ayacuchana durante la violencia, presenciando actos inhumanos perpetrados contra su comunidad. Aunque este libro fue publicado en 2020, son escasos los títulos de LIJ que representan el conflicto armado en Perú.

En conclusión, el libro ha sido, desde sus inicios, un artefacto cultural que va más allá de la transmisión de conocimientos, desempeñando un papel clave en la preservación de la memoria histórica colectiva. En contextos de represión, como las dictaduras en América Latina, el libro no solo fue un objeto de censura y control, sino también un vehículo de resistencia. A través de la censura de obras, especialmente de literatura infantil y juvenil, los regímenes autoritarios buscaron moldear la conciencia de las nuevas generaciones. Sin embargo, estos mismos textos, al ser silenciados, adquirieron una nueva dimensión como símbolos de lucha y preservación de la identidad comunitaria.

Es alarmante el escaso interés que aún se muestra en países como Perú por estudiar y recuperar los libros censurados durante el conflicto armado interno. Esta desatención subraya la necesidad de revalorizar el libro no solo como un objeto cultural, sino como un puente de resistencia que, a través de sus relatos, contribuye a la construcción de la memoria colectiva. Reivindicar el estudio y la preservación de estos libros es fundamental para garantizar que las futuras generaciones puedan comprender y aprender de los episodios más oscuros de nuestra historia, empoderándose para construir una sociedad más justa y consciente.

Bibliografía

Bossié, F., Pesclevi, G., & Salvador, C. (2015). Libros que muerden: una colección que resplandece. In IV Jornadas de Intercambio y Reflexión acerca de la Investigación en Bibliotecología 29-30 de octubre de 2015 La Plata, Argentina. Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Departamento de Bibliotecología. https://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/trab_eventos/ev.5393/ev.5393.pdf

de Lima Grecco, G. (2016). La censura literaria: desarrollo conceptual y teórico, los efectos de su acción y su funcionamiento. Anuário de literatura, 21(1), 124-141. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5716179

Ortiz, C. S. (2016). Literatura y poder: las censuras en la LIJ. Á. L. Luján (Ed.). Universidad de Castilla-La Mancha. https://www.yumpu.com/es/document/read/56085340/y-poder

Sobre la autora

Bachiller en Bibliotecología y Ciencias de la Información por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, con formación complementada a través de diplomados especializados en Fomento Lector y Literatura Infantil y Juvenil, Bibliotecas Escolares, y Educación Superior Inclusiva, Interseccionalidad y Discapacidad.

Actualmente, forma parte del Grupo de Investigación Lengua de Señas Gramaticales de la Pontificia Universidad Católica del Perú, además de desempeñarse como directora de la Asociación AIEDI – Discapacidad e Inclusión, donde lidera iniciativas de accesibilidad y derechos humanos. También es miembro de la Asociación Nacional de Intérpretes Sordos y Oyentes de Lengua de Señas Peruana – Núcleo Somos, promoviendo el acceso cultural para personas sordas. Asimismo, desde la dirección de AFROLETRAS, trabaja en la difusión de la cultura afrodescendiente, impulsando proyectos que fortalecen el empoderamiento y la visibilización de las comunidades afroperuanas.